Archivo de Público
Lunes, 8 de Junio de 2009

Retrato de los abusos en Cisjordania

Soldados israelíes denuncian los excesos que cometieron sus compañeros en la batida de un pueblo palestino

EUGENIO GARCÍA GASCÓN ·08/06/2009 - 06:00h

Un adolescente palestino permanece detenido por un policía y un soldado israelí en la ciudad cisjordana de Nablus. - ala baderneh / EFE

El último informe de la organización israelí Shovrim Shtika (Romper el Silencio) hace un crudo retrato de los abusos del Ejército en Cisjordania. Los testimonios que aporta explican el comportamiento habitual de los militares israelíes con los palestinos, aunque los nombres de los soldados que se han atrevido a dar testimonio no se publican por razones obvias, incluida la de que todavía están realizando el servicio militar.

El informe, al que ha tenido acceso Público, se centra en una operación que consistió en ocupar el pueblo de Haras, en la zona occidental de Cisjordania, y convertir su escuela en un centro de detención el 26 y el 27 de marzo últimos. La unidad de los sargentos A. y S. tomó la escuela y se dispuso a detener a todos los varones que tuvieran entre 17 y 50 años, aunque entre los detenidos había también niños de 14 años. Se les ató las manos y se les vendó los ojos. La operación duró desde la mañana del 26 hasta el mediodía del día siguiente.

"Lo que más me chocó fue que los soldados nos convertimos en ladrones"

Se presentó un problema cuando, después de varias horas, los detenidos empezaron a pedir permiso para ir al cuarto de baño. "Los soldados que los acompañaban les pegaban y les insultaban sin ninguna justificación... En una ocasión los soldados llevaron a un árabe al baño y le dieron un golpe que lo derribó. Llevaba las manos atadas a la espalda y una cinta de nylon le cubría los ojos... Tenía unos 15 años y no había hecho nada", explica el sargento A. Los detenidos tuvieron las manos atadas durante unas siete horas. En las dos jornadas se detuvo a unos 150 palestinos del Haras, que se pasaron horas y horas al sol en las condiciones descritas.

"Muchos reservistas participaron en la operación y lo celebraban insultando a los palestinos, humillándoles, tirándoles del pelo o de las orejas, con patadas y con bofetadas. Esto era la norma de todo el batallón".

¿Participaron los soldados voluntariamente en estos abusos o había soldados que querían cambiar las normas? "Los soldados no quieren cambiar nada", dice el sargento A. "Ven a todos los árabes como terroristas potenciales. Así lo entienden. Piensan que cada árabe que ven en un control militar es un terrorista. Así es como han sido educados".

Los reservistas israelíes daban patadas y bofetones a los 150 palestinos maniatados

Otro militar que participó en la operación de Haras, el sargento S., indica que todo el batallón se desplazó hasta el pueblo con el objetivo de registrar unas 60 casas. El pretexto era encontrar armas, aunque al final no se halló ninguna.

"Eran las dos de la madrugada e íbamos casa por casa. Las familias palestinas estaban muertas de miedo y las chicas se orinaban encima de puro pavor. Creamos una atmósfera fanática. Entrábamos en las casas y lo revolvíamos todo", cuenta el sargentoS. "Juntábamos a la familia en una habitación bajo la vigilancia de un guardia, a quien pedíamos que les apuntara con su arma y registrara toda la casa. Recibimos la orden de detener a todos los varones jóvenes..., llevarlos al patio de la escuela, atarles las manos y taparles los ojos".

Robando a los pobres

"Los soldados han sido educados para ver a todos los árabes como terroristas potenciales"

Como no encontraron armas, los soldados confiscaron los cuchillos de cocina que había en las casas que ocuparon. "Lo que más me chocó fue que los soldados nos convertimos en ladrones", continúa el sargento S. "Uno se llevó 20 shekels (3,6 euros), otros iban por las casas viendo qué podían robar. Haras es un pueblo donde la gente es muy pobre. Los soldados dijeron: ¡Qué bajón!, aquí no hay nada para robar. He robado lo que he podido, rotuladores, simplemente por decir que he robado algo".

En una ocasión, varios soldados golpearon con la culata de sus armas a un disminuido mental que les había gritado hasta que este se puso a sangrar. "Llevábamos muchas órdenes de arresto ya firmadas, con un espacio en blanco donde se escribía que esa persona había sido arrestada por causar disturbios", dice el sargento S.

"En otro momento, los soldados llegaron a una casa y simplemente la demolieron aduciendo que allí se guardaban explosivos. Teníamos perros que los detectan pero se decidió no traerlos y simplemente destruir la casa. La madre veía todo desde allí y lloraba. Sus hijos pequeños estaban con ella y le golpeaban", cuenta el sargento S.

Yehuda Shaul, director de Romper el Silencio, quien ha recogido las denuncias, está convencido de que los israelíes corrientes creen que, a diferencia de lo que ocurre en Gaza, en Cisjordania reina la calma, algo que de ninguna manera se ajusta a la realidad. No obstante, es muy difícil explicar por qué es tan difícil romper el silencio y que la voz de los soldados rebeldes llegue a todo el país.

La organización israelí Yesh Din (Hay Justicia) ha recogido material de los habitantes de Haras, unas declaraciones que coinciden básicamente con los relatos de los militares citados. Mijael Sfard, consejero legal de Hay Justicia, ha presentado varias quejas ante la Policía Militar israelí, aunque todavía no ha recibido ninguna respuesta.

Retrasos y burlas para cojos y parejas camino de su boda

El Sargento S. cuenta que entre los incidentes que presenció figura uno que ocurrió en un control militar de Qalquiliya, en el norte de Cisjordania. Un palestino cojo que llevaba una prótesis llegó dando saltos. “Un soldado creyó que era una situación divertida y lo detuvo intencionadamente para explayarse y reírse de su cojera. Yo le pregunté al soldado ‘¿Qué haces?’ y le dije al palestino que pasara. El soldado me dijo: ‘Estás contradiciendo mis órdenes’. Discutimos y, por fin, el cojo pasó”.

En otra ocasión llegaron al puesto de control israelí una pareja de novios palestinos camino de su enlace. “El soldado que estaba conmigo me pidió que los retuviéramos para que llegaran tarde a la boda. Nos pusimos a discutir y, al final, les dejamos pasar”.Este tipo de actuaciones las conocen de primera mano cada uno de los soldados israelíes, incluidos los oficiales de alto rango, y por extensión la sociedad entera de este país, aunque la inmensa mayoría guarda silencio y apenas un puñado las denuncian.