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Viernes, 8 de Enero de 2010

Jeff Wall, un artista que no repudia la belleza en su obra

EFE ·08/01/2010 - 12:43h

EFE - La obra "Una mujer consultando un catálogo" de Jeff Wall en la muestra artística "Arte Basilea" celebrada en 2006. EFE/Archivo

El canadiense Jeff Wall es uno de esos raros artistas que hoy en día no se avergüenzan de decir que quieren crear imágenes bellas o de citar la frase de Stendhal según la cual el arte es "una promesa de felicidad".

Wall no quiere saber nada de arte conceptual, "objets trouvés", minimalismo, reapropiación directa de otras ajenas, estética de la fragmentación, del collage y otras estrategias del arte de vanguardia, y prefiere componer con cuidado extremo sus "tableaux" fotográficos a la manera de la pintura naturalista del siglo XIX.

Esa negativa a someterse a la tiranía de la más vacua novedad que impera en buena parte del arte actual hace que algunos le hayan tildado de conservador o se le haya reprochado, tal vez con mayor razón, una excesiva retórica teatral en sus siempre perfectamente pensadas composiciones.

En la cuidada monografía que dedica a su obra la editorial Phaidon, el filósofo Thierry de Duve cita al famoso crítico estadounidense Clement Greenberg, uno de los paladines por cierto de la abstracción pictórica, según el cual "la fotografía es el único arte que puede permitirse ser naturalista, que logra su máximo efecto gracias al naturalismo".

"Dejemos que la fotografía sea literaria", escribió Greenberg, y Wall, que es, además de un gran artista, un excelente teórico, como demuestran ampliamente sus propios ensayos recogidos en ese volumen, parece haber aceptado la apuesta.

El artista canadiense ha recogido, a más de un siglo de distancia, el testigo de Manet para oficiar de pintor de la vida moderna, no ya en competencia con la fotografía, sino utilizando el ya no tan nuevo medio para exponer los nuevos mitos de la sociedad capitalista, como en su día hizo el francés con los de la sociedad burguesa de su tiempo.

Las obras de Wall, nacido en Vancouver en 1946 y que sigue trabajando en esa ciudad canadiense, son como enormes transparencias enmarcadas en cajas luminosas: reciben la luz desde atrás, una luz distribuida uniforme, democráticamente por toda su superficie.

Son frecuentes sus referencias a creaciones de los maestros del pasado, sobre todo Manet o Cézanne, pero también Delacroix, Poussin, Caravaggio o Hokusai, así como a obras literarias de autores como Franz Kafka o el japonés Yukio Mishima.

Una de sus obras más conocidas e interesantes es la titulada "Picture for Women", que está directamente inspirada en el célebre cuadro de Manet "El bar en Folies-Bergère", que se conserva en el Instituto Courtauld, de Londres, donde Wall estudió algún tiempo.

Es una imagen de enorme complejidad en la que aparece en primer plano una joven, como la mujer del mostrador en la obra de Manet, observada por el fotógrafo, que, a su derecha, acciona el botón del cable conectado al obturador de la cámara, bien visible en el centro, precisamente en el punto de fuga de la imagen.

Tras cuidada observación, uno se da cuenta de que Wall ha utilizado en realidad un gran espejo para su composición, de forma que la mujer aparece como él de frente y mira al espectador aunque en el espacio real del estudio está prácticamente de espaldas al artista.

De Duve compara también desde el punto de vista formal otras composiciones de Wall con obras tanto del propio Manet, como la titulada "The Storyteller", claramente inspirada en el famoso "Le Déjeûner sur l'herbe", o Poussin, en el caso de algunos paisajes con figuras, aunque los parajes bucólicos de ése hayan cedido su lugar a zonas del extrarradio de las ciudades.

Al igual que otro conocido artista, el alemán Andreas Gursky, aunque desde una estética y con un resultado muy distinto, Wall ha aprovechado en sus últimos trabajos las ventajas en materia de manipulación de las imágenes que permite la fotografía digital para crear imágenes de fuerte poder alucinatorio.

Para los admiradores, que son muchos, del arte de Jeff Wall, el libro de Phaidon ofrece no sólo una excelente retrospectiva de su obra, sino también aportaciones de conocidos expertos como el citado De Duve o Boris Groys, y entrevistas con el artista a cargo de profesores de historia del arte o críticos como Jean-François Chevrier o Arielle Pélenc, además de ensayos, todos ellos muy iluminadores, del propio Wall.