Martes, 4 de Diciembre de 2007

Qué hacer en casa por la Tierra

Planeta frito es un libro, casi un manual, para comprender el cambio climático y combatirlo con acciones cotidianas

TONI POLO ·04/12/2007 - 08:18h

Un monje budista de Mongolia observa unas placas solares junto a su monasterio en el Desierto del Gobi el 10 de agosto de 2007. /EFE

"Cuando me metí en esto, en 1993, el cambio climático era algo esotérico". Lo dice Sergio Bulat, abogado especializado en medio ambiente, asistente del copresidente del Grupo de Trabajo II del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), Osvaldo Canziani. Bulat es además autor, con la colaboración de Greenpeace, del libro Planeta frito (Urano), un manual de buenas prácticas para frenar el cambio climático.

Desde que entró a trabajar para el IPCC ha llovido mucho (es sólo un modo de hablar...). Lo corrobora el director ejecutivo de Greenpeace en España, Juan López de Uralde, que presentó el libro días atrás en Barcelona, cuando recuerda un comentario que le hizo su padre un buen día: "Al final vais a tener razón con esto del cambio climático". No hay excusasEn palabras de López de Uralde, "el cambio climático es una realidad no discutible". De esta base parte el libro de Bulat.

Los expertos sostienen que cada vez son menos los que aplican la táctica del avestruz, para actuar como si nada ocurriese; los que comparten esa actitud por puro optimismo tecnológico: "ya se arreglará, como todo"; y los que se consuelan pensando que ellos no pueden hacer nada. Bulat defiende que todos pueden hacer mucho.

Tras las lecciones impartidas por Al Gore y tantas organizaciones ecologistas, el cambio climático ha dejado de ser aquella cuestión esotérica para convertirse en un asunto cotidiano. El libro de Bulat ofrece un catálogo de posibilidades para saber qué hacer a título individual.

Una guía práctica

"Cada uno de nosotros tiene que aportar su granito de arena", explica Bulat. "Si todos cambiamos nuestros hábitos, habremos hecho mucho". Tras explicar qué es el cambio climático, la segunda parte del libro ofrece muchos consejos para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.

A modo de ejemplo, esta retahíla: no utilizar las bolsas de plástico del súper, no pedir recibos en los cajeros o en los peajes si no se necesitan, consumir productos locales, desenchufar los cargadores de los móviles cuando no están alimentando la batería, utilizar bombillas de bajo consumo, abrigarse un poco más en casa para no poner la calefacción demasiado alta, no quedarse parado contemplando qué se tiene en la nevera, aislar la caldera, tapar la olla al poner el agua a hervir, cerrar el grifo mientras se cepillan los dientes...

La lista es muy larga y se espera que los lectores aporten más ideas para próximas ediciones. El tratamiento y la selección de residuos desde casa es una de las actividades de conservación que incumben a todos los ciudadanos destacada por los expertos. Otra es el transporte. "Lo de las bicicletas en una ciudad como Madrid es un esfuerzo militante encomiable", elogia López de Uralde. El libro analiza el exceso de potencia innecesaria de muchos coches y Bulat lanza al vuelo una ilusión: "Tal vez dentro de poco el glamour no sea tener un coche de 500 caballos, sino tener un híbrido".

La absurda guerra política en España

"España es el único país donde el cambio climático se ha politizado, y eso es absurdo: en Europa, conservadores y progresistas están en contra del cambio climático", dice López de Uralde, para quien las preocupaciones y las ocupaciones en la tarea de frenar el calentamiento del planeta no tienen bandera: "No sé por qué, pero a muchos en nuestro país les ha costado aceptar ciertas cosas, en las que estos ‘ecologistas rijosos' teníamos razón" .