Lunes, 10 de Diciembre de 2007

Los Nobel entregan unos galardones aplicados al progreso social con grandes ausencias

Una gala con las grandes ausencias de la escritora británica Doris Lessing y el economista Leonid Hurwicz y en la que los discursos de entrega resaltaron el valor social de todos los trabajos galardonados.

EFE ·10/12/2007 - 20:12h

La autora británica Doris Lessing será la principal ausente de la ceremonia de esta tarde. EFE

El rey Carlos Gustavo de Suecia entregó esta tarde en el Konserthuset de Estocolmo los premios Nobel 2007 de Física, Química, Medicina, Literatura y Economía en una gala en la que faltó Doris Lessing y en la que los discursos de entrega resaltaron el valor social de todos los trabajos galardonados.

"Este año, los Premios Nobel pueden ser vistos desde una perspetiva diferente (...) desde la investigación aplicada al progreso social", expresó, en nombre de la Fundación Nobel, el doctor Marcus Storch en el discurso inicial.

Grandes ausencias y ninguna sorpresa

Por lo demás, la ceremonia de entrega de los Nobel volvió a ser un espectáculo comedido y sin lugar para la sorpresa, presidido por el estricto protocolo que acompaña a la Casa Real de Suecia, representada en este acto por el rey Carlos Gustavo, la reina Silvia y la princesa Victoria, heredera al trono.

Tras el himno nacional del país anfitrión, las primeras palabras fueron para los ausentes: La premio Nobel de Literatura 2007, la escritora británica Doris Lessing, y el veterano Leonid Hurwicz, uno de los tres galardonados con el Nobel de Economía.

Lessing, nacida en Kermanshah, en la antigua Persia (actual Irán) en 1919, fue recordada por el miembro de la Academia Sueca Per Wästberg como "un testigo implacable de su tiempo, una antagonista de la autoridad para la que el Emperador nunca estuvo vestido".

El compromiso de su labor literaria, hilado en obras como Canta la hierba (1950) o El cuaderno dorado (1962), "ha contribuido -según la Academia- a cambiar nuestra manera de ver el mundo" y, por ello, y pese a la ausencia de la galardonada, la entrega de su premio fue uno de los momentos estelares de la ceremonia.

El científico francés Albert Fert (Carcassone, Francia, 1938), ganador del Premio Nobel de Física, fue el primero en acercase personalmente al círculo que centra el escenario del Konserthuset, en el que se halla la "ene" amarilla en honor a Alfred Nobel y donde Carlos Gustavo hace entrega de las medallas y diplomas.

Junto al alemán Peter Grünberg (Piesen, República Checa, 1938), recibió del profesor de la Real Academia de Ciencias Sueca, Börje Johansson, felicitaciones (en el idioma materno de cada uno de ellos) en las que destacó que "la mageto-resistencia gigante, el descubrimiento por el que han sido ambos galardonados- ha transfrmado ya el mundo de la informática y las promesas para el futuro son importantes y numerosas".

El único galardonado en solitario, el alemán Gerhard Ertl (Bad Canstat, Alemania, 1936), recogió, tras el discurso de otro profesor, Hakan Wennerström, su Nobel de Química por el estudio de las reacciones catalíticas, que afectan a los semiconductores, a los fertilizantes y a las emisiones de los automóviles y "proporciona una ilustración de lo fructífera relación entre la investigación básica y su aplicación práctica".

A continuación, los tres premiados con el Nobel de Fisiología o Medicina, Oliver Smithies (Reino Unido, 1925), Martin Evans (Reino Unido, 1941) y Mario Capecchi (Italia, 1937) recibieron su galardón por sus experimentos sobre la recombinación genética en los ratones.

Finalmente, se hizo entrega del único premio que no forma parte del legado que Alfred Nobel (1833-1896), el de Economía fundado en 1969 por el Banco de Suecia, sin Hurwicz -que con noventa años es el premiado más veterano de la historia de estos premios-.

Pero sí estuvieron presentes los otros galardonados, Roger B. Myerson (Estados Unidos, 1951) y Eric C. Maskin (Estados Unidos 1951), también responsables de la premiada teoría del diseño de mecanismos.

Tras varios días de ruedas de prensa, conferencias y entrevistas, no se permite a los ganadores del Nobel, según las normas de la gala, ningún tipo de discurso al recoger el premio, que deben agradecer sólo mediante tres reverencias: Una al Rey, otra a los académicos y otra al público.

Así, la única sorpresa se centraba en saber cuál sería este año el diseñador elegido por la reina Silvia, que lució finalmente un vestido vaporoso de color rojo del modisto japonés Gnyuki Torimaru, así como las joyas del patrimonio de la Corona Sueca.

El auditorio estaba decorado por miles de flores traídas desde San Remo (Italia) y la gala fue amenizada por la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo que, dirigida por Kjell Ingebretsen y con la voz solista de la soprano Ida Falk Winland, interpretó fragmentos de obras de Mendelssohn-Bartholdy, Mozart, Stravinsky, Debussy y Händel.

Un millón para el mejor 

Alfred Nobel, el inventor de la dinamita, creó estos premios como última voluntad antes de su muerte, de la que hoy se cumplen 111 años, con la intención de reconocer los avances "que más beneficio reporten a la Humanidad".

Desde 1901, se celebra cada 10 de diciembre en Estocolmo la entrega de los Nobel, mientras que, por decisión personal de su fundador, el Nobel de la Paz se entrega el mismo día y por separado en Oslo, la actual capital de Noruega que entonces formaba parte de Suecia.

Cada categoría recibe su medalla, diploma y diez millones de coronas suecas (1.06 millones de euros, 1,55 millones de dólares) con los que está dotado el premio.

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