Archivo de Público
Domingo, 29 de Marzo de 2009

Victoria por accidente

Una acción a balón parado envenenada de suerte por Ramos y rematada por Piqué decide el triunfo (1-0). España no encuentra su juego incomodada por las bajas y por la presión turca

JOSÉ MIGUÉLEZ ·29/03/2009 - 00:30h

ANGEL MARTINEZ - Xai Hernández protege el balón ante un jugador de Turquía.

El anunciado caos turco fue dinamita para la pulcritud española. El llamado caos turco fue, sin la pelota, una presión decidida, agresiva y adelantada, mucho más coordinada de lo que contaban los prejuicios, y una defensa solidaria, atenta y anticipativa en las inmediaciones de su área. El infravalorado caos turco fue, con el balón, ambición, movilidad y técnica, una mezcla capaz de discutirle al principio la posesión a España como nadie había logrado en los últimos tiempos.

El célebre caos turco, en suma, disimuló su anarquía y desorden y se las apañó para apagar por una vez la luz de España, para volverla más espesa y plana que nunca. El verdadero caos turco sólo apareció una vez. Suficiente: sobre la hora de juego, en la mala defensa, horrorosa, de un libre indirecto que, untado de fortuna, entregó finalmente los puntos a España, que ya también gana sin jugar nada bien.

El tejido táctico de la selección jugó contra sí misma, contra su habitual superioridad reciente. La herida de las bajas (Iniesta y Cesc) forzó un nuevo centro del campo que no funcionó. Desnudo por la derecha, sin nadie en la banda, para dejársela entera a Sergio Ramos. Y superpoblado por el medio, con Xabi Alonso y Senna (demasiado iguales posicionalmente) comiéndose un terreno que uno solo habría podido asumir (mejor el donostiarra) y alejando además a Xavi de su escenario de maniobra favorito.

Xavi jugó alejado de su zona favorita, muy adelantado, y perdió influencia

El azulgrana, jefe de la selección, jugó demasiado adelantado para imponer el ritmo y la temperatura al duelo. Acostumbrado a dirigir la circulación, a ser el centro de cada jugada, su improvisada demarcación le desplazó a un rol secundario. Y eso es lo peor que le puede pasar a Xavi. España lo notó.

Nula España en los primeros 25 minutos, al menos recuperó tiempo de balón con el viaje de Cazorla a la derecha y la recomposición del equipo hacia un 4-2-3-1 con Villa algo inclinado hacia la izquierda. El dibujo se volvió más ortodoxo y aunque España siguió sin hacer daño y, por supuesto, sin poner música a su juego, al menos terminó la primera mitad con el dominio a favor.

El anunciado caos de Turquía sólo se vio una vez 

Volvió Cazorla a la izquierda tras el descanso y volvió la espesura al juego. Dio lo mismo. Le arregló la noche una acción a balón parado y un fallo de Ramos en el remate que se disfrazó milagrosamente de asistencia para Piqué. Turquía se rindió.

Tras el gol, Del Bosque retiró a Villa, sacó a Mata y volvió al dibujo con el que había concluido la primera mitad. Y como entonces, sin profundidad ni desequilibrio, la ortodoxia le garantizó minutos de pelota. Y esta vez, además, con sentido. Los que necesitaba para dormir el partido, agarrar el resultado, dejar intacta su racha y reforzar su liderato. La fase final del Mundial está sujeta.