Martes, 11 de Diciembre de 2007

Decenas de mapaches toman un parque de Madrid

El crecimiento de la colonia amenaza a las especies protegidas de un parque regional

DANIEL AYLLÓN ·11/12/2007 - 22:05h

“En verano capturamos a 15 mapaches, pero todavía quedan unos 50 ó 60 más sueltos en el Parque Regional del Sureste de Madrid”, explica el portavoz del colectivo ecologista El Soto, Antonio Martínez. Estos exóticos animales son originarios de Estados Unidos y no están teniendo problemas para adaptarse a los ecosistemas españoles, pero su presencia ya empieza a ser considerada como una amenaza para las especies autóctonas. “Son omnívoros y comen de todo. Desde huevos hasta pollos, pequeños mamíferos o simple basura. Sin embargo, el problema es que se están comiendo las crías y los huevos de especies protegidas”, explica Francisco José García, biólogo del parque.

Los grupos más amenazados son las ranas, los galápagos, las garzas y los patos, entre otros. “Ocurre algo parecido como con las tortugas de Florida, los coatíes, las cotorras argentinas o los percasoles, que también se ponen en libertad de forma incontrolada y están arrinconando a otras especies”, dice el científico.

Los expertos sospechan que esta comunidad lleva dos años instalada junto a los cauces del río Jarama y el Manzanares y que la cepa originaria fue algún ejemplar abandonado o escapado.

Se trata de una especie que se reproduce muy rápido –pueden tener hasta siete cachorros al año– y en apenas unos meses el parque podría contar con una colonia de más de 200.

Para prevenir la plaga, la Comunidad de Madrid ha instalado nuevas jaulas en las riberas de los ríos, donde suelen acudir a comer. “Son animales muy golosos y la mantequilla de cacahuete es lo que más les está gustando”, explica García. La crema y un par de huevos de gallina son el cebo que los biólogos están colocando en las trampas para capturarles.

Sin embargo, los especialistas se han topado en los últimos meses con una nueva traba: el robo de jaulas. De las 15 instaladas, los ladrones se han llevado seis para vender su metal en el mercado negro, según fuentes de la Consejería de Medio Ambiente.

El director del parque, Adolfo Bello, asegura que tener mapaches en casa “es una locura” porque, aunque son cachorros entrañables, en un año puede llegar a pesar ocho kilos y medir 90 centímetros. Entonces, sus garras afiladas, las cortinas rasgadas y los jarrones rotos suelen empujar a las familias a deshacerse de ellos mediante el abandono rápido y sin acudir a zoológicos o centros de protección.