Archivo de Público
Martes, 12 de Mayo de 2009

La maravillosa expiación de Antony

El artista inglés dio anoche otro de sus recitales llenos de espiritualidad

CARLOS BARREIRO ·12/05/2009 - 08:00h

El cantante en plena actuación. - GABRIEL PECOT

Ha cambiado el público de sus conciertos, los espacios donde actúan son mucho más grandes, pero Antony And The Johnsons siguen sin desviarse de su objetivo artístico: convertir historias sobre desgracias emocionales en bellas y poderosas canciones.

El artista inglés dio anoche otro de sus recitales llenos de espiritualidad, de tristeza reparadora y emociones a flor de piel. Una vez más, un encuentro turbador con su voz de textura sedosa, que dibuja cadencias que masajean los oídos.

Salió a escena después de una tenebrosa coreografía de la bailarina Johanna Constantine. Lo acompañaban un plantel de músicos guitarra eléctrica, guitarra acústica, bajo, batería, saxofón, violín y viola que arropaban sus esquemáticas composiciones con dinamismo y pasión.

La luz iba aumentando a medida que deshojaba canciones de su reciente The crying light y su voz iba entrando en calor. Un proceso que el público seguía profesándole veneración, y que tuvo sus momentos más intensos cuando se acercó a las canciones de I am a bird now, el disco con el que dejó de ser un secreto del underground norteamericano para convertirse en la estrella que es hoy.

Mientras, él, ensimismado e imperturbable, sentado al piano, sólo rompía el ambiente solemne y apasionado para dar las gracias por los aplausos. Cinco años después de sus primeros conciertos en nuestro país, Antony sigue teniendo un artista único y superdotado.