Jueves, 13 de Diciembre de 2007

El Banco de España insiste en pedir prudencia pero cree que no hay exceso de deuda

EFE ·13/12/2007 - 17:44h

EFE - El director general del servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina.

El Banco de España considera que las familias españolas no están sobreendeudadas y que su situación patrimonial sigue siendo sólida en general, aunque insiste en que se deben analizar con prudencia las necesidades de financiación por el endurecimiento de las condiciones para la concesión de créditos.

Así lo explicó hoy el director general del Servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina, en la presentación de las principales conclusiones de la segunda Encuesta Financiera de las Familias, que se refiere al periodo 2002-2005.

"Es obvio que entramos en un periodo en el que ha aumentado la tensión financiera", lo que se manifiesta en que los costes de endeudamiento están aumentando, no sólo por la subida de los tipos, sino también porque los bancos terminarán trasladando las tensiones de los mercados "en alguna medida" a los costes de los créditos, dijo.

En este nuevo contexto, apuntó, los criterios para la concesión de créditos serán algo más ajustados que en el pasado, algo que el Banco de España ha advertido ya en las últimas encuestas de Préstamos Bancarios.

Pero todo esto no significa que haya "una situación de restricción" en la oferta crediticia, explicó Malo de Molina, puesto que el crédito a las familias sigue creciendo por encima del 15%.

Otro de los factores que interviene en la solidez patrimonial de las familias españolas es, dijo, el "prácticamente inexistente" uso de la financiación hipotecaria para el consumo, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos.

En cuanto al precio de la vivienda, Malo de Molina insistió en que "tiene ciclos" que dependen de la demanda, aunque "tendencialmente" tienda a subir, pero señaló que esto no afecta a la solidez patrimonial de las familias.

Otra cosa, explicó, es que en momentos de flexión en la tendencia del precio de la vivienda las familias tengan menos confianza o consuman menos.

A principios de año, el Banco de España aseguró en un informe que la vivienda estaba sobrevalorada entre un 24 y un 32%, unas estimaciones que, según Malo de Molina "no siempre se entendieron", ya que no equivalían en ningún caso a hablar de "burbuja inmobiliaria".

"Siempre hemos pensado", dijo, que la vivienda "tiene tendencia a la revalorización". Además, añadió, "no hemos tenido ciclos de correcciones significativas" de precios.

"Lo normal es que cuando hay presión en la demanda, el precio crezca más de lo que justifica la tendencia, pero eso tiende a reabsorberse con una estabilización en el precio", dijo.

Según Malo de Molina, eso ocurrió en el pasado y puede ocurrir de nuevo ahora, por lo que "no estamos preocupados".

Tampoco le preocupa al Banco de España la pérdida de poder adquisitivo que según Eurostat notarán las familias españolas ni que ésta incida en el consumo, puesto que en España hay 1,3 millones más de familias en los últimos años.

En su opinión, no se puede hablar de un parón en el consumo sino de "suave desaceleración".

Según Malo de Molina, los hogares empezaron a reducir su ritmo de endeudamiento después de 2005 como reacción a la subida de los tipos de interés y a la tendencia a la desaceleración de los activos inmobiliarios.

Todo ello contribuye, dijo, a la desaceleración gradual de la economía en términos de menor dinamismo del consumo -todavía elevado- y de reducción de la inversión residencial, de tal forma que en términos generales "iríamos hacia un patrón de crecimiento más equilibrado y más sostenible".

En cuanto a las conclusiones de la encuesta, la riqueza neta de las familias españolas aumentó un 68% entre 2002 y 2005, sobre todo por la adquisición y revalorización de los activos inmobiliarios.

En 2005, la riqueza era diez veces superior a la deuda de los hogares, que equivalía exactamente al 9,3% del valor de sus activos, frente al 8,6% de 2002.

La encuesta también constata una pérdida creciente del peso de los activos financieros en la riqueza de los hogares.