Viernes, 14 de Diciembre de 2007

Guerrilleros del clima

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·14/12/2007 - 19:46h

"Llegará un tiempo en que los pájaros caerán del cielo, los animales de los bosques morirán, el mar se ennegrecerá y los ríos correrán envenenados. En ese tiempo, hombres de todas las razas y pueblos se unirán como guerreros del arcoiris para luchar contra la destrucción de la tierra". La leyenda de los indios norteamericanos se cumplió un día de 1971, cuando una decena de hombres barbudos decidió navegar hasta la isla de Amchitka, en Alaska, para evitar que EEUU realizase ensayos nucleares.

Era la primera tripulación de un nuevo movimiento ecologista y pacifista, Greenpeace, que en 1978 compró su primer barco, bautizado como Rainbow Warrior ("guerrero del arcoiris"). De ese primer navío sólo queda su timón y su campanilla, pero su motor sigue siendo el mismo: el viento y la lucha por la Tierra. El primer Rainbow Warrior voló por los aires cuando el servicio secreto francés colocó una bomba en su quilla para que dejara de molestar durante sus pruebas nucleares en Mururoa en 1985. Murió el fotógrafo Fernando Pereira.


El velero actual, de 55 metros de eslora y con un mástil principal de más de 36 metros, se llama también Rainbow Warrior, "sin el número dos", aclara su capitán, Mike Fincken, porque en esencia sigue siendo el mismo. El barco, que ahora está en Bali por la Cumbre del Clima, ha surcado todos los mares del planeta a lo largo de 50 años, primero como pesquero y ahora como elemento incómodo para petroleros, balleneros, buques de guerra o cargueros de carbón. El antiguo pesquero británico ha sido remodelado y, entre las novedades, incluye contenedores de colores para reciclar todo lo que se consume a bordo. Su capitán presume, además, de que casi la mitad del tiempo navega a vela, sin necesidad de utilizar el motor.


Fincken nació hace 40 años en Ciudad del Cabo (Suráfrica) y lleva 22 surcando los mares. Es el capitán del barco más emblemático de Greenpeace desde hace 12 años. Está al frente de una tripulación de 15 miembros que se van rotando y que configuran, como en Naciones Unidas, una comunidad internacional, formada ahora por voluntarios de Holanda, Rusia, Ghana, Alemania, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Indonesia, Tailandia, Inglaterra y Turquía. "Queremos tener la mayor diversidad, de nacionalidades, hombres y mujeres, y edades, porque tenemos tripulantes desde 20 a 64 años", destaca Fincken. Además reciben a voluntarios por estancias de tres meses.

Momentos complicados

El capitán es un hombre sereno, de voz tranquila y firme. Recuerda momentos difíciles como el día en que 26 pesqueros de atún rodearon el barco impidiendo su entrada en el puerto de Marsella, increpando y amenazando de muerte a la tripulación. Pero también divertidos y entrañables, como surcar el mar con las velas desplegadas y observar el respaldo de los indonesios a su llegada a Sumatra, en la campaña de la semana pasada, cuando se opusieron a la construcción de una central nuclear en la isla de Java.


Los caballeros del arco iris han emprendido su última cruzada por el cambio climático. Comenzó en India con acciones contra centrales térmicas, porque es unos de los mayores emisores de CO2, y advirtiendo que la subida del nivel del mar en los manglares supondrá la pérdida de este ecosistema. Y les ha traído a Indonesia, para despertar las conciencias de los negociadores.


El barco de los guerrilleros pacíficos ha sufrido asaltos y detenciones a lo largo de medio centenar de años de travesía, pero también muchas alegrías y momentos gratificantes. Fincken lleva en el puente de mando regalos muy especiales como un elefante de tela de India o una daga hecha a mano por los indígenas de Sumatra. El Rainbow Warrior emprenderá rumbo a Nueva Zelanda mañana, para iniciar una nueva campaña aún por desvelar.