Domingo, 2 de Diciembre de 2007

Caín, Abel y la papelera

Los Gobiernos de Argentina y Uruguay se retiran la palabra por culpa de la construcción de una papelera

FEDERICO PEÑA ·02/12/2007 - 18:22h

Una manifestante argentina ante la embajada finlandesa en Buenos Aires, vestida para la ocasión el pasado día 20. AP

Como un amor recién nacido, nada parecía poder separarlos. Corría el 1 de marzo de 2005 y el horizonte los mostraba unidos. Tabaré Vázquez asumía el cargo de presidente de Uruguay y desde la tribuna su par argentino se rompía las manos aplaudiendo. "Se abre un aire nuevo en la región. Uruguay es un gran pueblo, lo hemos visto dispuesto a luchar por la justicia y la equidad", dijo Néstor Kirchner.

Había contribuido a la victoria del primer mandatario socialista en 175 años de historia uruguaya y sumaba un país más al bloque izquierdista de Latinoamérica. "Estás en tu casa", le replicó Vázquez. Eran otros tiempos, dulces días de luna de miel. Pero el fuego del comienzo no duró mucho. Hubo un tercero en discordia.

El conflicto comenzó cuando se supo que Vázquez mantendría los permisos de construcción de dos plantas de celulosa en las márgenes del río Uruguay: la finlandesa Botnia y la española Ence, que después fue relocalizada. En la otra orilla, a dos meses de la toma de poder de Vázquez, la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú comenzó a cortar las comunicaciones entre ambos países. Desde entonces cada día se escribe un nuevo capítulo que hunde un poco más las relaciones bilaterales. El fin de semana pasado Uruguay cerró dos pasos fronterizos para impedir el ingreso de los "piqueteros" de Gualeguaychú -así los llama el Gobierno uruguayo-, que planeaban manifestarse frente a Botnia. El Gobierno argentino mostró su enfado, aunque nunca hizo un solo gesto para contener a los asambleístas que en noviembre cumplieron un año de cortes ininterrumpidos en el puente San Martín.

Tras dos años de conflicto el escenario es el peor de todos los posibles. Botnia funciona en el lugar menos conveniente para los argentinos, que además de la contaminación -aún no hay estudios científicos sobre los niveles de emisiones de la papelera desde su entrada en funcionamiento- perderán los beneficios del turismo. La localidad uruguaya de Fray Bentos se encuentra bloqueada y la ciudadanía padece los estragos de los cortes de ruta. Por si fuera poco, Buenos Aires y Montevideo olvidaron su hermandad rioplatense y alcanzaron el peor estado de relaciones diplomáticas de su historia porque sus gobiernos renunciaron a dialogar. En cambio, pusieron el caso en manos de la Corte Internacional de la Haya (CIJ), cuyo fallo se espera a fines de 2008, y que deberá decidir si Montevideo violó el Estatuto del Río Uruguay, según el cual los países comparten la soberanía sobre la cuenca acuífera.

La empresa finlandesa parece ser la única beneficiada. Sus emisiones al aire y al río no serán controladas por una comisión bilateral. Ante cada suceso que pone en el centro de la escena a la papelera, como las emanaciones putrefactas que, según el diccionario de eufemismos, se transformaron en "olor a coliflor hervida", se alega un simple "desperfecto técnico" que se contradice con la perfección anunciada por sus dirigentes. El último "desperfecto" se saldó con seis escolares y una maestra uruguayos en el hospital por mareos.

Una causa nacional

El director de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, Roberto Russell, lamenta que los gobiernos hayan desperdiciado una oportunidad para desarrollar una política estratégica conjunta que incluya a Brasil en el debate sobre localizaciones y normas de calidad para reducir la contaminación. "Para Uruguay las papeleras son una causa nacional, para Argentina no. Entonces, hay una valoración asimétrica. Los uruguayos se vienen plantando eucaliptos hace veinte años y Botnia se inserta dentro de una política de Estado productiva. Pero Argentina se comportó como el grandote", afirma.

En el fondo de esta aseveración, se esconde una broma del folklore rioplatense, según la cual los argentinos tratan a Uruguay como una provincia. El puñetazo sobre la mesa del Gobierno de Montevideo durante la última Cumbre Iberoamericana confirma ese análisis. "Somos un país soberano, no tenemos que pedir permiso a nadie", dijo Vázquez tras autorizar el funcionamiento de Botnia.

Durante la conversación, Russell insiste en que hay que pensar en el futuro porque "Botnia ya está. Pero van a venir muchas más". "Las relaciones bilaterales han quedado muy dañadas y yo espero que Cristina Kirchner y Tabaré Vázquez compongan la relación, que se encuentre una solución estratégica y política, porque esperar el resultado en La Haya es un disparate. ¿Qué van a solucionar los jueces? ¿Cómo van a hacer para arreglar una relación maltrecha por tantos disparates?", pregunta.

Nacionalismo exacerbado

Para el director político de Greenpeace Argentina, Juan Carlos Villalonga, "el pecado original" del conflicto es la falta de diálogo. "Del lado argentino se dejó crecer el conflicto y no se intercedió para relocalizar la pastera cuando se estaba a tiempo. Del lado uruguayo se recurrió al nacionalismo exacerbado."

Greenpeace dejó de participar directamente en la disputa porque "nos quedamos sin margen de acción" cuando se llevó la disputa a la CIJ en mayo de 2006. "Argentina se comportó de manera demagógica y su planteo sobre las papeleras en la Corte usa niveles de emisión de las pasteras en la década del 80. No digo que ahora sean inocuas, pero tampoco son Chernóbil. Kirchner debería haber encausado el diálogo en el Mercosur y no lo hizo. Rechazó la invitación al diálogo interparlamentario planteada por Uruguay. Ante este escenario, el Gobierno de Vázquez, acorralado por la oposición interna, sacó lo peor del nacionalismo más rancio y también cortó el diálogo. ¿El resultado? Botnia empezó a construirse a fines de 2005."

Ladrillo a ladrillo, el conflicto se encerró en una espiral de la que nadie sabe cómo salir. Villalonga lamenta la cantidad de oportunidades que ambos gobiernos perdieron. "En 2002 le advertimos al entonces canciller Rafael Bielsa sobre la construcción de las pasteras. Nunca nos respondió".

Villalonga dice que detrás de Botnia y Ence habrá una decena de pasteras que buscarán instalarse en el cono sur. "En lugar de discutir las normas de calidad medioambiental, el autismo y la impericia de los dos gobiernos solo contribuyó a fortalecer a Botnia", critica. "En La Haya no se va a solucionar nada", opina. En cambio, reflexiona, "nos quedamos sin armas para pelear porque los gobiernos renunciaron a hacer política, a entenderse. Uruguay, exacerbando el nacionalismo. Argentina, victimizándose".

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