Sábado, 8 de Diciembre de 2007

Caballo de carreras o pato cojo

La limitación de los mandatos presidenciales es un debate irresuelto, sin que se haya probado una fórmula magistral

GONZALO LÓPEZ ALBA ·08/12/2007 - 19:24h

Por indiscreción, malicia o mero afán de protagonismo, José Bono ha vuelto a poner sobre la mesa el debate irresuelto sobre la conveniencia de limitar los mandatos de los presidentes del Gobierno, un dilema que oscila entre dos modelos principales: caballo de carreras o pato cojo.

Julio Feo, el que fue primer secretario de la Presidencia del Gobierno con Felipe González y el cofre de sus secretos, conserva una dedicatoria del ex presidente escrita sobre un cartel electoral del dibujante José Ramón: "Gracias, aunque me hayas tratado como un caballo de carreras".

Aludía al ritmo maratoniano de la campaña de 1986, pero -aunque no consta- bien la pudo utilizar González para retratar la utilización que de él hizo el PSOE como su mejor activo. Al igual que ocurre con los caballos de carreras, ningún partido retira a su líder mientras gana elecciones.

Construir un líder es siempre el primer objetivo de todo partido, una tarea demasiado costosa como para prescindir de él una vez que se ha conseguido.

Felipe González fue la estrella indiscutible del hipódromo político español durante casi 14 años. Desde tiempo antes ya mostraba síntomas de agotamiento y su cotización había bajado notablemente en las apuestas, pero en su cuadra le exprimieron hasta que dejó de ganar.

Víctima del hiperliderazgo

Consta, según diversos testimonios, que intentó dejar el Gobierno al menos en tres ocasiones, fuera para dar paso a otro candidato electoral o para provocar el cambio de montura en mitad de la carrera.

A saber: en 1988, después de la huelga general de 14 de diciembre, cuando pensó en Narcís Serra para que le sustituyera en 1989; en 1990, cuando volvió a pensar en dejar a Serra al frente del Gobierno coincidiendo con el emblemático 1992, al fulgor de la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona; y en 1995, cuando planteó abiertamente que no sería el candidato en las elecciones del año siguiente y se acordó internamente que le sustituyera Javier Solana, pero la operación se vio abortada al ser reclamado el ministro para dirigir la OTAN.


Víctima de su hiperliderazgo, González ha explicado que si repitió como candidato en 1993 y en 1996 fue para no dar pábulo a "la sospecha de que la gente iba a decir que me iba porque todo se había perdido" (La memoria recuperada, María Antonia Iglesias).

Sólo pudo irse cuando todo se había perdido. Fueron los ciudadanos los que, a la luz del dopaje de escándalos en que se supo involucrado al PSOE y del hartazgo de que siempre ganara el mismo, dictaron la fecha de caducidad.

Si González fue el paradigma patrio del caballo de carreras, José María Aznar lo fue del lame duck o pato cojo. Este término, harto expresivo de los inconvenientes que entraña el modelo, se utiliza en la jerga política de EEUU para referirse a los presidentes cuando ejercen su segundo mandato, especialmente a partir del momento en que ya ha sido elegido el sustituto. En realidad, la expresión surgió en la bolsa de Londres, en el siglo XVIII, para referirse a los inversores incapaces de pagar sus deudas tras el desplome bursátil. De hecho, en algunos diccionarios aparece traducido como "persona incapaz" o "caso perdido".


Víctima de una estratagema electoral

Pero si en EEUU la limitación de los mandatos presidenciales es una pauta histórica, la que se autoimpuso Aznar, aunque luego se intentara reescribir así, ni fue un impulso ético ni respondió a un criterio político meditado. Fue, en realidad, el fruto de una estratagema electoral; más aún, de una ocurrencia, en la que quedó atrapado: "Si alguna vez los españoles me dan la responsabilidad del Gobierno, sólo me presentaré una vez a la reelección".

La idea fue de Miguel Ángel Rodríguez, entonces responsable de Comunicación del PP. "Cuando en 1994 arreciaban los escándalos del Gobierno socialista, Rodríguez se esforzó en buscar una propuesta de impacto. La Ser iba a entrevistar al líder del PP con motivo de las elecciones europeas, y aquélla era una oportunidad que no se podía desaprovechar. (...) a Rodríguez se le ocurrió a bote pronto un compromiso de futuro, afianzado, en todo caso, en la idea de que la continuidad en el poder acaba (...) creando una red de intereses que facilita los comportamientos corruptos (....)" (Pacto de caballeros, Cristina de la Hoz).

Aún es el día en que Rodríguez, cuando recuerda aquello, confiesa: "No sé por qué se me ocurrió esa tontería". Acaso por eso, Aznar nunca cumplió la segunda parte del compromiso: "No tengo ningún inconveniente en introducir un mecanismo de reforma en nuestra legislación para establecer una limitación de mandatos, que no se pudiese estar al frente del Gobierno más de dos legislaturas consecutivas".

Contraindicaciones

Designado el sucesor, el presidente de turno se convierte en un ex presidente virtual, a ojos de la opinión pública, de sus adversarios y de los suyos. Los patos cojos en política no tienen ninguna ambición ni, en consecuencia, ninguna restricción. Pero si, además, la limitación de los mandatos se reduce a que, como propuso Aznar, no sean "consecutivos", entonces se acentuará la tentación de nombrar un sucesor de paja para regresar una vez cumplida la cuarentena.


Así pues, como ocurre con los medicamentos, los dos modelos presentan contraindicaciones. En términos de higiene democrática, la limitación de mandatos parece la mejor vacuna contra el axioma de que "el poder tiende a corromper". Sin embargo, en términos de procedimiento democrático, lo más correcto parece que sean los ciudadanos los que, igual que ponen, quiten.

Zapatero y la ‘intuición' de Bono

Tras la intuición de Bono sobre Zapatero quizás se oculte, simplemente, la lectura de los estatutos del PSOE. La disposición adicional cuarta del Reglamento de Congresos, establece: "Ningún cargo orgánico ejecutivo podrá ser ocupado por la misma persona durante más de tres mandatos consecutivos".


Esta cláusula se introdujo en la Conferencia Política de 2001 y entonces se dijo que tenía efecto retroactivo a 2000, lo que sitúa en 2012 el tope para que Zapatero pueda ser secretario general del partido, aunque no se ratificó hasta el XXXVI Congreso, en 2004. Siendo así, se podría interpretar que la fecha de caducidad se prorroga hasta 2016.

Pero es sabido que lo que un congreso decide, lo puede revocar otro. Y, sobre todo -por la firme oposición de Juan Carlos Rodríguez Ibarra-, se renunció a hacer extensiva la limitación de mandatos a los cargos institucionales. D