Archivo de Público
Viernes, 8 de Mayo de 2009

Diccionario sentimental de Ángel González

Es posible que la vida de alguien pueda resumirse en unas pocas palabras. Luis García Montero escribe las definiciones de las palabras que marcaron la vida del poeta asturiano

 

·08/05/2009 - 02:59h

Porvenir
El tiempo a la vuelta de la esquina. En él se esconden las precariedades de la realidad y las obligaciones. La ilusión tiende a refugiarse en el futuro cuando el porvenir mira con hostilidad.

Revolución
Octubre de 1934. Una encrucijada que llenó los sueños de pólvora. El niño que vivió la revolución se acostumbró a ver cualquier paisaje como el anticipo de una ruina.

Noche
Un ámbito de resistencia más propicio a los gatos que a los perros. La noche supone amistad, falta de vigilancia, respiro. Cuando la vida se convierte en un interrogatorio policial, uno agradece el momento en el que se apagan los focos.

Estraperlo
La corrupción, la mentira, la separación ridícula de la España oficial y la España real. Un imperio con hambre.

Memoria
Una parte decisiva del presente. Hay experiencias tan fuertes que están condenadas a regresar. Hay muertos tan queridos que son una compañía cotidiana.

Nostalgia
Sentimiento que no puede encerrarnos en el pasado. Incluso sin esperanza, hay que pensar en el futuro con convicción, y a eso ayuda recordar lo que se ha vivido.

Odio
Conviene recordar, pero no odiar. El odio, como el rencor, supone el triunfo del verdugo. Cuando la verdad se convierte en una obsesión, es tan peligrosa como la mentira. Frente al odio, la dignidad, que es la elegancia de la conciencia.

Iglesia
Ángel se declaraba ateo, aunque confesaba que en su adolescencia se le apareció Dios. La culpa de no creer en Dios, la tuvo la Iglesia. En los años 30, las sotanas fueron una máscara de la violencia.

Amor
Un sentimiento capaz de ser más inteligente y solidario que las ideas. La entrega al otro, el sacrificio de una madre y una hermana. También un modo de imaginar una existencia más alegre en un país lejano.

Amistad
La tragedia necesita crear regiones de complicidad. Ángel aprendió el sentimiento de la amistad en una época difícil. El amigo que le abría las puertas de su casa ponía también en sus manos la vida y la muerte. Casi siempre había un padre escondido, un tío buscado por el ejército.

Amenaza
La mejor maestra para la prudencia, el cuidado del lenguaje y el instinto de supervivencia. Ángel aprendió a decir en voz baja las cosas más importantes. Aprendió a perder para no darse por derrotado.

Costumbres
A veces parecen un lugar aburrido. Pero cuando la historia se pone fuerte y llena de militares y de hazañas bélicas los nombres de las calles, la costumbre es una aliada, una disciplina de resistencia, un otoño interminable al que hay que derrotar con paciencia.