Domingo, 9 de Diciembre de 2007

Europa y África inauguran una nueva era en sus relaciones sin acuerdo sobre el comercio

Los Jefes de Estado, reunidos en Lisboa, firman una estrategia común y un plan de acción para el desarrollo de tres años

ISABEL COELLO, enviada especial ·09/12/2007 - 14:02h

Como en casi todas las cumbres de jefes de Estado, todo fueron elogios en la clausura del encuentro que ha reunido a cerca de 80 mandatarios de los dos continentes para inaugurar “una nueva era” en sus relaciones.

Los gobernantes firmaron un documento de Asociación Estratégica y un plan de acción de tres años que lo desarrolla con medidas concretas.

El presidente de turno de la Unión Africana, John Kufuor, dijo que el acuerdo adoptado “es un hito” y la cumbre marca “el fin de la imposición” y el comienzo de una relación “de mutuo respeto”.

El presidente del Gobierno español, José Rodríguez Zapatero, consideró que ésta ha sido “una de las cumbres más importantes que Europa ha celebrado en su historia” y que con el encuentro “Europa adquiere grandeza política y ética”, al dedicar esfuerzos a lograr que los que tienen menos tengan un futuro.

Emocionado, el primer ministro portugués, Jose Socrates, dijo que “el espíritu de Lisboa” quedará para la historia.

Como contrapartida, las organizaciones sociales se preguntaban si, diez millones de euros después –lo que le ha costado al contribuyente portugués la organización del encuentro por la presidencia portuguesa de la Unión Europea- la reunión servirá en la práctica para algo y cambiará la situación de quienes están sufriendo.

¿Para qué ha servido la Cumbre? 

“Hemos oído hablar mucho de derechos humanos y buen gobierno pero ¿estamos algo más cerca del despliegue de fuerzas internacionales en Darfur o de la restauración del Estado de Derecho en Zimbabue?

¿Se le ha exigido a Sudán que entregue a los sospechosos de crímenes de guerra al tribunal internacional?”, se pregunto el portavoz de Human Rights Watch, Reed Brody.  “Lamentablemente, la respuesta a estas preguntas parece ser no ”, concluyó.

La organización Save The Children se declaró exasperada por el “ejercicio de alto nivel pero de poca sustancia” y se quejó de que ni los líderes africanos están honrando su compromiso de dedicar el 15% de sus presupuestos a la educación, ni los europeos están dedicando, como prometieron hace treinta años, el 0,7% del Producto Interior Bruto a la ayuda al desarrollo.

“Hablan de una asociación de iguales. Ambas partes tienen pues igual responsabilidad por su fracaso”.

Los líderes disienten. “La cumbre nos ha permitido plantear temas con sinceridad y transparencia”, insistió Socrates, quien se reunió con el presidente de Sudán, Omar el-Bashir.

“Le trasladé un mensaje de urgencia, de lo importante que es que la fuerza de paz híbrida de tropas de la ONU y la Unión Africana se despliegue cuanto antes en Darfur”, explicó.

En cuanto a la controvertida negociación comercial, en Lisboa hubo ayer cierta tregua. “Hay desacuerdo pero no ruptura”, dijo el presidente de la Comisión Africana, Alpha Oumar Konaré. “Hemos pactado continuar la negociación, que es lo que hacen los socios”, añadió.

 “Lo que queremos cerrar antes de fin de año son acuerdos provisionales, pero la discusión sobre los Acuerdos de Asociación Económica (EPA en inglés) seguirá durante el año que viene”, afirmó por su parte el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso.

Hasta ahora, según los países africanos, Europa estaba presionando para firmar las EPAs antes del 31 de diciembre de 2007 o afrontar las consecuencias.

El sábado, la visibilidad de una cumbre europea sirvió de gigantesco altavoz para que los africanos reiteraran su oposición a los actuales términos de las EPAs propuestos por Europa, una oposición que ya habían aireado durante meses sin que en Europa se les oyera apenas.

Según los países africanos, los EPAs les imponen una liberalización de casi el 80% del comercio de bienes en 2015. Es un plazo muy corto y una liberalización muy amplia, dicen.

Supondría abrir el mercado africano a los productos europeos, muchos de ellos todavía subvencionados por Europa. Y supondría dejar de ingresar mucho dinero por aranceles que no podrán usar para invertir en salud o educación, arguyen.

Barroso moderó el tono, y dijo que “Europa está dispuesta a oír las preocupaciones de África”, pero no aclaró realmente qué supone la firma de los acuerdos provisionales.

El actual sistema, que debe ser cambiado porque es contrario a las reglas de la Organización Mundial de Comercio, “caduca” el 1 de enero próximo.

A partir de ahí, teóricamente y ante la falta de un marco legal alternativo, las preferencias tarifarias que tienen los productos africanos para entrar en Europa terminan y éstos tendrán que empezar a pagar impuestos.

“Hace 30 años, las exportaciones  de África representaban un 2,1% del total global. Hoy suponen un 0,9% del total. En el resto de regiones del mundo la cifra ha aumentado, en África ha pasado a la mitad”, explicó Barroso. “Si algo es obvio es que el sistema actual no funciona”, concluyó.

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