Miércoles, 5 de Diciembre de 2007

La vida entre dos muertes

Es posible superar un coma profundo, como el que vivió el guardia civil Fernando Trapero en sus últimos días

AINHOA IRIBERRI ·05/12/2007 - 21:01h

Júpiter - Una mujer, en estado de coma.

El guardia civil Fernando Trapero fue asesinado por ETA dos veces. La primera, el pasado sábado, cuando una bala se alojó en su cerebro provocando daños irreversibles. La segunda, ayer, cuando la actividad cerebral cesó por completo y los médicos del Hospital Côte Basque de Bayona (Francia) declararon su muerte.

En España existen 250 unidades de cuidados intensivos que acogen a pacientes en la misma situación que estuvo Trapero sus últimos cuatro días, entre dos formas de muerte, en coma profundo y sin posibilidad de recuperación. Estas unidades acogen historias dramáticas, casi siempre anónimas, que suelen estar protagonizadas por gente joven y que son el pan de cada día para muchos médicos intensivistas.

Detrás de estas situaciones se esconde, no obstante, la esperanza para muchas otras familias, aquellas que esperan un órgano apto para un trasplante. Las personas con muerte encefálica son los principales donantes de órganos.

El término “coma” asusta mucho a la población, pero no siempre es irreversible. Tal y como explica el coordinador de trasplantes del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, Francisco del Río, al paciente que entra en un quirófano se le ha inducido un coma farmacológico del que, como es lógico, se recuperará tras la operación. Cuando un boxeador es noqueado, añade este especialista, lo más probable es que haya entrado en un coma transitorio. Las cosas cambian mucho cuando se trata de un coma profundo.

El portavoz de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias José María Domínguez-Roldán explica que una de las muchísimas funciones que desempeña el cerebro es la de relacionarse con el entorno, lo que se mide con el nivel de consciencia. “En el coma profundo el individuo no es capaz fisiológicamente de hacerlo, no sólo por falta de voluntad, sino tampoco ante estímulos externos”, señala.

Unas 250 personas

“Actualmente podrían existir en coma –es decir, pacientes con un proceso agudo reciente ingresados en las unidades de cuidados intensivos– mas de 250 pacientes, de los cuales la mayoría recuperará consciencia, un porcentaje bajo quedara con secuelas permanentes y un mínimo porcentaje evolucionara a muerte cerebral”, detalla este especialista.

La línea que marca la diferencia entre salir o no de un coma profundo no está descrita con exactitud. Explica Del Río: “Es difícil saber qué porcentaje de pacientes sale de la fase aguda –en la que necesitan ventilación mecánica–, pero depende mucho de que se empiece cuanto antes el soporte vital. El paciente puede evolucionar hacia la muerte encefálica o la estabilidad neurológica, pero, en este último caso, es fácil que queden secuelas”.

A pesar de la falta de evidencia sobre los pacientes que consiguen superar el coma profundo o la fase crítica, es más que probable que a los médicos que atendían a Trapero en Bayona no les haya sorprendido la muerte del joven guardia civil.

“Cuando tenemos a un paciente en coma profundo, empezamos a sospechar un deterioro neurológico y una posible evolución a muerte encefálica en el momento en que comienzan a desaparecer una serie de reflejos, como por ejemplo el hecho de que las pupilas dejen de reaccionar a la luz”, apunta Domínguez-Roldán.

No sólo se ve la reacción de las pupilas, según el protocolo que se utiliza en las UCI son hasta 10 los reflejos que se deben evaluar. Así, antes de declarar una muerte encefálica, habrá que comprobar, por ejemplo, que no hay respuestas motoras tras la estimulación en territorios de nervios craneales o que no se responde a la atropina, un fármaco anticolinérgico.

En La Flor de mi secreto Pedro Almodóvar narra –simulando los cursos reales que reciben los médicos para solicitar los órganos de un paciente en coma– lo difícil que es para una madre entender la muerte encefálica.

Domínguez Roldán no lo ve igual: “Lo que es difícil de asumir es la muerte en sí, porque suelen ser casos inesperados. El hecho de que puedan ser donantes supone incluso un cierto alivio emocional para las familias”.

Superar un coma profundo

Para los que superan un coma profundo hay varias alternativas. Algunos salen de la UCI sin secuelas, pero no es lo común. Explica Del Río: “El paciente puede quedar vegetativo, que es como se define cuando respira por sí mismo, presenta latido cardíaco, pero no es capaz de conectar con el medio”.

A estos enfermos, se les puede mantener así “por tiempo indefinido”. No obstante, señala el experto, a pesar de los cuidados es frecuente la aparición de infecciones, ya que la inmovilidad sostenida afecta al sistema inmunitario, aunque el paciente esté bien nutrido”.

Existe un último estado, quizá el más conocido de los comas, a través de las películas y los medios de comunicación. Es lo que clínicamente se denomina estado de mínima consciencia, en el que existe una cierta, aunque mínima, evidencia de que el paciente tiene consciencia del entorno o de sí mismo: “Son los que, por ejemplo, reaccionan levemente ante la voz de un familiar”, concluye Domínguez-Roldán. Éste no era el caso de Trapero.