Domingo, 9 de Diciembre de 2007

El caso que acabó con De la Rosa llega al Tribunal 14 años después

Hoy se sienta en el banquillo por las acusaciones que la Fiscalía Anticorrupción lanzó por la gestión de la firma Grand Tibidabo, resultado de la fusión entre el Parque de Atracciones del Tibidabo y el Consorcio Nacional de Leasing

FÉLIX MARTÍNEZ ·09/12/2007 - 21:09h

Javier de la Rosa, uno de los tiburones financieros de la España de los 90. EFE

Propiedades que le proporcionaban su cultivada imagen de tiburón financiero languidecen y se pudren sin que nadie se ocupe de ellas. Hoy, Javier de la Rosa vuelve al banquillo. No es otro episodio más de 13 años entrando y saliendo de la cárcel. Comparece por las acusaciones de la Fiscalía Anticorrupción, representada por Fernando Rodríguez Rey, por el caso que precipitó su caída, Grand Tibidabo, que le llevó por primera vez a la cárcel y permitió investigar su trayectoria anterior.

Cuando en 1991 inició su aventura en solitario y empezó a controlar empresas españolas, la magia que le había permitido saquear los fondos de Kuwait se esfumó. No fue de repente. De la Rosa abandonó KIO a finales de mayo de 1992. En diciembre el portaaviones español del fondo kuwaití, Grupo Torras, protagonizaba la mayor suspensión de pagos de la historia de España y presentaba una querella contra De la Rosa y sus superiores.

Aún así, pudo hacer y deshacer a su antojo en el grupo sin aportar un euro a Grand Tibidabo, fusión del Parque de Atracciones del Tibidabo y el Consorcio Nacional de Leasing (CNL).

El CNL nació de la mano de José Ruiz como un ejemplo de capitalismo popular. Una sociedad para captar pasivo de pequeños inversores e invertirlo en contratos de leasing (arrendamiento financiero). Llegó a gestionar más de 28.000 millones de las antiguas pesetas. Ruiz creó una red al estilo de Tupperware o de Avon.

Los comerciales convocaban reuniones de amas de casa o de jubilados y les colocaban acciones como productos financieros con altas rentabilidades garantizadas. No faltaron comunidades religiosas que invirtieron.

Bajaron los dividendos y empezaron los manejos. Se remuneraba el dividendo con nuevos títulos sin consultar a las juntas de accionistas. El Banco de España observó las irregularidades e intervino el CNL. Nombró un consejo de administración presidido por Florencio Cerdá para regularizar la situación. Pero Cerdá tenía otros planes: entregar la sociedad al hombre de moda.

El lujoso yate Blue Legend es hoy poco más que un casco carcomido y nadie lo gobierna ya frente a las playas de la Costa Brava. Y, sin embargo, Javier de la Rosa amasó una fortuna no inferior a los 250 millones de euros entre 1986 y 1994. Casi la totalidad de ese dinero no le pertenecía, pero lograba las llaves de la caja. Él era la garantía de que la compañía iba a estar en boca de todos.

Cuando la norteamericana Anheuser Busch se retiró del proyecto estrella de la política turística de Jordi Pujol, lo que hoy es Port Aventura, De la Rosa se presentó como el caballero blanco que haría realidad el parque temático.

Acusación del fiscal

Estaba convencido de que los pagos que había hecho con dinero de KIO y de Grand Tibidabo a personalidades políticas y a amigos del Rey le blindaban.

Pero la Fiscalía no tardaría en descubrir sus manejos. El escrito de acusación sostiene que compró el paquete mayoritario del CNL con dinero que Cerdá y el director general habían ido extrayendo de la caja de la sociedad a través de intrincadas compañías financieras.

Cobraba comisiones astronómicas en sus sociedades patrimoniales por operaciones inexistentes, según el fiscal, que también le acusa de, a la hora de fusionar el CNL con Tibidabo, falsear el precio de esta última para obtener aún más dinero.

Cuando Grand Tibidabo fue ya una realidad, utilizó los fondos para hacer favores a todo tipo de personajes: entregó 210 millones de pesetas al ex secretario de Presidencia de Pujol para financiar el extinto diario El Observador; resolvió los problemas financieros de los empresarios Ramón Fiter y Eduardo Bueno en la sociedad de aparcamientos de Barcelona Urbas; pagó al diplomático Manuel Prado 1.300 millones de pesetas por unos terrenos en Sevilla que apenas valían 700 millones y financió la clínica que quería dirigir su mujer, New Teknon. La clínica se inauguró el 17 de enero de 1994. Fue en aquella ocasión cuando Pujol definió a De la Rosa como "empresario modelo". Mientras, él utilizaba 1.000 millones de pesetas del aval concedido por la Generalitat para el parque de Tarragona para pagar dividendos de Grand Tibidabo.

El fiscal pide penas de cárcel de 13 años para De la Rosa; 10 años para Juan Cruells; cinco para Florencio Cerdà,; cuatro para Prado y seis para el hombre de confianza de De la Rosa, Arturo Piñana.