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Martes, 5 de Enero de 2010

¿Síndrome de piernas inquietas está ligado a disfunción eréctil?

Reuters ·05/01/2010 - 17:43h

Por Ford Vox

Dos trastornos aparentemente sin relación, salvo porque ambos son objeto de gran cantidad de publicidades de los laboratorios, tendrían algo en común: los hombres mayores con síndrome de piernas inquietas a la noche son casi dos veces más propensos a padecer disfunción eréctil.

El equipo de Xiang Gao, de la Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston, estudió más de 23.000 varones dentistas, optometristas, veterinarios y de otras áreas de la salud.

En el 2000 y el 2004, se les pidió calificar sus erecciones del 1 al 5 (muy mala a muy buena). En el 2002, respondieron un cuestionario sobre síntomas del síndrome de piernas inquietas. Ninguno tenía diabetes o artritis, que pueden elevar el riesgo de padecer ese síndrome.

El 4 por ciento (944 participantes) presentaba síntomas de piernas inquietas. Esos hombres tenían unos 70 años, mientras que aquellos sin los síntomas tenían dos años menos, hacían más ejercicio y eran menos propensos a fumar.

Más de la mitad (el 53 por ciento) con piernas inquietas también tenía problemas de erección, a diferencia del 40 por ciento de aquellos sin síntomas del síndrome.

La probabilidad de tener disfunción eréctil también varió según la gravedad de los síntomas de piernas inquietas.

Los hombres con piernas inquietas entre cinco y 14 noches por mes eran un 16 por ciento más propensos a padecer disfunción eréctil que aquellos sin el síndrome, mientras que los varones con más de 15 noches mensuales de síntomas tenían un 78 por ciento más probabilidad de disfunción eréctil.

La edad, la etnia, la obesidad o el tabaco no tuvieron efectos significativos en la probabilidad de desarrollar ambos trastornos.

El cuestionario no indagó si un médico les había diagnosticado alguno de los trastornos, sino sólo los síntomas asociados, lo que es una debilidad del estudio, según el doctor Thomas Pollmächer, director de salud mental del Hospital Ingolstadt, en Alemania.

"El problema con el estudio es la evaluación del síndrome de piernas inquietas", dijo a Reuters Health, ya que se puede confundir con otras condiciones. Pollmächer estudió el síndrome en las embarazadas.

El equipo del doctor Clete Kushida, presidente de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, que publica la revista Sleep, dijo a Reuters Health que el estudio es racional y está bien hecho.

No obstante, coincide en que el criterio del síndrome de piernas inquietas cambió después de la encuesta en el 2002, lo que modificaría la importancia de los resultados.

"Habría sido bueno contar con los cuatro criterios utilizados", dijo Kushida. Esos criterios son: la urgencia de mover las piernas, el alivio pasajero con el movimiento, el agravamiento de los síntomas al descansar y el aumento de los síntomas hacia el final del día.

Gao coincidió en que el diagnóstico del síndrome no es tan simple y que, quizás, algunos hombres que dijeron padecerlo realmente no lo tenían.

Esa imprecisión hizo que algunos sugirieran que ese trastorno es un ejemplo de "promoción de enfermedades", es decir, un esfuerzo de la industria por ampliar la definición de una enfermedad para que más personas crean que la padecen y necesitan tratamiento.

Impulsadas con una gran campaña publicitaria, las ventas de Requip, una de las dos terapias aprobadas por Estados Unidos para el síndrome de piernas inquietas, superaron los 500 millones de dólares antes de la aprobación del genérico en el 2008.

No fueron las publicidades las que impulsaron al equipo a realizar el estudio, ni empresas farmacéuticas participaron en la investigación realizada con fondos públicos.

Gao dijo a Reuters Health que el equipo había advertido que en ambas condiciones influiría el neurotransmisor llamado dopamina.

"Sería buena idea que los médicos les pregunten a los hombres con piernas inquietas si sufren de disfunción eréctil", dijo Kushida, quien sugirió que los fármacos para tratar la disfunción eréctil podrían servir para tratar el síndrome, lo que merece más investigación.

FUENTE: Sleep, enero del 2010