Jueves, 6 de Diciembre de 2007

Nucleares: ¿Sí o no?

El inicio de la campaña electoral reabre el debate sobre el cierre o la construcción de centrales en España

MARÍA GARCÍA DE LA FUENTE ·06/12/2007 - 18:58h

La energía nuclear despierta pasiones, tanto a favor como en contra. España cuenta con centrales nucleares desde 1970: La última se puso en marcha en 1987. El debate sobre el cierre o la construcción de nuevas plantas surge cada vez que se acercan las elecciones. Y es que España es dependiente en energía, ya que carece de yacimientos petrolíferos, y las únicas fuentes energéticas con las que cuenta el país para autoabastecerse son carbón, las energías renovables (como la eólica o la solar), la hidráulica y nuclear. Y ninguna de ellas suministra el 100% de la energía que se necesita, al ritmo al que consumimos .

El 19% de la energía

Casi dos tercios del consumo procede de combustibles fósiles, mientras que las centrales nucleares aportarán este año el 19% de la energía eléctrica que se consume en España. En todo caso, en años secos, con menor producción hidroeléctrica, contribuyen con más de la cuarta parte de la energía.

Los inconvenientes nucleares son la generación de residuos de alta radiactividad y, especialmente, su tratamiento. Se guardan en las piscinas de cada una de las centrales, aunque se prevé la construcción de un almacén temporal que recoja los residuos de las ocho centrales (dos de ellas ya cerradas), sin emplazamiento definido por el momento. El Consejo de Seguridad Nuclear y Enresa se encargan de la supervisión de las plantas y la gestión de residuos, respectivamente. Sin embargo, los opositores de las nucleares advierten de los riesgos ambientales y para la salud en caso de accidente.

El Foro de la Industria Nuclear destaca, por su parte, que esta fuente garantiza el suministro de energía, al funcionar todos los días del año y a un precio competitivo. Además, no genera emisiones de gases de efecto invernadero y ofrece competitividad a la industria. El debate y los programas electorales siguen abiertos.

 

OPINIÓN / A favor

El rechazo a la energía nuclear no es progresista (Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física de la Universidad de Sevilla)

Ninguno de los problemas de las centrales nucleares es significativo. Hay 441 reactores funcionando en el mundo y en cinco décadas sólo se ha producido un accidente grave, el de Chernóbil, donde coincidieron circunstancias tan insólitas que si se hubiera planificado perversamente no habría salido peor. Los residuos radiactivos aventajan a los de las centrales térmicas en que se localizan puntualmente y no se esparcen a la atmósfera. Ambos duran miles de años, pero para los radiactivos se vislumbra una tecnología de eliminación por transmutación, lo que no ocurre con el CO2 y otros gases que expelen las centrales térmicas. El uso militar o terrorista de la tecnología nuclear es mucho más controlable que otras más simples e igual de mortíferas, como algunas biológicas y químicas. El verdadero problema de las nucleares es que si el número de reactores se multiplica por diez, el uranio se encarecería, la probabilidad de accidentes aumentaría y el control de los residuos radiactivos exigiría mucho más que unas decenas de guardias civiles.

La solución es consumir menos energía y estabilizar el número de habitantes del planeta. Y luego desarrollar infinidad de vías nucleares de producción de energía eléctrica que la demagogia ha frenado –como el uso del torio–. De las llamadas energías alternativas, la única viable es la solar –térmica o fotovoltaica–, pero por su pequeño rendimiento, siempre será complementaria.

Es un enigma que se identifique el rechazo de la energía nuclear con el progresismo. Es infinitamente más retrógrado el petróleo que el núcleo atómico. Hay quien dice que el proceso de degradación del planeta ya es irreversible y que al desastre sobrevivirá una parte pequeña de la humanidad. Sea ése el caso o no –yo creo que no–, preferiría mil veces que nuestros descendientes heredaran la ciencia nuclear y su tecnología, tan europeas y cultas, a que se vieran esclavos del petróleo y sus dueños.

OPINIÓN / En contra

Una indecisión altamente irresponsable (Joan Herrera, diputado y portavoz de IU-ICV)

En paralelo al debate sobre la necesidad de cumplir con el protocolo de Kioto han aparecido algunas voces que han visto su oportunidad para renuclearizar Europa e incluso España. Los argumentos es que es una fuente limpia, ilimitada e incluso afirman que es barata.

Paradójicamente, los portavoces de las bondades nucleares no nos explican que es una fuente absolutamente inmadura (sus residuos radioactivos duran miles de años); que nos hace depender del exterior (tanto la obtención del uranio como su enriquecimiento se produce fuera de España). La realidad es que hoy sólo se abren nuevas plantas donde el Estado está detrás. A ello se le suma la contribución a la proliferación nuclear.

En este contexto, la cuestión es cuál es nuestro rol: el de un país con nucleares, o el de una sociedad que apuesta por un horizonte sin éstas. Hay que ver si con este horizonte abordamos los grandes retos del modelo energético español, o si por el contrario, continuamos escondiendo la cabeza bajo el suelo, sin planificación ni modelo alguno, con el riesgo de acabar en el 2020 con un parque de centrales nucleares viejo y que no podamos sustituir. Se nos dijo por parte del presidente Zapatero que habría calendario de cierre, y que antes del final de la legislatura el Gobierno establecería un compromiso concreto. Pero al final perdimos cuatro años valiosos, con más despistes que políticas concretas.

El calendario de cierre tarde o temprano debe llegar, por la misma seguridad de las centrales, por las exigencias de la opinión pública e incluso para dar certidumbres al sector. Tendremos que conseguir, que ante los que no quieren que nada cambie, haya una fuerte exigencia política y social de responsabilidad, para no quedar atrapados en la irresponsabilidad de no decidir nada. 

 

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