Miércoles, 5 de Diciembre de 2007

Una pared tira un muro

Partido emmorable del Kun Agüero

LADISLAO JAVIER MOÑINO ·05/12/2007 - 23:08h

Los uruguayos sostienen que la pared, paradigma del fútbol colectivo, es propiedad de los legendarios Scarone y Petrone. “El fútbol es pared. Toma, dámela”, suele decir Di Stéfano, que la importó y la sobreexplotó en el Madrid.  A Silva y  Acosta, delanteros de un gran Lanús de mediados de los años 6o les llamaban los albañiles por la frecuencia con la que la utilizaban. Coutinho y Pelé en el Santos también burreaban defensas con esos toques mareantes.

Ese uno-dos electrizante, tac-tac, desactiva entramados defensivos como el más eficaz de los regates. Rodeado de los dos de centrales del Copenhague estaba Agüero en la frontal del área. De espaldas a la portería, tan minimizado él entre esos dos tallos. Se encontraba en una situación más propia de un pivote de fútbol-sala cuando le devolvió el balón con el interior a Simao, que rompió por el centro. Dos toques y un gol. Una pared tira un muro: un sistema defensivo.

Dicen los clásicos que el lugar más complicado para tirar una pared es la frontal del área. Allí la construyó Agüero, que interpreta a la perfección la suerte. Bracea y culea para protegerse y luego tira de técnica.

 Si Agüero aplicó el manual en esa pared con Simao, en el gol que sentenció el partido mezcló la picardía y el frío goleador que lleva dentro. Hizo picar a la defensa danesa, que creyó haberle dejado en fuera de juego. El Kun arrancó en su propio campo, estaba al límite, y emprendió una carrera en solitario hacia el gol. Tuvo una de esas galopadas en las que el exceso de tiempo para pensar encoge la pierna de muchos. No es su caso. Cuando se plantó delante de Christiansen ya sabía cómo lo iba a ejecutar. Le midió la salida, le amagó el disparo, siguió de largo y depositó el balón en la red.

Para entonces el Copenhague ya sólo era una suma de voluntades esforzadas. Un quiero y no puedo porque esta vez sí el juego defensivo del Atlético existió.