Miércoles, 12 de Diciembre de 2007

El miedo reina en Argel tras el doble atentado y las amenazas de Al Qaeda

EFE ·12/12/2007 - 12:46h

EFE - Efectivos del cuerpo de rescate buscando supervivientes tras el atendado de ayer en Argel.

El miedo atenaza hoy a los habitantes de Argel, conmocionados tras el doble atentado de ayer en el centro de la capital argelina reivindicado por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que ha amenazado con multiplicar las acciones de este tipo.

Según la última cifra oficial, facilitada hoy por el ministro de Exteriores, 30 personas murieron por la explosión de los dos coches bomba junto al Tribunal Supremo y el Consejo Constitucional y a una sede de la ONU en los elegantes barrios de El Biar e Hydra, aunque fuentes médicas afirman que los muertos superan los 60.

Cinco de los fallecidos eran extranjeros (un danés y un senegalés empleados de la ONU y tres asiáticos aún no identificados), mientras que los heridos son 177, en su mayoría mujeres, niños y estudiantes, de los cuales 28 continúan hospitalizados.

Las labores para rescatar a los que quedaron atrapados en los escombros continúan hoy, tras una noche de intenso trabajo.

Al menos seis personas, heridas pero vivas, han conseguido salir de entre los amasijos de hierro y cemento en los que ha quedado convertida la sede argelina de la Alta Comisaría de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Según la ONU, han perdido la vida once de sus trabajadores.

El primer ministro, Abdelaziz Belkhadem, ha insistido en que la cifra de muertos revelada por las autoridades y todavía provisional es la real, tras la polémica generada por las diferencias sobre el número de fallecidos.

"Argelia no tiene interés alguno en silenciar el número de víctimas y es inhumano competir en amplificar las cifras cuando se trata de vidas humanas", dijo.

A primera hora de hoy, las calles de Argel ofrecían un panorama poco habitual, con peatones que apretaban el paso y el tráfico, normalmente muy denso, mucho más fluido que de costumbre.

"Es incontestable que hay psicosis entre la población, en especial la de la capital. La gente ha entendido que los atentados pueden pasar en cualquier momento y en cualquier lugar y que nadie está a salvo. No es fácil vivir con ese temor", dijo hoy a Efe un vendedor de periódicos de la comercial calle de Larbi Ben M'hidi.

Ese miedo se ha exacerbado con las nuevas amenazas lanzadas por AQMI, que ha reivindicado la autoría del doble atentado en Argel.

En un comunicado difundido anoche en un sitio islamista en internet, la organización dirigida par Abdelhak Drukel, alias Abu Mussab Abdelwadud, asegura que se trata de "dos ataques mártires contra los cruzados y los apóstatas".

En la misma nota se añade que fueron llevados a cabo por Abdel Rahmane al Assimi e Ibrahim Abou Othmane y que los dos vehículos utilizados transportaban más de 800 kilos de explosivos cada uno.

Tras haber calificado el atentado como un éxito destinado a "defender la nación y el Islam y a humillar a los cruzados y sus agentes, los esclavos de EEUU y los hijos de Francia", AQMI deja entender que tiene previstos otros ataques similares.

"Los 'muyahidines' del Magreb se dan prisa ultimar las operaciones mártires que continuarán hasta la liberación de toda la tierra del Islam", se añade en la nota.

Los expertos consideran que estos actos revisten el carácter de una campaña de venganza después de que los servicios de seguridad matasen o capturasen en las últimas semanas a siete dirigentes de AQMI próximos a Drukel.

Según las primeras informaciones recogidas por los servicios de seguridad y confirmadas por testigos, el atentado contra la sede de la ONU fue cometido por un hombre de unos 50 años que conducía un vehículo en cuyo interior habían colocado una cisterna cargada de explosivos.

El individuo, cuyo retrato aparece publicado junto al comunicado de Al Qaeda, fue detenido por un guardia, pero no detuvo el vehículo y se dirigió a gran velocidad hacia el aparcamiento subterráneo antes de activar la carga explosiva.

Respecto al primer atentado, sin embargo, subsisten dudas sobre cuál era su objetivo real.