Archivo de Público
Lunes, 29 de Junio de 2009

La niñera de Jackson confirma su adicción a los medicamentos

Grace Rwaramba también declara que el cantante tenía contactos con la secta político-religiosa Nación del Islam

ISABEL PIQUER ·29/06/2009 - 08:00h

EFE - Grace Rwaramba, en una foto de archivo del 30 de enero de 2006.

Poco a poco surgen nuevos detalles de la peculiar existencia de Michael Jackson. Una vida tan rara y siniestra como la apariencia del personaje extravagante e incongruente en el que se había convertido el cantante, hecho de retales y descartes. Y los nuevos datos confirman que el rey del pop se había acostumbrado al abuso sistemático y prolongado de fármacos de todo tipo.

En una amplia y confusa entrevista publicada ayer en el Sunday Times, Grace Rwaramba, secretaria y luego niñera de los tres hijos de Jackson durante 17 años, describió cómo ella misma le hizo varios lavados de estómago después de que el cantante ingiriera explosivas mezclas de medicamentos. "Hubo una época en la que estuvo tan mal que no dejé que los niños le vieran", declaraba Rwaramba, que ya intentó advertir a la familia de la peligrosa adicción de Jackson.

En una triste descripción, la ayudante, de 42 años, relató cómo la vida de Jackson se había convertido en un viaje sin rumbo de hotel en hotel por Bahrein, Irlanda Alemania, Nueva Jersey, acumulando deudas, cada vez más errático, aislado y solitario. Un vacío que le devoraba y que en los últimos años habría colmado la Nación del Islam, un grupo religioso-político con sede en Chicago. Se trata de una escisión del islam tradicional dirigida a la población negra con controvertidas creencias.

Rwaramba también contó como Jackson solía guardar fajos de billetes en bolsas de basura y debajo de las alfombras y que últimamente no leía los contratos que firmaba. No parecía ser consciente, por ejemplo, que se había comprometido actuar en 50 conciertos, no diez, como él pensaba, dentro de dos semanas en Londres. Según este periódico, Jackson la despidió en varias ocasiones, la última en diciembre, aunque la ruandesa continuó haciendo visitas a los niños del cantante.

Pero si su vida era complicada, su muerte no lo es menos. El interrogatorio de Conrad Murray, el médico personal de Jackson, que le atendió en sus últimos momentos, no parece haber añadido nuevos datos a la investigación. Murray, insistió la policía de Los Ángeles, no está siendo tratado como un sospechoso y colabora diligentemente con las autoridades.

La familia ordenó una segunda autopsia el sábado para esclarecer las circunstancias de la muerte. Un especialista ajeno a la investigación aseguró en las páginas del Los Ángeles Times que el análisis privado quizás tampoco arroje nuevas pruebas, puesto que es muy probable que el forense oficial se haya quedado con el cerebro del cantante, incluso después de devolver el cuerpo a la familia, para llevar a cabo complejas pruebas toxicológicas que determinaran el abuso sistemático de drogas.

La familia, hundida

Los Jackson parecen estar totalmente superados por los acontecimientos. Siguen discutiendo con las autoridades de la ciudad lo que debería ser un funeral multitudinario y folclórico. "No tienen ni idea de lo que deben hacer", contó una fuente, por supuesto anónima, a la revista People. "No saben ni siquiera dónde enterrarlo. No saben nada. Y los abogados de Michael no les están ayudando".

Según la misma fuente, los tres hijos de Jackson, Prince Michael, Paris y Prince Michael II (apodado Blanket), estarían "destrozados".

En un breve comunicado, los padres y hermanos, aseguraron "no tener palabras y sentirse totalmente hundidos" ante un tragedia tan repentina. "Este es uno de los momentos más oscuros de nuestras vidas". También agradecieron el "apoyo de los fans a los que Michael quería tanto".

La madre del cantante, Katherine, ha contratado los servicios de Londell McMillan, el abogado que el año pasado defendió a la estrella cuando el príncipe de Bahrein le denunció por incumplir su contrato discográfico, para poner orden en el caos de la herencia y organizar los últimos ritos.