Sábado, 15 de Diciembre de 2007

Dady: el Henry que resucitó desde el andamio

Dady, el fichaje más caro de la historia de Osasuna, dejó el fútbol para trabajar en la construcción y ahora es una de las sensaciones de este campeonato.

PEPE GARCÍA CARPINTERO ·15/12/2007 - 21:48h

Llegó a España por la puerta de atrás. Nadie reparó en él a pesar de ser el fichaje más caro de la historia de Osasuna. Tres millones y medio de euros pagó por su traspaso un club que nunca acostumbra a quemar su bolsillo. Ahora, con 26 años, Eduardo Fernandes Pereira, Dady, (Lisboa, 1981), es una de las sensaciones de este campeonato.

Otro hecho sorprendente, porque hace apenas seis años un técnico de Os Belenenses le rescató para el fútbol. Un deporte que amaba desde pequeño, pero que incluso llegó a odiar porque la vida le maltrataba por entonces.

La inesperada muerte de su padre, cuando Dady apenas tenía 16 años, hizo que este caboverdiano de nacimiento tuviera que abandonar todo para mantener a su familia. Su destino le subió a la dureza del andamio hasta que de nuevo el fútbol le bajó de allí. Ya nada volvió a ser igual, pero su memoria no se desprende de aquel pasado de paleta, hormigoneras y riñones molidos.

Despreciado

Ahora, cada minuto que está sobre un terreno de juego lo disfruta al máximo. "No ha sido fácil llegar hasta aquí. La pérdida de mi padre me marcó mucho y sufrí bastante. Además, cuando cumplí los 16 me decían que yo no iba a ser nada, que el fútbol tenía que aparcarlo. No quería trabajar en una obra, estaba claro, pero era la única forma de tener dinero y que mi familia pudiera comer y llegar a fin de mes. Me cambió toda mi vida de repente. De pequeño era una estrella, pero los cambios que te llegan obligados te los pone la vida y los sufres", afirma Dady, que ya es uno de los ídolos de la grada del Reyno de Navarra.

Incluso tiene cántico, y es el máximo goleador de los rojillos con cinco tantos. Quién le iba a decir que hoy cumplirá su sueño de jugar en el Bernabéu: "Ahora hay que disfrutar, vivir al máximo todas las sensaciones y si es posible marcar y ganar el partido, mejor que mejor".

Respeto por sus orígenes

Dady recuerda su época de albañil, y lo que ha aprendido de aquella etapa es el máximo respeto que tiene por cualquier persona que se tiene que buscar la vida para conseguir un puñado de euros: "Cuando yo empecé a trabajar en la obra sólo tenía 17 años, y obligatoriamente te tienes que hacer un hombre para cuidar de tu familia.

Tengo mucho respeto por todo el mundo que trabaja en la obra. Se sufre mucho para llegar a fin de mes. Lo recordaré toda la vida. Para saber de dónde vienes, nunca debes de olvidar lo que has vivido".

El delantero rojillo reconoce que se le pasó por la cabeza dejar el fútbol, que fueron cuatro años en los que no significaba nada dar patadas a un balón. No encontraba más motivación que la de sacar adelante a los suyos. En ese momento apareció un técnico que le seguía desde hace mucho: "Yo ya no quería jugar al fútbol. Había perdido la ilusión por jugar, pero un entrenador de Os Belenenses se empeñó en que regresara. Él y mi familia me convencieron".

Futbolísticamente, Dady se define como una especie de Henry: "Siempre me he fijado en su fútbol e intento hacerlo cada día lo mejor posible". Claro, que lo que sorprende en Dady es la rapidez con la que se mueve en los últimos metros pese a ser un tallo de 1'91. Ahora, la vida le trata mejor, ahora como él dice, le toca disfrutar: "Después de tantas cosas malas que he pasado, estoy contento por marcar goles y comprobar que la afición ha empezado a corear mi nombre. Me han llamado desde Portugal mi familia, mis amigos, la gente que me quiere".

Quién le iba a decir hace unos años, cuando se deslomaba en una obra lisboeta que hoy será el delantero titular de Osasuna ante el Real Madrid. Que iba a ser, en esos minutos previos al partido en los que la grada repasa y comenta los peligros del contrario, el jugador rival del que más se hablará en el mismísimo Bernabéu.