Archivo de Público
Jueves, 7 de Mayo de 2009

Playas de cine: ¡Silencio, se rueda!

Las playas asturianas se revelan como auténticos escenarios de cine para el viajero curioso que sepa descubrirlas.

CARMEN V. VALIÑA ·07/05/2009 - 12:21h

Ayuntamiento de Llanes - La playa de Cuevas del Mar, en el concejo de Llanes, con las características oquedades que le dan nombre.

Caminar por las arenas de Torimbia, Borizu o Toró es recordar a Gonzalo Suárez, volver al pasado con Garci, sentirnos vulnerables en el universo de Juan Antonio Bayona. Y es que las playas asturianas se revelan como auténticos escenarios de cine para el viajero curioso que sepa descubrirlas. No sólo por su belleza salvaje, sino también porque varias de ellas han sido escenario natural para películas que ya forman parte de la memoria cinematográfica de muchos españoles. ¡Silencio, se rueda!

Una madre desesperada busca a su hijo entre los acantilados en un día desapacible; corre y no se escuchan nada más que sus gritos rasgando el aire. Una de las escenas más impactantes de El orfanato, la reciente y aclamada película de Juan Antonio Bayona, tenía una playa asturiana como testigo. El joven realizador eligió los arenales de Andrín, Poo, Torimbia y La Franca para contarnos la intrigante historia de Simón y su madre, una espectacular Belén Rueda. Las playas de Llanes sirvieron de localización para una historia de intriga y profunda emotividad y no defraudarán al visitante que se acerque a conocerlas. La estrecha y alargada ensenada del río Vallina recoge en su margen derecha la tranquila playa de Poo. La de Andrín, de arena y cantos, ofrece desde el mirador de la Boriza un impresionante paisaje calizo en el que los arenales se mezclan con la sierra plana de la Borbolla. Y la playa de Torimbia, que en los años sesenta se hizo popular por la práctica del nudismo, es hoy en día reconocida como una de las más bellas del litoral llanisco.

Muchas de estas playas han sido escenario natural para películas que ya forman parte de nuestra memoria cinematográfica

Lugares aptos para el misterio y para la memoria, inspiradoras de emociones, capaces de despertar recuerdos de infancia y viejos amores... José Luis Garci ha sabido captar en varios de sus filmes la magia de unas playas menos masificadas que las del litoral mediterráneo, más abiertas al descubrimiento de nuevas sensaciones para aquel que transita por ellas. En Historia de un beso las blancas arenas de Barro eran testigo del regreso al pueblo del sobrino del escritor Blas Otamendi; en You´re the one (Una historia de entonces), la playa de Cuevas del Mar, con las características oquedades que le dan nombre, recogía las frustraciones y el volver a empezar de Julia, una mujer que se reencontraba con la olvidada casa familiar y con un pasado que creía enterrado. Y un soberbio Fernando Fernán Gómez redibujaba junto a las playas de Torimbia y Toró el significado del honor a golpe de conversaciones con las nietas en El abuelo. Toró, con sus característicos pináculos rocosos y las banderas azules que han reconocido su calidad, es una apuesta segura para cualquier visita. Y es que caminar por los arenales asturianos tiene algo de vuelta al origen, a la sencillez, a la tranquilidad que nos da el sentirnos arropados por unas playas hechas a la medida del hombre, hermosas en su conmovedora sencillez.

Y junto a ese carácter de retorno al pasado, tienen al tiempo la capacidad para inspirar historias de prodigiosa modernidad, ya sea por el tema que abordan, ya por ambientarse en escenarios situados muy lejos de España a los que, sin embargo, se adaptan con naturalidad. Gonzalo Suárez es un experto en este tipo de filmes: este director ha ambientado la historia de Mary Shelley, creadora de Frankestein, en la playa de Borizu (Remando al viento), y ha integrado el arenal de Ballota y su espectacular panorámica del Mirador de la Boriza en una ciudad europea marcada por los disturbios raciales en El detective y la muerte. Sin olvidarnos del carácter experimental de El genio tranquilo, que tuvo como uno de sus escenarios la playa de Torimbia, o Aoom, que llevó una vez más al séptimo arte la de Toró.

Arenales de cine, que la gran pantalla ha captado y nos ha devuelto para ambientar en ellos historias que nos impactan, nos hacen reír o nos enfrentan con nuestros propios fantasmas. Infinidad de emociones que sin duda experimentaremos si nos acercamos a las playas asturianas. Un auténtico viaje de cine a un paso.

Información práctica:

Info Asturias
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Tel. 902 300 202

Llanes de cine
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Tel. 985 400 164