Lunes, 10 de Diciembre de 2007

El asalto a la revolución de Mao Zedong

La Revolución Cultural afectó a miles de dirigentes e intelectuales chinos acusados de traicionar los ideales del maoísmo

SERGIO G. MARTÍN ·10/12/2007 - 21:19h

AFP - Un grupo de jóvenes campesinos de Nanshan recita algunos versos del ‘Pequeño Libro Rojo’ de Mao (1967).

La plaza de Tiananmen se encuentra abarrotada. Cientos de jóvenes pertenecientes a la Guardia Roja alzan al ritmo histérico de sus consignas el libro de Mao. Una caravana de hombres cabizbajos entra por un lateral provocando el silencio progresivo de la muchedumbre. Son los veteranos líderes de la Revolución portando en sus cuellos unos carteles donde narran sus pecados contrarrevolucionarios. La dignidad y el orgullo que los precedía en otros tiempos han dejado paso a la vergüenza.

Las escenas de escarnio público de funcionarios, intelectuales y miembros del Partido Comunista Chino (PCC) se extienden por todo el país. El 18 de julio de 1966, Mao afianzó su poder imponiendo nuevas medidas para evitar la deriva capitalista de la revolución.

Un año antes, los periódicos oficiales muestran a Mao nadando e informan de que el Gran Timonel es "cuatro veces" más rápido que el campeón del mundo. La desproporción se corresponde con el mensaje a transmitir: Mao está en perfectas condiciones y regresa para reconducir el país mediante una nueva revolución: la Revolución Cultural.

La lucha contra el capitalismo

La nueva revolución puede comprenderse desde el maoísmo. Según el líder, la burocracia se convertiría en una nueva burguesía, la cual podía restaurar el capitalismo. Sin embargo, la Revolución también puede comprenderse como una mera lucha por el poder.

Tras el fracaso del plan económico conocido como El Gran Salto Adelante, Mao dejó en el poder a Liu Shaoqi y Deng Xiaoping. A mediados de la década de los sesenta, el país se encuentra estancado y el PCC dividido. Y el acercamiento a la URSS pone en alerta Mao.

Sin embargo, para que el líder aparezca de nuevo en el escenario será imprescindible la intervención de dos personajes ávidos de poder: Lin Biao, líder del Ejército y Jiang Qing, la propia mujer de Mao.

Vejaciones y asesinatos

Para alcanzar sus objetivos es imprescindible recuperar el terreno perdido. En 1965, se censura el libro Hai Rui de Wu Han, tachado de contrarrevolucionario por los maoístas. Quienes lo defiendan serán expulsados de sus cargos.

En mayo de 1966, aparecen los periódicos murales en la Universidad de Pekín. Al ser gratuitos el papel y la tinta, se convirtieron en el soporte para denunciar a los traidores.

Con el regreso de Mao al poder, la Revolución Cultural se dispara. En 1967, al grito de "No hay construcción sin destrucción", los desordenes y las vejaciones se popularizan. Profesores e intelectuales ven como sus casas son arrasadas. Muchos son asesinados.

Mao introduce la reeducación como medio de perdón público para los contrarrevolucionarios, a la vez que devuelve el control al Partido. Un año más tarde, en abril de 1969, da por concluida la Revolución. Sin embargo, las consecuencias de ésta persistieron hasta años después de la muerte del dirigente comunista (1976).

La cultura fue una de las principales perjudicadas. Los contenidos ideológicos primaban sobre los científicos en los programas escolares. El arte que no ensalzase los principios maoístas era destruido. Y, lo más grave, se simplificaron los caracteres de la escritura, como en una nueva versión del neolengua orwelliano.