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Martes, 17 de Febrero de 2009

Punto y final al silencio del 11 M

El escritor Ricardo Menéndez Salmón publica 'El corrector' y rompe con el mutismo de los escritores sobre los atentados

PEIO H. RIAÑO ·17/02/2009 - 08:00h

El escritor Ricardo Menéndez Salmón. EFE

Lejos de las bagatelas de las modas, la vida vuelve a ser el compromiso de la ficción. Lejos de la escritura enrabietada de las entrañas, la imaginación ofrece un puente de plata a la razón, para que Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) se mantenga fiel a sus preceptos: ser capaz de montar un corpus que camine al margen de la literatura de entretenimiento. "Esa que cierras y no vuelves jamás a ella", nos decía con la excusa de su anterior novela, Derrumbe.

Ahora llega con otro artefacto que no pone fáciles las cosas al lector. En el otoño de 2005 empezó a escribir El corrector, sosegado para llegar más lejos que la ira de su corazón. Cuatro años después, la editorial Seix Barral publica la novela, en la que el autor repasa los acontecimientos del 11 de marzo de 2004, a partir de una crónica de las 72 horas, que vivió la sociedad española. La experiencia del autor, los atentados, le han hecho modificar las razones de su escritura y firmar un texto que da fe de su tiempo.

"Los españoles decidieron que por esa mentira no iban a transitar"

Si en La ofensa trató el mal como destino y en Derrumbe el mal en formas muy puntuales, en El corrector vuelve al mal, pero vestido con la mentira política. Para ello tiró a la basura el traje de la tercera persona y se pintó con la voz en primera persona hasta el momento había reconocido su desconfianza a ella por la posibilidad de que su vida terminase por contaminar el ejercicio literario, sin máscaras. Y no lo esconde, reconoce que así ha sido, que hay muchos aspectos en los que aparece su rastro en las filias y las fobias del protagonista, Vladimir, un corrector de estilo que ve asaltada su vida por los hechos: "Cuando el primer tren saltó por los aires derramando sobre nuestras pequeñas y esforzadas vidas un aluvión de sangre, cólera y miedo, yo estaba sentado delante de mi vieja mesa de fresno australiano y corregía unas galeradas de Los demonios de Fedor Dostoievski". Un arranque radiante, para un libro osado.

La chispa del incendio

Fue con la comisión de investigación cuando la ira apaciguada volvió a encenderse. Aquel suceso redundó en la mentira y le hizo reaccionar. Asegura que al ver al entonces presidente del Gobierno defenderse con insistencia desde la falsedad, su irritación creció de tal manera que sintió la necesidad de contar para ampliar la lucidez, para subrayar la mentira.

"Todo lo que representa y significa José María Aznar hiere"

"Podría haber reformulado su actitud, pero insistió en la mentira. Así fue como se convirtió en un impostor", explica Menéndez Salmón, que reconoce sentir una animadversión visceral por el personaje. "Es una persona cuya simple visión me produce el rechazo absoluto, es un tipo que me molesta. Por eso digo que su voz, su figura, lo que él representa y significa hiere", en esa apuesta por la toma de partido, por dejarse llevar con serenidad de la mano de sus vivencias como un ciudadano, la que le distancia de las caretas con las que se han escondido los escasos ejemplos publicados hasta el momento sobre el 11 de marzo.

Todo el mundo opinó sobre el tema en aquellos días, pero pocos escribieron sobre él. "Ninguno de los grandes escritores con lugar privilegiado y plataforma en medios ha dado el paso de hacer ficción con aquellos acontecimientos", y no se achica a proponer una posible razón, "sospecho que la prevención de ocupar un lugar de privilegio y de enviscarse con un tema que está todavía caliente es un elemento disuasorio".

Ricardo Menéndez Salmón tampoco ha aceptado la tesis que iguala a todos los terrorismos, tan traída a menudo. Este no es un libro que enseña sólo el terrorismo de raíz islámica. No podía ser así en un país como el nuestro, con más de tres décadas de ETA: "No todos los terrorismos son iguales en sus causas, sí en sus consecuencias. El veneno del que surgen no es el mismo. Porque no se puede comparar a un pistolero a sueldo de ETA, con un muchacho de 18 años que vive en una franja de 20 kilómetros, sin luz, sin agua y está machacado".

"No todos los terrorismos son iguales en sus causas"

La literatura pide explicaciones cuando todos los poderes han hablado. Aunque el escritor apunta a que en 2006 ya habló a la editorial de la existencia de esta novela, le contestaron que había que esperar. Es probable que el mundo editorial todavía no crea que los atentados hayan madurado. Es probable que no vean el filón. Es probable, como el propio Ricardo apunta, que hubiese una fecha en la mente de todos, que marcaría la refrenda de la decisión tomada en las elecciones generales de 2004: las elecciones generales de 2008. "Sospecho que por una especie de cuarentena, mucha gente estaba esperando a ver qué pasaba entonces".

Una vez superado ese miedo, queda claro que este libro no está escrito para herir a nadie: "Acercarse desde la rabia me parecía muy humano, pero poco productivo literariamente. Demasiado obvio. Además, ese habría sido el tono apropiado para una respuesta inmediata, meses después del atentado, pero no era el caso. El tono de la novela es frío y sosegado. Ya ha pasado y hay que ver de qué poderes nos dota la literatura para razonar sobre algo que interpela a las vísceras".

Una novela sin futuro

«Ninguno de los grandes ha tratado el asunto desde

Esa reflexión es la que le ha ayudado a montar la metáfora incisiva: la oportunidad que se le entregó a la sociedad de ejercer sus derechos democráticos, consentidos. "En este caso a la sociedad se le regaló una posibilidad de reflexionar, en un tiempo escaso, sobre lo que el poder le estaba contando. Los españoles decidieron que por esa mentira no iban a transitar, ni a transigir", explica para aclarar que dijeron no a aquella novela que se les estaba vendiendo. Una novela sin lectores.

Afortunadamente, hay libros que conmueven, que zarandean y hacen revisar la misma esencia del ser humano y sus actos. Esos son los libros que contemplan este universo, tal y como nos cuenta el autor, como una suerte de reforma del entendimiento. Y aunque no le promete grandes hazañas, "por lo menos la literatura debe invitar a la gente a no aceptar las cosas porque sí". Enseñar a rechazar los criterios de autoridad. "No creo que haya libros que nos hagan mejores y que cambien el mundo", para renegociar tu relación con la realidad.