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Miércoles, 11 de Noviembre de 2009

Estudio confirma riesgo de coágulos con fármacos para la anemia

Reuters ·11/11/2009 - 15:33h

Por Julie Steenhuysen

Los pacientes con cáncer que toman medicamentos para reducir el riesgo de anemia corren el doble de riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos en los pulmones o las piernas, reveló un estudio amplio de una década de duración.

La investigación, sobre más de 55.000 pacientes con cáncer, se suma a la creciente evidencia de que los riesgos de estos fármacos, comúnmente empleados y denominados agentes estimulantes de la eritropoyesis (AEE), superarían los beneficios.

Los AEE estimulan la médula ósea para que aumente la producción de glóbulos rojos. Fueron aprobados por primera vez para los pacientes con cáncer en 1991, con el fin de disminuir la cantidad de transfusiones necesarias durante la quimioterapia.

Pero pese al uso expandido de estos medicamentos -que aumentó 10 veces entre 1991 y el 2002, a casi la mitad de todos los pacientes que se someten a quimioterapia- las tasas de transfusiones sanguíneas entre esas personas se mantuvieron estables, indicó el doctor Dawn Hershman.

El equipo de Hershman, que trabaja en el Hospital Presbiteriano de Nueva York y Centro Médico de la Columbia University, informó sus hallazgos en Journal of the National Cancer Institute.

"Aumentó drásticamente la cantidad de pacientes que recibe estos agentes", indicó el experto en una entrevista telefónica. "En todo ese tiempo, la tasa de transfusiones no cambió", agregó.

Las ventas de estas medicinas cayeron abruptamente desde que a fines del 2006 un estudio mostró un mayor riesgo de muerte y complicaciones cardiovasculares entre los pacientes que se sometían a tratamientos intensos.

En el 2007, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por su sigla en inglés) solicitó la colocación de una advertencia en los AEE y sugirió limitar su uso a las personas con tipos específicos de cáncer en los que el recuento de glóbulos rojos se reduce demasiado.

"Creo que el mensaje central es que realmente necesitamos pensar sobre cómo observamos la toxicidad en los pacientes a largo plazo", señaló Hershman.