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Miércoles, 1 de Abril de 2009

"No te dejes acunar por la lectura, mantente atento"

Bernardo Atxaga publica 'Siete casas en Francia', una novela sobre la barbarie

PEIO H. RIAÑO ·01/04/2009 - 09:00h

Bernardo Atxaga afirma que con este nuevo libro pretende dar "mucha caña". - DANI POZO

Atxaga vuelve con veneno. Siete casas en Francia (Alfaguara) narra la barbarie de los ejércitos de Leopoldo II de Bélgica en el Congo. Nada de Obaba, nada de País Vasco. Atxaga ya está aquí de nuevo y llega sobrio, pero sin prudencia al tratar las pocilgas del ser humano. En el relato las ambiciones pierden a los personajes que presenta con contención, sin dejarse llevar por la rabia ante la posibilidad de destrozar la reputación heroica de uno de los capítulos más oscuros de la historia de la Humanidad. Con cuidado destripa las conductas más perversas de un Ejército sin ejercicio de la moral. Están en la selva, todo vale.

El capitán Lalande Biran, encargado de la colonia militar belga Yangambi, junto al Congo, es un tipo perverso, malvado, que lo mismo se le cruza el humor porque no da pie para rematar el poema que lleva varios días en la cabeza sin hilar que viola a menores de 15 años de edad vírgenes para no contraer la sífilis. Un tipo nauseabundo que responde a los caprichos de su esposa Christine: quiere siete casas en cinco años. Y él responde con marfil y caoba para colmar sus apetencias. Arrasa con la selva, prostituye todo lo que le rodea y Atxaga no se ceba. Sin alharacas describe matanzas, costumbres y hábitos que remata quien lee, porque lo escribe desde la sugerencia, no desde la carnaza.

"Si lees los textos de la cultura nazi, te das cuenta de que entre ellos hubo mucho poeta cuenta el escritor vasco, en alusión a que el arte no librará de la maldad. También la conquista española en América no la lleva adelante la vulgar y ruda soldadesca, lo hacen intelectuales, eclesiásticos o teólogos que no creen que los indígenas tengan alma. O por ejemplo, Millán Astray, poeta y militar. Una dualidad que le llevó a traducir del código samurai del francés al español y quien aplicó ese código a la Legión". Pone otro ejemplo más: los poemas escritos por el serbio Radovan Karadzic.

Más allá de la lectura

Reconoce que ha preferido hacer una novela muy realista y muy intencional, con dos momentos en la lectura. Al describirlos recurre a una metáfora: "El primer momento es el que el lector ve el parabrisas, con el capitán, el soldado El segundo momento sucede cuando el lector pasa el parabrisas y entiende que cuando escribo Monsieur X me refiero a nuestro Señor X", explica para subrayar las intenciones que quiere tener con sus lectores. Lo resume claramente en un "no te dejes acunar por la lectura, porque tienes que estar despierto y atento".

"Ya no puedo volver a la queja o a la rabia. Si hago eso, entrará por aquí [y se señala el oído] y saldrá por aquí [y se señala el otro]". Ya nos dijo en su día que en Nevada había encontrado los paisajes que necesitaba para despegarse de su trayectoria y arrancar una nueva. Así que prefirió describir el esperpento de la codicia desde las palabras que hoy se utilizan para entronizar a la avaricia del estafador. "He intentado meter mucha caña en la segunda lectura", cuenta porque hasta el rey aparece disimuladamente.

En Nevada se hizo adicto al realismo

Hasta el más allá

El escritor vasco más traducido dejó hace más de un año su pueblo en Zalduendo (Álava), aparcó por unos meses la dimensión mágica de Obaba, marchó esperando encontrarse a la vuelta "un país mejor" y llegó con su mujer y sus hijas a la Universidad de Nevada (en Reno, EEUU).

Hasta el paisaje

"Es como si en vez de haberme puesto un marcapasos en el corazón, me lo hubiese puesto en la cabeza y no parase de bombearme las imágenes de Nevada, una y otra vez. Ahora escribo desde ese paisaje", contó en agosto el escritor a este periódico en plena euforia.