Lunes, 10 de Diciembre de 2007

Alrededor del sueño africano

Pre-textos edita ‘El África fantasmal', el diario etnográfico y surrealista de Michel Leiris

CARLOS PARDO ·10/12/2007 - 21:17h

MIKEL JASO -

El surrealismo no fue sólo un movimiento de vanguardia decidido a explorar el mundo de los sueños. De la órbita de aquel cerrado grupo presidido por André Bretón, salieron despedidos algunos de los más afortunados descubridores de las culturas mal
llamadas primitivas.


Por ejemplo, el poeta y dibujante de la duermevela Henri Michaux, autor de obras inclasificables como Un bárbaro en Asia o Ecuador, mapas de la irrealidad hallada precisamente en las fuentes de las culturas que los occidentales hemos llamado primitivas. O nuestro vanguardista Juan Larrea, que dio cuenta en su magnífico libro Orbe de la fascinación por la cultura Inca y por un país, Perú, donde aún era posible expoliar la riqueza cultural y llevarse ídolos auténticos como souvenir. Los surrealistas encontraron en estas latitudes reales la fuerza de objet trouvé y de lo expresivo del sueño.


Michel Leiris (1901-1990) fue un caso paradigmático de disidencia dentro del grupo. Amigo de Bataille y de Roger Callois, fundó con ellos el College de Sociologie, y vivió la vitalista y compleja época de entreguerras. Hoy nos sería difícil resumir la importancia de estos atípicos estudios del hombre que se opusieron a la domesticacióndel pensamiento salvaje de las poco pacíficas colonias.La filosofía, antropología, ciencia y hasta la poesía no serían los mismo sin ellos.

Cinturón etnográfico
La obra de Leiris El África Fantasmal (Pre-textos) narra en primera persona la misión Dakkar-Yibuti (1931-1933), ambiciosa apuesta de la etnografía francesa por ponerle un cinturón al desierto del Sáhara desde las costas Atlánticas hasta el Mar Rojo.

Leiris utilizó para este importante libro, que por primera vez se traduce al castellano, la forma de un diario personal. No quería mirar por encima del hombro ni engañar a nadie con supuestas objetividades. Por ello, este cuaderno deliberadamente biográfico mantiene la frescura de los libros de viajes, cuando viajar aún era una experiencia integral, con algo de Indiana Jones, sin restar importancia a su valor como estudio antropológico. Pero Leiris no puede evitar, por suerte, escribir la realidad africana como un poeta.


"20 de octubre. Nada. Todo estancado. Poco a poco nos acercamos a los sacrificios humanos. Las piedras y las obras de mampostería que nos rodean se vuelven cada vez más sospechosas. Coladas de crema de mijo, charcos estrellados", escribió.

La crónica de la política y de las costumbres africanas se convierte en la bienvenida a un mundo que hermana la brutalidad con el sueño.
De Senegal a Etiopía, pasando por Sudán, Alto Volta, Nigeria, Camerún, Chad y Egipto, el itinerario de la expedición europea viene acompañado de una progresiva pérdida de prejuicios. Pero si se van los prejuicios, desaparece el hombre: a veces el tedio que sólo se puede rellenar buscando pelea.

Fruto de la expedición fue el Musée de L'Homme, donde trabajaría el propio Leiris, y sobre todo la moda africana que se extendió por occidente: Josephine Baker, el boxeador Panamá Al-Brown, Buñuel y la revista Minotaure, que dedicó un monográfico al viaje, contribuyeron a popularizar lo negro. Pero este libro no se deja atrapar por las redes del exotismo y al lector le sorprende lo mismo que a Leiris: nuestra cultura occidental envejece peor.

"Schaeffner llega cargado de noticias. Extraño
anacronismo...".