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Lunes, 11 de Enero de 2010

Una noche en vela en el aeropuerto

Un redactor de Público pasa la madrugada en Barajas con otros afectados

DANIEL AYLLÓN ·11/01/2010 - 22:00h

EFE/Chema Moya - Colas en el aeropuerto de Barajas.

"Hola niño, ¿cómo te llamas?". Nicolás, un chileno de 6 años, repitió ayer de madrugada esta frase más de 30 veces, hasta conformar una nutrida pandilla infantil en el aeropuerto de Madrid-Barajas. A las 2.20 horas, los pasajeros más pequeños tomaron como un juguete las cintas transportadoras de la T-4, patearon bolsas de plástico a modo de pelotas y rompieron el silencio de sus padres, aburridos tras horas de espera. Exhaustos, los niños empezaron a caer dormidos media hora más tarde entre los asientos.

En total, más de mil personas esperaban la salida de sus vuelos sólo en esta parte del aeropuerto. Las pantallas anunciaban hasta 15 retrasos (con salidas previstas entre las 23.45 y las 01.30 horas). A las 4.30, aún quedaban 13.

La compañía LAN prometió a sus pasajeros un snack y una bebida gratis, lo que agotó las existencias del bar. En la cola de acceso al local aguardaba casi un centenar de personas a la espera de nuevas existencias. La mayoría eran pasajeros de vuelos con destino a Sao Paulo, Lima, Quito o Montevideo. "Sabían que esto iba a pasar. Llevan toda la semana anunciando el temporal y no hay máquinas quitanieves suficientes para limpiar las pistas", lamentaba Clara, una peruana que perdió su conexión a Cuzco.

Sólo una pista

"Sólo está operando una pista y tenemos el número 60 en la lista de espera para despegar", explicaba un asistente de Iberia junto a la entrada al avión con destino a Johannesburgo, previsto inicialmente para las 1.30 horas. Este vuelo, que despegó con 19 horas de retraso, sufrió además la marcha atrás de la compañía, que embarcó a los pasajeros en el avión y los desalojó dos horas más tarde, alegando que la tripulación tenía que descansar.

"Nos han engañado. Nos han dado mil excusas distintas y las ventanillas de atención al cliente están desbordadas", refunfuñaba Manuel, que pretendía celebrar su luna de miel en Suráfrica.