Martes, 11 de Diciembre de 2007

Cuentos chinos

El escritor estadounidense Peter Hessler prepara un nuevo libro sobre China, en el que indaga en el impacto del automóvil en la sociedad // Para escribirlo, atravesó el país en un Jeep Cherokee

ANDREA RODES ·11/12/2007 - 21:25h

Peter Hessler, escritor estadounidense y corresponsal en China de las revistas The New Yorker y National Geographic, llegó a China en 1996. Tenía entonces 27 años y venía como voluntario de las Peace Corps, una organización humanitaria, para impartir inglés durante dos años en una ciudad del interior de China. En Fuling, los niveles de contaminación eran tan altos que, por culpa del footing, el escritor sufrió una sinusitis crónica que acabó con la rotura del tímpano de su oído derecho.  

Todo esto lo explica Hessler en su primer libro, River Town (2001). Escrito al finalizar su estancia en Fuling, el autor narra sus experiencias en una ciudad por donde no había pasado un americano desde que se alzó la Revolución comunista, en 1949. Las historias de sus alumnos se mezclan con las escenas cotidianas de una ciudad de provincias que se abre de golpe a la economía de mercado y están escritas con la ingenuidad del occidental recién llegado. Utilizando un lenguaje sencillo y entrañable, Hessler hace comprensible al lector la rápida transformación económica y social de China. Algo difícil de conseguir con la mayoría de libros que proliferan estos días, aprovechando la llegada de los JJOO de Pekín.

Calidad cuestionada

En España, se traducen pocas obras de literatura contemporánea china y eso impide que el lector pueda formarse una idea del gigante asiático. Algunos especialistas critican a las editoriales europeas por su poco interés en descubrir escritores chinos actuales, pero muchos coinciden en que la literatura contemporánea china es de mala calidad.

“Es muy difícil ser buen escritor en China”, dice Hessler. “Un escritor necesita libertad para observar la realidad y expresar por escrito lo que ve. En China, no es posible”, añade el autor, mientras se ajusta la gorra de béisbol sobre su cabeza. En sus libros, Hessler remarca su identidad americana, a pesar de que habla chino con fluidez y hace esfuerzos para integrarse en el país. “Chinos y americanos somos muy parecidos”, dice Hessler.

El escritor cree inevitable que los ciudadanos de países tan grandes como EEUU y China crean vivir en el centro del mundo, sean patrióticos y poco abiertos de mente.

En River Town, Hessler se concentró en la exploración sociológica de un lugar. “Quería entender como el entorno transformaba las vidas de los habitantes de Fuling”, dice. La ciudad vive condicionada por la construcción de la presa de las Tres Gargantas, y por el choque cultural entre su pasado rural tradicional  y el desarrollo desenfrenado del presente.

En su segundo libro, Oracle Bones (2006), Hessler narra desde un punto de vista personal las anécdotas de su amigo Polat, un chino musulmán de la minoría étnica Uighur, que quiere emigrar a  EEUU.

La perspectiva histórica de Oracle Bones, esta idea de mirar atrás para entender el presente, no es habitual en la literatura contemporánea china. Muchos escritores chinos disidentes en el extranjero, en especial en EEUU, son autores de bestsellers inspirados en víctimas de la Revolución cultural, el exilio o el sufrimiento de las familias perseguidas por el gobierno. “Estos libros no escapan de ciertas finalidades políticas”, insinúa Alicia Relinque, de la Universidad de Granada.

Espíritu crítico

“Mis libros no esconden ninguna intención política”, dice Hessler. Su conocimiento cada vez mayor sobre China no le permite seguir siendo el observador ingenuo de River Town. Algo de ese nuevo espíritu crítico podremos ver en su próximo libro, que está a punto de terminar, asegura Hessler. “El tema central es explicar el impacto del  automóvil en la sociedad china”, explica el escritor. Antes de escribir el libro, el escritor viajó por el país con un Jeep Cherokee, un modelo muy popular entre la clase media china. “La primera parte del libro es un road trip”, dice Hessler, haciendo referencia a la manera de viajar que se puso de moda en EEUU en los años 50, cuando el coche entró a formar parte de la vida diaria de millones de americanos.

La segunda parte del libro es la historia de una pequeña aldea rural de los alrededores de Pekín, Sancha, que se transformó en una zona de segundas residencias para las clases altas con la llegada de la autopista. El mismo Hessler se compró una casa en Sancha para escaparse de Pekín los fines de semana y vio cómo su vecino pasó de ser un pobre campesino a convertirse en empresario.