Martes, 4 de Diciembre de 2007

España quita y pone bombas de racimo

El Gobierno fabrica artefactos letales contra la población civil, a la vez que trabaja en Líbano para limpiar los explosivos lanzados en 2006 por Israel

DIEGO BARCALA ·04/12/2007 - 10:05h

infografía

España fabrica y comercia con el armamento más cruel con la población civil de un país bombardeado. Dos empresas: Expal (pública) e Instalaza elaboran bombas de racimo capaces de provocar mutilaciones hasta 30 años después de haber sido lanzadas. El Gobierno no prohibe su elaboración, uso o almacenamiento a pesar de colaborar en Líbano en la limpieza de estos explosivos lanzados por el ejército israelí el pasado 2006.

La capacidad de destrucción de este tipo de bombas es salvaje y duradera. Estos artefactos causan mutilaciones en Camboya, sobre todo a niños, con una frecuencia de dos veces al día a pesar de que las bombas se lanzaron entre 1969 y 1973. EEUU trataba con estas bombas de detener los movimientos del Vietcong con el lanzamiento de estos explosivos del tamaño de una mano que aún permanecen ocultos en bosques y cultivos.

“Hemos tratado de advertir del peligro de estos artefactos por campañas de radio y televisión, pero los mensajes no llegan a la población”. Es el testimonio de Kike Figaredo, obispo español en Camboya desde hace 20 años. Acompañado de cuatro niños mutilados, el misionero expresó ayer el drama causado por las explosiones.

La esperanza permanece en la futura ley de armamento que obliga al Gobierno a firmar todas las iniciativas sobre la eliminación de estas bombas. El texto que regulará por ley el comercio de armas en España permanece en el Senado a la espera de su aprobación definitiva antes de final de año. Hasta entonces, Greenpeace ha lanzado una campaña para conseguir una moratoria en la fabricación, uso y almacenamiento de estas municiones. Bélgica prohibe desde febrero de 2006 la presencia de este material en su territorio.

El Ministerio de Industria asume la fabricación de este material y esgrime razones de defensa estatal para no renunciar, por el momento, a su uso. El miedo del Gobierno a romper la baraja lleva al país a la indefinición.

España renuncia a tomar la iniciativa mundial contra estas armas, pero respaldará a cualquier país que alce la voz contra ellas.

La mayoría de países fabricantes no aparece en la lista de países por donde ha pasado la lluvia de acero. Afganistán, Irak, Chechenia y los Balcanes son algunas de las zonas en conflicto donde las bombas de racimo mutilarán a los civiles en las próximas décadas.

PROCESO DE OSLO
El ejemplo de las minas antipersonas

> Ottawa 1999
FIN DE LAS MINAS ANTIPERSONAS
155 países firmaron un tratado para eliminar las minas.

> Oslo 2007
CONTRA BOMBAS DE RACIMO
Declaración firmada por 46 países, entre ellos España, para un acuerdo contra estos explosivos.

> Viena 2007
SE SUMAN 36 PAÍSES DESDE OSLO
El jueves, 84 países celebran una conferencia para avanzar lo acordado en Oslo.

Como latas de Coca-Cola

EUGENIO GARCÍA GASCÓN - Análisis

El uso de bombas de racimo se puso de moda en Oriente Próximo durante la última guerra de Líbano entre Israel y Hizbolá, en el verano de 2006.

Los aviones israelíes arrojaron millares en áreas muy extensas del sur de Líbano. Hoy siguen causando muertes, especialmente entre niños que las cogen para jugar por su aspecto atractivo, similar al de una lata de Coca-Cola. Millares de estas bombas siguen sin haber explotado casi un año y medio después de la guerra. El gobierno libanés y las tropas de varios países occidentales –incluida España– han dedicado parte de su esfuerzo a localizarlas y neutralizarlas, y algunos soldados han perdido su vida en esta empresa.

Fuentes militares indican que las bombas que se lanzaron, estadounidenses, pertenecían a unas remesas ya caducadas que deberían haberse puesto fuera de uso, pero que los israelíes almacenaban sin saber qué hacer con ellas, cuando se les presentó la ocasión de lanzarlas en el Líbano. Según Israel, el objetivo eran los milicianos de Hizbolá. Sin embargo, las víctimas, decenas de muertos y mutilados, son civiles. Israel arrojó masivamente estas bombas en los tres últimos días del conflicto, cuando las partes ya habían alcanzado un alto el fuego.

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