Archivo de Público
Martes, 5 de Enero de 2010

Dos chocolates y dos de churros

Nada mejor para entrar en calor que un chocolate a la taza. Acompañado con churros, además, sabe a fiesta.

MIRIAM QUEROL ·05/01/2010 - 09:32h

SpainPhotoStock - El secreto, como siempre, está en la masa: harina de trigo, sal y agua hirviendo.

En Madrid la tradición del chocolate con churros es tan castiza como las gallinejas de feria o los barquillos de la puerta del Sol. Esas tiras cilíndricas estriadas con forma de lazo y fritas en aceite nos deleitan durante la perezosa la mañana del domingo, la interminable merienda de los sábados o la última parada de una larga noche de fiesta. El secreto, como siempre, está en la masa: harina de trigo, sal y agua hirviendo, en riguroso orden y mezclado con mucho mimo. En la capital, un buen puñado de establecimientos continúa "engordando" una tradición que nadie sabe con certeza dónde y cómo se originó, pero que en el siglo XIX ya era tan popular como los claveles de los chulapos. Para los que encuentren esta fruta de la sartén demasiado pesada pueden dejar las cosas claras y limitarse al chocolate espeso en algunas chocolaterías míticas y otras más recientes donde lo suyo es el cacao.

Es imposible dejar de colocar en el primer puesto de cualquier lista a la centenaria cafetería San Ginés (Pasadizo de San Ginés, 5), meta de cualquier erasmus de fiesta por el centro de Madrid. Muy cerca de aquí, se encuentra Valor (Postigo de San Martín, 7): no son expertos en churros pero son los mejores en chocolate a la taza. El Café del Espejo (Paseo de Recoletos, 31), ese kiosko acristalado con decoración Art Nouveau en medio de la mayor arteria de Madrid, es un clásico que ofrece, entre otros, un desayuno cañí. En Roca Blanca (Fuencarral, 71), que se despereza cuando todavía los noctámbulos salen de los bares, preparan los mejores churros de la zona de Chueca y Malasaña.

En el barrio de Las Letras se esconde otro clásico: la cafetería Chocolat Bar (Santa María, 30), con churros y porras recién salidos de la sartén. En La Antigua Churrería (Bravo Murillo, 90), el olor inconfundible y el ruido del borboteo de la masa al sumergirse en el aceite indican que estamos en un establecimiento de toda la vida, aunque lo hayan renovado. Viejas fotos de este negocio familiar de principios del siglo XX, que desplazaron de Ventas a Bravo Murillo, decoran la cafetería en la que no faltan los churros rellenos y bañados en chocolate.


Chocolate: vanguardia en la repostería

Si están cansados de churros pero son incondicionales del chocolate, Cacao Sampaka (Orellana, 4) es ya un clásico con cafetería y la Casa de Chocolate de Tino Helguera (Ferraz, 30) es la sucursal madrileña del maestro chocolatero de Gijón. Para llevarse el chocolate a casa en cajas de mil formas, Chocolat Factory (Zurbarán, 17), Xocoa (Gravina, 3), Petit Plaisir (Castelló, 12), Moulin Chocolat (Alcalá, 77) o el Alma de Cacao (Velázquez, 41): alto diseño para golosos recalcitrantes.