Lunes, 3 de Diciembre de 2007

Orgullo por nuestro trabajo

Los guionistas españoles empiezan a reivindicarse tras la huelga de EEUU. Uno de ellos nos lo cuenta.

SERGIO BARREJÓN ·03/12/2007 - 10:45h

Carlos Molinero, Agustín Díaz Yanes y Tomás Rosón, el sábado en el Cine Doré. DAVID MUÑOZ

El pasado sábado, varios cientos de guionistas residentes en Madrid, convocados por nuestro sindicato ALMA (Autores Literarios de Medios Audiovisuales), nos reunimos en el Cine Doré para discutir nuestros problemas laborales.

Dado que mucha gente ni siquiera sabe qué demonios es un guionista, tampoco sabrán cuáles son esos problemas. Para empezar, no existimos: la Seguridad Social ni siquiera nos dedica un epígrafe. Nos agrupa con los toreros, nada menos: la pluma con la espada, el mundo al revés. Tampoco tenemos convenio colectivo, ni nada que se le parezca. Eso, sumado a la inseguridad propia del trabajo (nadie sabe cuánto va a durar su serie, o si llegará a rodarse su película), y a las condiciones leoninas que algunos productores imponen aprovechando la coyuntura, hace que sólo el 20% de nosotros podamos ganarnos la vida escribiendo guiones.

¿Como los americanos?

Los días previos a la reunión, mucha gente nos preguntaba si haríamos huelga, como en los EEUU. Preguntas tan frívolas sobre temas tan serios como la dignidad laboral no merecen respuesta. Pero lo cierto es que, hoy por hoy, no podríamos. El número de afiliados al sindicato es dramáticamente reducido. Al menos, hasta el sábado. Porque, tras la reunión, se formaron largas colas de guionistas decididos a afiliarse.

Y es que muchos guionistas descubrieron allí que hay una asociación que les asesora y les protege. Sus representantes, los guionistas Agustín Díaz Yanes (Alatriste, Nadie hablará de nosotras...) y Carlos Molinero (Salvajes, Quart, El comisario), y el abogado Tomás Rosón, hicieron un ejercicio de autocrítica al reconocer lo mal difundida que había estado hasta entonces su actividad; y explicaron que ALMA, por diez euros al mes, ofrece asesoría jurídica gratuita; descuentos en cursos y actividades; y, próximamente, un registro para las obras de sus afiliados. Además, mantiene reuniones con productores, cadenas de televisión e instituciones públicas para conseguir mejoras. Un ejemplo: que la nueva Ley de Cine impida acceder a subvenciones a aquellas productoras que deban dinero a guionistas. Lo crean o no, hasta ahora sí podían.

Ésa es sólo una de nuestras reivindicaciones. Otra es el establecimiento de salarios mínimos y categorías profesionales que garanticen, por ejemplo, que no se explote a becarios para hacer el trabajo de profesionales. O una contraprestación por distribuir nuestras obras en DVD, en Internet o en salas del extranjero. Hay más. Todas son reclamaciones que hasta los productores admiten como lógicas (siempre que no haya micrófonos ni contratos delante).

Pero lo que más falta nos hace, por encima de convenios y epígrafes, es un poco de orgullo por nuestro trabajo. Es recordar cada mañana que, sin nosotros, Buenafuente y El Gran Wyoming no serían ingeniosos; J. A. Bayona no triunfaría en medio mundo con El orfanato; y Emilio Aragón jamás habría llegado a ser Médico de familia (para bien o para mal). Es la conciencia de clase la que impulsa a un trabajador a exigir unas condiciones dignas. Desde el sábado, muchos más guionistas están decididos a ello.

Tras la reunión, un guionista y conocido bloguero me confesó que hasta ahora no se había afiliado a ALMA porque ALMA no tenía fuerza. Le contesté que enfocaba mal la cuestión: ALMA no tenía fuerza porque él no estaba afiliado. El guionista Nacho Faerna (El comisario, Amar en Tiempos Revueltos) lo expresó muy claramente: no se puede hablar del sindicato en tercera persona. Nuestra fuerza somos nosotros.

Y desde el sábado, somos muchos más.