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Miércoles, 16 de Septiembre de 2009

La astucia de Renato

Dos apariciones del brasileño rompen el muro defensivo del equipo rumano

ALBERTO CABELLO ·16/09/2009 - 22:42h

EFE - El sevillista Renato lucha por un balón con el jugador del Unirea Tiberiu Balan.

Ni es mediapunta, ni es delantero, ni es mediocentro. Es Renato. Un tipo que pasea por el campo sin frontera que le acote su territorio. Tiene visa para viajar a cualquier parte. Con un equipo tan abrigado como el Unirea, la sorpresa siempre suele ser una de las mejores artimañas para desmontar la trampa. Para esas cuestiones el Sevilla cuenta con Renato. Se mueve como nadie entre las trincheras. Apareció por la banda izquierda para dar una asistencia a Luis Fabiano que rompió los planes del Urziceni.

Casi apurada ya la primera parte, el delantero enganchó un disparo de esos que inhabilita toda maniobra de un portero. Tan ajustado fue al poste que al gigantón Arlaukis de nada le sirvió prolongar hacia ese lado su corpachón de ala-pívot. Faltó mano para raspar esa pelota llena de veneno.

La maniobra de Luis Fabiano desmontó el simposio defensivo de Dan Petrescu. El Unirea se trajo de Urziceni a nueve guardaespaldas con la única misión de retrasar lo más posible el gol del Sevilla. Tanta escolta resultó incomodísima. Y es que ayer costó hacer ancho el campo. Con la aparición de Navas y Capel en el once se presumía un equipo con las alas abiertas. El zurdo tuvo algo de presencia; el flaco diestro apareció bastante menos. En descargo de los dos extremos ,Fernando Navarro y Sergio Sánchez no dieron todo el apoyo para desbordar por los flancos. Siempre hubo demasiados metros de distancia entre los dos atacantes y sus laterales. Así, sin juego de banda, el fútbol ofensivo del Sevilla estuvo concentrado en las botas de Luis Fabiano y Kanouté.

Juego por el centro

Son tantos años juntos que el malí y el brasileño no necesitan ni mirarse. Cada uno sabe lo que quiere el otro. Una pared por aquí, un pase por dentro por allá. Nada pudo superar al regimiento que Petrescu reclutó para esa zona del campo.

Capel intentó abrir el abanico. Su catálogo es el de siempre. Ruptura por dentro para provocar la falta del defensa. El almeriense es una máquina de fabricar tarjetas amarillas. El arbitro multó a todo aquel rumano que se atrevió a colarse en el carril del rubio. Sólo le faltó encontrar a alguno de sus delanteros cuando tuvo oportunidad de meter el centro.

El ritmo de Zokora

El empujoncito hacia delante del Unirea en el segundo tiempo le vino bien al Sevilla. Al que más a Zokora, una locomotora que sufre cuando el partido se empana. Descarrila cuando se encuentra muchos vagones en su raíl. Con campo por delante es una máquina de alta velocidad. Arranca como una flecha hacia la portería contraria al contemplar sólo verde en su horizonte..

La apretura del Unirea fue sólo un simulacro. Una intención que se quedó en nada por la limitada calidad de los rumanos. Por si las moscas, Renato evitó cualquier susto a la salida de un córner. Otra vez apareció en el sitio por el que nadie sospechaba para remachar un cabezazo de Luis Fabiano a la salida de un saque de esquina. El dominio ya fue total en el último tramo del partido. Sólo faltó el primer gol de Negredo.

Navas se pasa al diésel 

Todavía le falta la explosividad, ese ritmo homogéneo y constante que termina por ahogar a su marcador. Ese físico privilegiado de Jesús Navas sufrió un parón en plena pretemporada por culpa de un fuerte esguince de tobillo. Todavía es pretemporada para el extremo, por ello ahora se planta en los partidos más como un diésel que como un bólido de gasolina.

Ha sido titular en todos los partidos oficiales que ha disputado el Sevilla en la temporada pero todavía es evidente su falta de ritmo. No fue hasta la segunda parte cuando se le notó con algo más de chispa para encarar al lateral y romper por su banda.

Se palpa también la falta de compenetración con su guardaespaldas en la derecha, Sergio Sánchez. Fue el estreno del ex zaguero del Espanyol con su nuevo equipo y los primeros metros que compartió con Jesús Navas en partido oficial. En determinadas jugadas el palaciego necesitó más apoyo de su compañero para intentar el desborde.