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Sábado, 2 de Enero de 2010

Hijos de un dios mayor

Guardiola y Valverde labraron su amistad en el dream team de Cruyff, su referente futbolístico

NOELIA ROMÁN ·02/01/2010 - 17:00h

Pep Guardiola y Ernesto Valverde.

Compartieron vestuario, ahora profesión, y también el gusto por un tipo de fútbol que arranca el elogio y despierta la admiración. Aunque al uno, Pep Guardiola, el reconocimiento y los premios le hayan llegado de manera inmediata y al otro, Ernesto Valverde, le cueste su tiempo, dirija al Villarreal o al Olympiacos. Así ha sido la carrera de Valverde (Viandar de la Vera, Cáceres, 1964) desde que un buen día colgó las botas y decidió posponer su idea de abarcar el mundo de la fotografía para sentarse en un banquillo y enseñar lo que había aprendido, durante 14 años, dando patadas a un balón.

Antes de lograr el doblete en Grecia, el inicio también fue duro para Valverde 

"El fútbol te engancha", contesta Valverde cada vez que se le pregunta por qué no convirtió en profesión la costumbre de mirar la vida a través de un objetivo. Había aprendido a hacerlo en una escuela de fotografía, en Barcelona, mientras Johan Cruyff le exigía la perfección sobre el césped y Guardiola, la complicidad que siempre buscó en los delanteros a los que abastecía.

"Cruyff valoraba la perfección del juego. No te perdonaba un mal pase. Quería que fuéramos exactos, precisos, que domináramos el juego y no le importaba correr riesgos", cuenta Valverde sobre las enseñanzas del maestro. "Era diferente y nos costó adaptarnos".

Junto al Txingurri, Guardiola ganó una Recopa de Europa y una Copa del Rey

Entrenando la excelencia, sobreponiéndose a las lesiones que le maltrataron entre 1988 y 1990, su etapa en el dream team, el Txingurri, como le apodaban, participó de aquel Barça menos de lo que Cruyff habría querido -"Las lesiones le impidieron brillar", ha dicho el ex técnico holandés en más de una ocasión-.

Pero no perdió el tiempo: perfeccionó su técnica fotográfica, conquistó la Recopa de Europa y la Copa del Rey, cultivó su amistad con Guardiola y, como él, convirtió el manual del gran ideólogo azulgrana en una referencia imprescindible.

También como su amigo Pep, creó después su propio decálogo, que aplicó primero en el Athletic, su club de toda la vida, y luego en el Espanyol, antes de llevárselo a Grecia para conducir al Olympiacos a la conquista de la Liga y la Copa helenas. El doblete, muy celebrado, tuvo, sin embargo, un inicio costoso: derrotas inesperadas, alguna crítica... Como le ha sucedido en el Villarreal. Llamado a continuar la excelente labor de Pellegrini, tardó ocho jornadas en lograr la primera victoria (cuatro derrotas y tres empates) y el presidente tuvo que ratificarlo en el cargo cuando algunos ya pedían su destitución.

"Un equipo de Primera te absorbe la cabeza", dice Valverde. Quizá por eso, valore el doble lo logrado por Guardiola. "El Barça siempre juega bien, tiene un ritmo ofensivo impresionante y un compromiso defensivo en el que se nota la mano del entrenador. Su juego es para disfrutarlo", admite. Aunque esta vez prefiera dejar el disfrute para mejor ocasión.