Domingo, 9 de Diciembre de 2007

«Hay que acabar con la publicidad de las raciones grandes»

Formiguera pide la implicación de padres y educadores para fomentar la prevención del sobrepeso en niños

ANTONIO GONZÁLEZ ·09/12/2007 - 20:05h

Manu Fernández - El doctor Formiguera, en su despacho del Hospital Germans Trias i Pujols de Badalona.

Xavier Formiguera Sala guiará los destinos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) durante los próximos cuatro años, tras ser elegido nuevo presidente el pasado 25 de octubre. Formiguera llega a esta responsabilidad en un momento en el que la obesidad se ha convertido en un problema de salud pública en España y ha cobrado ya proporciones de pandemia. El nuevo presidente de la SEEDO, que desarrolla su labor al frente de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona), cree que la solución a este problema debe venir del concurso de los esfuerzos de todos, autoridades sanitarias, familias, educadores y especialistas. A su juicio, estos últimos no pueden convertirse en meros observadores de la realidad, sino que deben implicarse en la búsqueda de soluciones mediante la práctica clínica y la investigación.

¿Cuáles son sus principales objetivos para los próximos años al frente de la Sociedad para el Estudio de la Obesidad?

Quiero consolidarla como una entidad viva, que investiga, que se mueve en la sociedad en la que vive. Necesitamos salir a la sociedad. La obesidad es demasiado frecuente y nos preocupa especialmente la dimensión que ha tomado la enfermedad en la población infantil. Tenemos que trabajar codo con codo con el Ministerio de Sanidad y hacernos oír en toda España, así como fomentar la investigación básica sobre la obesidad, porque la práctica clínica no vale de nada si no investigamos las causas que motivan el problema.

¿Qué le parece que la obesidad se haya convertido en una pandemia?

Creo que es escalofriante que en todo el mundo haya 300 millones de personas con obesidad y también el hecho de que el sobrepeso en niños y adolescentes sea ya más frecuente que la desnutrición.

¿Cómo está la situación en España?

Aquí casi la mitad de la población tiene sobrepeso y la obesidad afecta al 16% hasta este momento. Lo peor es que desde hace 10 ó 15 años la prevalencia global sigue aumentando. Se puede decir además que la prevalencia de la enfermedad es mayor en el sur y el este del país, de forma que la situación es mejor en Madrid, el País Vasco y Cataluña, con tasas sobre el 12%; y peor en Andalucía, Canarias y Murcia, donde la obesidad está en el entorno del 20%.

¿Por qué estas diferencias?

No sabemos los motivos, aunque en el caso de Madrid y Cataluña la población urbana tiene gran peso y presenta estilos de vida distintos. Hay que tener en cuenta que la obesidad está ligada al nivel sociocultural y socioeconómico. Siempre se ha dicho que la obesidad es una enfermedad de ricos en países pobres y de pobres en países ricos.

Dice que es muy preocupante el problema en niños. ¿Qué deben hacer los padres?

Es una tarea de todos, de las autoridades, de los científicos, pero sobre todo de los padres y los educadores. Las familias han dejado de preocuparse por la alimentación sana de sus hijos y se la han confiado a la escuela, ya que los niños comen en el colegio y cenan en casa. Como les ven poco tiempo, los padres no les niegan nada. Esto hace 20 años no pasaba. Por supuesto, también interviene el sedentarismo y todas las horas que los niños se pasan jugando con el ordenador o viendo la televisión. Hacen falta, por tanto, cambios en la alimentación y más actividad física.

¿Debería prohibirse cierta publicidad de comida rápida que promociona las ofertas de dos por uno o las raciones excesivamente grandes?

Creo que sí; hay que racionalizar esta publicidad. No pasa nada por comer un día una hamburguesa, pero hay niños que las comen cinco veces por semana y eso no puede ser.

¿Le parece adecuada la labor del Ministerio de Sanidad a la hora de luchar contra la obesidad?

El Ministerio puso en marcha la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y prevención de la Obesidad), que es excelente, pero no deja de ser una declaración de intenciones. Ahora falta desarrollarla y eso va a costar mucho dinero, aunque no hay que olvidar que al final será mayor el coste de tratar la obesidad que el de las medidas que se puedan tomar.

¿Qué medidas deben adoptarse?

Entre otras cosas habría que hablar con la industria alimentaria para que cambie la composición de los productos de vending. Aditivos como el aceite de palma u otras grasas saturadas o poco saludables no deberían estar permitidos para la alimentación humana. A la industria le interesa utilizarlos, porque son mucho más baratos, pero estas son cosas que hay que ir cambiando.

¿Cree que la nutrición debe integrarse como asignatura en los colegios?

Es una idea excelente, sobre todo teniendo en cuenta que la mitad de las comidas que hacen los niños tienen lugar en la escuela. Hemos de ir enseñando poco a poco a los niños a comer sano, porque además luego pedirán la misma alimentación en su casa; y a través de los más pequeños se producirá una mejora en la alimentación de toda la familia.

Los últimos estudios hablan de que la acumulación de grasa abdominal es más peligrosa de lo que parece...

En efecto, lo que llamamos curva de la felicidad o barriga cervecera, que se da sobe todo en hombres, es muy preocupante, y debería llamarse curva de la mortalidad o de la morbilidad, por el riesgo cardiovascular que lleva aparejado. Las personas que tengan este tipo de grasa visceral deben tener mucho cuidado, ya que pueden estar en riesgo incluso aunque su índice de masa corporal [el que resulta de dividir el peso en kilos por el cuadrado de la altura en metros] esté en 26 ó 28, por debajo del límite de lo que se considera obesidad (índice 30).

¿Hay que tener alguna precaución especial con lo que comemos en el periodo navideño que ahora empieza?

Por supuesto, porque es una época de riesgo. La recomendación lógica es la de tener moderación y prudencia en el comer. Extralimitarse un día no engorda, aunque puede causar otros perjuicios, pero sobre todo es un problema cuando los abusos pierden ese carácter extraordinario. Ahora, además, la moda de las cenas de empresa hace que lleguemos ya a las fiestas de Navidad con dos o tres comilonas en el cuerpo.

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