Martes, 11 de Diciembre de 2007

Jabier Muguruza: «Me interesa lo pequeño, huyo de lo espectacular»

Músico. El artista irundarra cierra el año presentando ‘Konplizeak’ en Euskadi.

JESÚS MIGUEL MARCOS ·11/12/2007 - 21:03h

Jabier Muguruza y la política del sosiego. MÓNICA PATXOT

Por su aspecto podría pasar por un cortador de troncos de algún valle próximo a Irún, su lugar de origen. Rostro abundante, rasgos picassianos, tez rocosa, cuando Jabier Muguruza levanta su voluminoso cuerpo y saluda con una mano labriega, no parece el artista sensible y delicado que ha tejido, acordeón, guitarra y piano mediante, Konplizeak, su último disco. Luego se sienta y se queda pensando, absorto, como el que vive un tiempo diferente al del resto.

Las canciones de Muguruza, hermano mayor de Fermín, transmiten cotidianeidad, calma apacible, tradicionalismo, raigambre, calor. Cantadas en euskera, parecen una antítesis de la post-modernidad urbana y digital del siglo XXI. Las presenta hoy en Pamplona, el 14 en Villabona (Guipúzcoa), el 15 en Araia (Álava) y el 27 en Durango (Vizcaya).

Sorprende que un disco tan sereno se geste en un lugar de tanta convulsión política como el País Vasco. ¿Cómo se explica esta diferenciación?
Yo procuro vivir atento a lo que ocurre pero sin dejarme obsesionar por esa cara de la realidad. La realidad de una persona es mucho más rica de lo que algunos en mi país pretenden. En cuanto a la política, me interesa, pero no tanto “la política de los políticos”.

¿Cuál es la conexión actual entre arte y política en el País Vasco?
Creo que la gente de la cultura está actualmente bastante alejada de esa política de los políticos. Me parece que es algo que no sólo afecta a ese sector social; hay tal astío en el País Vasco –especialmente desde el final de la última tregua–, que no sé las consecuencias que traerá para el futuro de la comunidad.

¿Qué le parece que le sitúen junto a grandes cantautores vascos como Mikel Laboa, Benito Lertxundi o Ruper Ordorika?
Me gusta estar junto a ellos. Los dos primeros son referentes para todos los que estamos en la música en euskera, y el tercero es uno de los máximos exponentes de la canción de autor actual.

Ya son nueve discos en solitario. ¿Cómo ve la evolución de su carrera?
La veo bien. Veo, sobre todo, que mantiene una coherencia. Lejos de mis miedos iniciales, el haber comenzado en la canción de autor bastante tarde ha posibilitado que ahora pueda asumir como propia toda esa obra sin ningún tipo de apuro o vergüenza.

¿Por qué ese título, ‘Konplizeak’?
Hablo de complicidad porque creo que ese concepto refleja con fidelidad lo que yo vivía con mi padre, al que perdí inesperadamente el año pasado. Ese concepto que Iñaki Irazu explica con acierto en su poema Eskaintza: “Si vienes a mi casa, no habrá preguntas estériles, te recibiré siempre bien contento”.

¿Se pueden considerar sus canciones como música adulta?
Hay niños a los que les encanta. Pero sí que tiene bastante de adulta, en el sentido de que la temática es difícilmente comprensible para niños y adolescentes.

Dice la hoja promocional que se ha ganado el respeto de Jackson Browne, ¿cómo fue eso?
Jackson es muy generoso. Nos conocimos hace 10 años con motivo de su homenaje y desde entonces no deja de elogiar mi trabajo y de repetir que prefiere mi versión de Niño a la suya original. Pocos autores harían eso.

¿Cómo surge la colaboración con Martirio?
En casa somos seguidores de Martirio desde hace años, sobre todo de su última época con Chano, Poveda, Son de la Frontera... Su último trabajo, Primavera en Nueva York, es una maravilla.

Hay en este disco una reivindicación radical por lo pequeño, lo cotidiano; algo que choca frontalmente con el mundo veloz e impulsivo que nos rodea.
Lo pequeño –lo de apariencia simple–, es lo que me interesa. Huyo de lo espectacular. La velocidad tampoco me seduce, la verdad. Antes me avergonzaba de ser lento, pero ahora reivindico sin complejos la lentitud y el sosiego.

¿Qué efecto puede crear este disco en el oyente?
No lo sé muy bien. He oído a gente que utiliza mi música para cosas tan diversas... El efecto balsámico que en tantas ocasiones se me atribuye me llena de satisfacción.