Martes, 11 de Diciembre de 2007

La ciudad dividida de Kosovo

En Mitrovica viven 60.000 albaneses y 11.000 serbios separados por un puente y por el odio

GUILLEM SAMS MORA ·11/12/2007 - 14:13h

Adem Mripa delante del puente que separa a serbios y albaneses.

Cuando Adem Mripa era niño, no estaba permitido cantar en público canciones patrióticas albanesas, sólo si eran de amor.

Este profesor de geografía de 60 años ha pasado toda su vida en la parte serbia de Mitrovica, y no tiene la más remota intención de marcharse al sur.

Nadie sabe mejor que él qué supone ser albanés y vivir en la parte serbia de la ciudad.Mitrovica, en el norte de Kosovo, es un buen ejemplo de las dificultades de convivencia de albaneses y serbios.

Desde la guerra de 1999, la ciudad está dividida en dos partes. En el sur viven exclusivamente albaneses, unos 60.000. En el norte hay 11.000 serbios y un par de miles de albaneses. Pero ninguno es más cabezota que Adem Mripa.

En junio de 2006 empezó a construirse con sus ahorros de toda la vida una casa nueva justo al lado de su humilde vivienda, situada a pocos metros del puente sobre el río Ibër que separa las dos partes de la ciudad, permanentemente vigilada por las autoridades de la UNMIK (la misión de la ONU para Kosovo) y las tropas euroatlánticas de la Kfor.

Cuando empezaron a llegar los ladrillos, la policía serbia le cortó la calle. Él y su hijo de 25 años tuvieron que transportar todo el material a cuestas. Una vez levantada la planta baja, Adem Mripa se encontró una mañana pintada en la puerta una cruz con cuatro caracteres cirílicos equivalentes a la letra ese.Es un anagrama que significa: "Sólo la colaboración salvará a los serbios".

En pocas palabras, una amenaza. Adem Mripa tomó una decisión: la casa va a tener tres plantas. Y ahí está, casi acabada. Quedan atrás una paliza a su hijo y tres intentos de quemar su vivienda actual, una vez con un explosivo. "Si te la tienen jurada, no sólo te matan, sino que se ocupan de hacer desaparecer el cadáver", cuenta.

Subvenciones de Belgrado

El Gobierno serbio inauguró ayer en la calle paralela al río una oficina de su Ministerio para Kosovo. El presidente kosovar, Fatmir Sejdiu, se apresuró a calificarlo de "provocación" y dijo que contraviene la resolución 1.224 del Consejo de Seguridad, que legitima la presencia de la UNMIK en Kosovo.

Para Belgrado, la única forma de que los serbios de Mitrovica no abandonen la ciudad es subvencionar masivamente sus existencias. Profesores, trabajadores sanitarios y demás funcionarios cobran aquí exactamente el doble que en cualquier otra parte del territorio serbio.

"Estoy orgulloso de haber aguantado hasta ahora. Si me voy, se irán también los otros", explica nuestro profesor de geografía, que escribió su trabajo de licenciatura sobre la migración albanesa a Turquía en el siglo XX.

Con un 90% de población albanesa, Kosovo vive la recta final de su existencia como provincia serbia. Proclamará su independencia de forma unilateral, en estrecha colaboración con EEUU y la Unión Europea, cuando se haya formado el nuevo Gobierno y sobre la base del plan elaborado por el ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, que dedica una especial atención a la protección de la minoría serbia.

Mripa huyó a Montenegro durante la guerra de Kosovo en 1999. Cuando regresó, las tropas de la Kfor le preguntaron si creía que serbios, albaneses y los integrantes de las demás etnias del lugar podrían algún día volver a vivir juntos en paz.

Cuando dijo que sí, un oficial le espetó: "Demuéstralo". Y Mripa organizó un grupo de 120 vecinos de todas las etnias para limpiar los escombros de las casas que iban a ser reconstruidas.

"Tenemos que vivir juntos en el futuro, pero es imposible confiar en que los serbios jamás nos harán nada. Tenemos la amenaza grabada en el cerebro", dice.

Tasa de paro del 60%
El plan de Ahtisaari prevé permitir a Serbia seguir prestando "asistencia financiera y técnica, incluido personal especializado y equipamiento" a los municipios serbios de Kosovo. Eso sí, deben dar cuenta de ello a las futuras autoridades de la capital kosovar, Pristina.

Muchos albanokosovares rechazan categóricamente cualquier cooperación con Serbia.

En Mitrovica la tasa de desempleo ronda el 60%, oficialmente. Grupos de jóvenes sin trabajo se radicalizan. El lunes, cuando concluyó la última ronda de negociaciones internacionales sobre el Kosovo, a Ahmet Tmava se le agotaba la paciencia.

"Aquí, la gente ha estado contando cada uno de los últimos 120 días" que duró la negociación, asegura el presidente de la agrupación local del PDK, partido del futuro primer ministro kosovar, el ex guerrillero Hashim Thaçi.

El plan de Ahtisaari prevé para Mitrovica establecer dos municipios supervisados por una junta compuesta por representantes de ambos y presidida por un representante de la comunidad internacional.

Es una idea del ex primer ministro kosovar y actual alcalde de la ciudad, Bajran Rexhepi.

En el norte de Mitrovica, en cambio, la gente no está tan impaciente, ni tan preocupada, por la probable independencia. En esta parte de la ciudad se encuentran varias facultades de la Universidad de Pristina. En la de Filosofía y Letras, Aleksandra Milovic espera a su profesora de inglés. "El pasado lunes no esperábamos nada. Éste es nuestro territorio, nuestra provincia", explica.

Está estudiando inglés, pero a Aleksandra le interesa sobre todo la Historia. Para los serbios, Kosovo es el territorio sagrado de los maravillosos monasterios ortodoxos que están repartidos por toda la región. Durante los próximos meses seguirá yendo a clase como si nada: "No se preocupe, no habrá independencia

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