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Lunes, 4 de Mayo de 2009

Andersen en la campiña italiana

PÚBLICO ·04/05/2009 - 04:41h

Viajero a pesar de querer vestirse de vecino

"El pintor esboza el solitario arco de un acueducto derruido, al pastor sentado junto a su rebaño de ovejas, y en primer plano un dorado cardo, y la gente dirá: ¡Qué estampa tan bonita!". No puede evitar mirar como viajero atrapado por lo exótico de otros paisajes, aunque recurra a excusarse en las anécdotas infantiles de un italiano que marcha de adulto con otros ojos. 

Devoto cristiano, narcisista y contrario a los judíos

Las acertadas palabras de Bloom ("Manifiestamente cristiano, desde el inicio Andersen fue un narcisista pagano que le rindió culto al destino") tienen especial importancia en ‘El improvisador’ por su entrega a la fe y la encendida negación de quienes no la compartían. Niega el amor entre la pareja, hasta que resuelve el equívoco: podéis amaros, ella no es judía. 

La novela sin conflictos

Andersen tarda en enfrentarse a lo peor del ser humano en el libro. Más o menos, cada 111 páginas se atreve a bajar, con mucha precaución, a los conflictos que llenan de frustraciones la vida. Mientras, lo engaña todo con grandes postales y bellos paisajes. De vez en cuando, una muerte, desengaños amorosos, incapacidad para la felicidad y algo de acción. 

El improvisador que no improvisa

"El cielo sabrá lo que inventé, pero el torrente de mis palabras sustituyó a la elocuencia, y mi osadía a la sabiduría, y el hecho de que yo no fuera sino un niño pobre de la campiña añadió al conjunto el adorno del genio". Así se repite una y otra vez para contar su capacidad como improvisador, pero con escasas muestras de sus facultades. Escribe que improvisa, pero nunca qué. 

Siempre quedará el arte y la literatura

Se entrega en cuerpo y alma a Dante y Petrarca, a Rafael y Miguel Ángel. En las descripciones costumbristas con las que cuenta sus encuentros turísticos, prima la mirada de lo extraño, pero distingue entre preferencias: no le atrae tanto Correggio como Rafael, porque los temas del primero son innobles, y los del segundo hacen del pintor "un apóstol de la inocencia".