Viernes, 7 de Diciembre de 2007

"Se necesitan 100 policías, pero no hay"

R. BOCANEGRA ·07/12/2007 - 20:07h

Aquí hay mucho escapao”, dicen los vecinos. Gente que sale de la cárcel o está huida de la justicia y se refugia en Martínez Montañés (Las Vegas), la peor zona del Polígono Sur, donde adquiere un piso –sin papeles– por tan sólo 300 euros y vive en la impunidad.

Sobre la mesa está un proyecto para situar una comisaría, pero el Gobierno se muestra remolón. Sin embargo, el comisionado ha logrado, aunque temporalmente, que patrullas de Policía circulen por el barrio, incluso de noche. “Les di la enhorabuena cuando me registraron el coche a fondo”, dice un vecino. La seguridad es la principal preocupación para el 85% de los habitantes y la clave de la regeneración final del Polígono.

“Se necesitan 100 policías para controlar esto”, reflexiona Montserrat Rosa, número 2 del Comisionado, “pero no hay”. “No queremos reprimir”, dice Maeztu. Su plan es otro, el cambio tranquilo y contando con los vecinos. “Esto sólo se arregla con la Guardia Civil, pero la de antes, la de Franco”, asegura Joaquín, vecino de Martínez Montañés, acostumbrado a encerrarse en casa por las noches con sus sobrinos para evitar el contacto con las peleas y los tiros y los gritos, moneda común bajo la luna.

En el Polígono unos viven de espaldas a otros. Todos saben quiénes son los malos y hay muros. Los buenos se encierran en sus casas y dejan pasar la noche. En la calle, reinan las candelas, hogueras en la acera. Se han puesto badenes, algunos colocados por los propios vecinos, para evitar las carreras de coches. La droga no sólo se vende en la calle y las casas, también en algunos quioscos, alrededor de los que se arremolinan los malos. Hay narcotraficantes a los que les ha ido tan bien que conservan el piso en el Polígono para el trapicheo, pero viven en chalets en Montequinto y Condequinto, zonas residenciales a las afueras de Sevilla. “He visto tres Ferrari Testarrosa en mi vida”, dice Fernando Domínguez, director del centro de salud Polígono Sur, “uno en Miami, otro en Luis Montoto (céntrica avenida sevillana) y otro aquí”.

Domínguez sostiene que en el barrio hay momentos “pico” y momentos “valle” y lo relaciona directamente con el nivel de droga en las calles. “Si hay gente en la droga y la policía quita droga del mercado, viene más agresiva”. En el centro de salud se intuye cuándo ocurre y los vigilantes de seguridad ponen en marcha el detector de metales situado a la entrada. “El problema es la minoría”, remacha. “Esto es como un campo donde hay 200 vacas blancas y una negra. Dirías: ¡fíjate, hay una negra!”, asegura otro vecino.

Como mancha de aceite

La noche se resume en ver “quién se mete la raya más gorda”, dice un vecino. También hay bares normales, donde los hombres toman la cervecita antes de acostarse. Pero son pocos y están resguardados. No se ven a primera vista. Cuando se pone el sol, las calles son de los malos.

La delincuencia se expandió como mancha de aceite a finales de los 70 y principios de los 80. La administración hizo la vista gorda y el asunto se les fue de las manos. Martínez Montañés fue el foco del aumento del paro, las adicciones, las redes de droga y armas. “Se rompieron los mecanismos básicos de socialización”, concluye Maeztu.

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