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Lunes, 11 de Enero de 2010

El derroche vuelve a vivir en Wall Street

Banqueros y brokers olvidan en un año sus lamentos por las locuras hechas antes de desatarse la hecatombe

ISABEL PIQUER ·11/01/2010 - 08:00h

AFP - '200 billetes de un dólar', de Andy Warhol, subastada en Stheby's en octubre.

Es un secreto a voces. El derroche ha vuelto a Wall Street. Mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, regaña a los banqueros porque "no quieren enterarse" de la crisis, los ejecutivos de algunas de las entidades financieras que recibieron dinero del Gobierno han empezado a gastar sus primas a lo grande.

En las fiestas de Navidad de 2008, banqueros y brokers se lamentaban de las locuras que habían hecho antes de la hecatombe: ese coche por 100.000 dólares, la casa en los Hamptons (la playa más chic de Nueva York), la fortuna que se habían gastado en hacerse miembro de un club privado... Algunos pidieron préstamos para poder mantener su tren de vida. Aquella situación es agua pasada.

Las expectativas de las primas de banqueros animan el negocio del lujo

Figuras del mundo financiero de Wall Street participaron recientemente en una subasta de arte contemporáneo en Sothebys que incluía una obra de Andy Wharhol, irónicamente titulada 200 billetes de un dólar, y que fue vendida por 43,7 millones de dólares. Sothebys se negó a dar la identidad del comprador, pero afirmó que las expectativas de futuras primas se habían notado considerablemente en las semanas previas. Sus ventas de arte moderno e impresionista de principios de diciembre recaudaron, junto a las de Christies, 596 millones de dólares, una notable mejora comparadas con las de la pasada primavera, que "sólo" alcanzaron 409 millones.

Bolsos de cocodrilo

"En septiembre y octubre, las cosas comenzaron a mejorar, y noviembre fue un mes fantástico de reservas", afirma Tom Smyth, que alquila casas de veraneo en la isla caribeña de St. Barts, algunas por 15.000 dólares la semana.

Solo el riesgo de dar mala imagen por la crisis limita algo el despilfarro

Un artículo publicado en The Wall Street Journal a finales del pasado ejercicio aseguraba que London Jewelers, un joyero de Long Island que cuenta entre su clientela con lo más granado del mundo financiero, tenía en lista de espera a 12 personas para comprar relojes de Patek Philippe que siguen las fases de la luna y pueden alcanzar los 200.000 dólares.

"Lo que hemos visto en las últimas semanas de 2009 es un repunte sustancial" en la demanda de compras extravagantes, a medida que Wall Street empieza a ver la luz al final del túnel y los bonus van volviendo, afirma el analista David Arnold, subdirector de Robb Report, una revista dedicada a los superricos.

Flight Options, que vende viajes en jets privados desde 97.000 dólares, asegura que las ventas en el área de Nueva York han aumentado considerablemente durante la última parte de 2009 debido a la recuperación del mercado. Una de las rutas más populares es el vuelo de tres horas desde el aeropuerto de Teterboro, cerca de Manhattan, a Palm Beach, en Florida, donde brokers y banqueros adinerados tienen una residencia secundaria.

"Últimamente se pelean por los bolsos de pieles exóticas", asegura Taylor Piedra, uno de los responsables del gran almacén de lujo Barneys, refiriéndose a bolsos de cocodrilo que pueden alcanzar los 14.000 dólares.

Pero no todo ha vuelto a la "normalidad" de los años más prósperos. Wall Street es consciente de que en estos momentos no es muy popular.

"Debemos recordar que la opinión pública nos va a juzgar", advertía el presidente ejecutivo de Citigroup, Vikram Pandit, a sus empleados el pasado noviembre. Las fiestas de Navidad, que habitualmente banqueros y corredores de la firma pagaban de su propio bolsillo, se cancelaron debido al ambiente político hostil de este año.

Hace poco, el ejecutivo de un banco de inversiones quiso impresionar a sus clientes con entradas de primera fila para la final de la liga de béisbol. La empresa, que recibió fondos de Washington, vetó los planes, ante el temor de crear mala publicidad. El banquero acabó sentándose con sus clientes unas 20 filas más atrás. Algunas cosas sí han cambiado.