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Domingo, 15 de Febrero de 2009

Medicina para astronautas

Dos estudiantes de Barcelona estudiarán cómo actúan los fármacos en microgravedad

ANABEL HERRERA ·15/02/2009 - 22:00h

Sergi Vaquer y Arnau Rabadán, en la Fundación CIM del Parque Tecnológico de Barcelona. EDU BAYER

En condiciones normales, un fármaco potente como la morfina, usada en medicina como un eficaz analgésico, ayuda a aliviar el dolor del paciente. Pero, ¿qué pasa si el paciente se encuentra a una altura de miles de kilómetros a bordo de una nave espacial? Los astronautas disponen de todo tipo de medicamentos, pero en realidad no los usan porque, en gravedad cero, se desconoce cómo reaccionaría el cuerpo humano. Una dosis habitual de morfina podría resultar catastrófica.

Sergi Vaquer, médico residente y estudiante de doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona, de 26 años, y Arnau Rabadán, estudiante de Ingeniería Técnica Industrial Mecánica de la Universidad Politécnica de Catalunya, de 22, se han propuesto arrojar un poco de luz sobre esta cuestión. El próximo otoño, participarán, junto con otros tres equipos de estudiantes seleccionados por la Agencia Espacial Europea (ESA), en ¡Vuela con tu tesis!, una campaña de vuelos parabólicos a bordo del Airbus A300 Zero-G. Su objetivo es investigar cómo cambia la depuración de los fármacos en condiciones de microgravedad.

"Nos dimos cuenta de que se habían estudiado muchos factores que afectan al metabolismo de los fármacos en el espacio, pero nunca el de los transportadores ABC, unas proteínas que están en las membranas de las células y que las depuran de medicamentos", explica Vaquer. En el cuerpo humano existen numerosas proteínas ABC, alrededor de 47 transportadores diferentes, en las barreras celulares de órganos como el intestino, el riñón o el hígado. Una de sus funciones es eliminar sustancias tóxicas de las células, una acción que no siempre es deseable.

En el caso de las drogas de la quimioterapia, por ejemplo, los transportadores las expulsan de las células y no permiten que hagan su efecto. "Si por alguna razón la gravedad es capaz, como sospechamos, de alterar el funcionamiento de estos transportadores, se abrirá una nueva era de investigación espacial que podrá ayudar en gran medida a diseñar más y mejores fármacos contra el cáncer".

Vuelos parabólicos

Así pues, el experimento también puede tener una utilidad médica directa para los pacientes en la Tierra. En microgravedad, según cuenta Javier Ventura-Traveset, jefe de la Oficina de Comunicación y Educación de la ESA en España y Portugal, "se observan fenómenos físicos y químicos con aplicaciones importantes para campos como la industria y la astronomía".

Aunque lo ideal sería una nave espacial, la microgravedad también se puede obtener por medio de torres de caída libre, cohetes y vuelos parabólicos de menor coste. El avión realiza una maniobra de ascenso y picado recorriendo una parábola, como la vagoneta de una montaña rusa.

En el caso del Airbus A300 Zero-G, la aeronave de la compañía francesa Novespace en la que viajarán Vaquer y Rabadán, el periodo total de microgravedad en una parábola es de 20 segundos. "Los vuelos se llevan a cabo durante tres días en el golfo de Gascoña, a la altura de Burdeos", explica Ventura-Traveset. "Cada vuelo consiste en 30 parábolas y se hacen en series de cinco para descansar". En total, 30 minutos de microgravedad. Aunque parezca poco tiempo, en realidad los estudiantes cuentan con 90 parábolas; es decir, con 90 oportunidades para poner a prueba el experimento.

Y aquí es donde Rabadán se la juega. La estructura que diseña en las instalaciones de la Fundación CIM para colocar las jeringas con las que Vaquer realizará el experimento de los transportadores ABC tiene que superar unas rigurosas medidas de seguridad. Desde cómo evitar que se les vengan encima los 300 kilos que pesa el equipo en el caso de que el avión sufriera un accidente hasta cómo evitar fugas de líquidos que podrían provocar cortocircuitos.

"La investigación en el espacio te obliga a esforzarte de tal manera que siempre obtienes un retorno para la industria y las personas", afirma Rabadán. De momento, ambos científicos se pasan el día colgados al teléfono en busca de patrocinadores. El oficio de comercial no se lo enseñaron en la facultad.