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Martes, 5 de Enero de 2010

El Museo de Orsay hace brillar la obra del extraño pintor James Ensor

EFE ·05/01/2010 - 16:46h

EFE - En la imagen, un hombre observa una obra de la exposición de James Ensor en Alemania. EFE/Archivo

La primera retrospectiva presentada en París desde 1990 sobre el pintor belga James Ensor (1861-1949), la constante reflexión entre ruptura y continuidad que caracteriza a este precursor del expresionismo extraño e inclasificable, puede contemplarse en el Museo de Orsay hasta el próximo día 4.

Es todavía el momento de descubrir en París las herencias naturalista y simbolista que marcaron los comienzos de Ensor, al igual que la tradición de máscaras y disfraces, de lo grotesco, de la sátira, y del carnaval, heredadas de su infancia en Ostende, ciudad de la provincia de Flandes Occidental a la que siempre estuvo ligado visceralmente, según subrayan los organizadores.

Frente a esta continuidad, la ruptura, en su obra, es la dramatización del uso del color y de la luz, y la invención de un nuevo lenguaje en el que las palabras se imponen junto a las imágenes, agregaron.

Destacaron, asimismo, el nuevo sistema narrativo instaurado por Ensor, en el que pululan personajes y acciones, para revelar crudamente sus ideas, como puede contemplarse desde el pasado 20 de octubre en París,

Apasionado por los efectos de la luz, que percibe en su unidad fundamental, Ensor plasma en su arte visiones místicas como "Auréoles du Christ" y "Sensibilités de la lumiére", presentadas en el Salón de los XX, en 1887, para refugiarse detrás de sus máscaras y esqueletos, herido por la incomprensión de la crítica.

En la obra de este pintor torturado e innovador que nunca cesó de representarse a sí mismo, destaca a menudo la mordaz ironía, el sentido de la irrisión y de la auto-irrisión, el color intenso y la gran expresividad, resaltan en el Museo de Orsay.

Las comisarias de la muestra son Anna Swinbourne, del Museum of Modem Art de Nueva York, y Laurence Madeline, del Museo de Orsay, pues fue preparada por dicho museo neoyorquino y la Reunión de los Museos Nacionales franceses (RMN), que gestiona entre otros el Museo de Orsay.

La muestra cuenta con el apoyo del Gobierno Flamenco y llegó a París procedente de Nueva York, donde pudo contemplarse del 28 de junio al pasado 18 de septiembre.