Archivo de Público
Jueves, 12 de Febrero de 2009

"Cuando veo CSI se me quitan las ganas de matar a alguien"

Reyes Calderón presenta 'El expediente Canaima', intriga criminal para las masas

CARLOS PRIETO ·12/02/2009 - 08:00h

R. SEDANO - La escritora tira de la manta en su nuevo libro.

Atención, vuelven los noventa, vuelve la corrupción. Tras enfrentarse a un misterio esotérico en Los crímenes del número primo (RBA, 2008), la juez Lola Machor se ve envuelta ahora en un caso de corrupción financiera con ramificaciones internacionales, en la nueva novela de Reyes Calderón (Valladolid, 1961), El expediente Canaima (RBA), presentada ayer.

La escritora, que vendió más de 30.000 ejemplares de su anterior libro, tiene ahora todas las papeletas para entrar a formar parte del club de autores de best-sellers. Motivos no parecen faltar. En opinión del escritor Jorge Reverte , que abrió el fuego del acto con munición de primera, Calderón escribe "mejor" que Ken Follett ("deplorable") o Stieg Larsson ("insoportable").

Para colmo, como confirmó la interesada, la coyuntura es favorable a los libros de intriga: "En épocas de crisis económica se venden más novelas de evasión. Cuando escampe, volveremos al intimismo".

Y, por si todo esto no fuera suficiente, el delito vuelve a estár de actualidad. "Hace años que estudio la corrupción en España", contó la autora, doctora en Economía. "Cuando empezó la democracia era policial y estaba ligada al tráfico de drogas. Hoy está más vinculada a la política y el ladrillo. Protagonizada por unos personajes que salen en las páginas del Hola como ejemplos a imitar". Eso sí, en plena ola corrupta monopolizando titulares, la escritora matiza que "una cosa es lo que ocurre y otra de lo que nos enteramos".

Pero, ¿cuáles son las claves para escribir una trama que enganche al lector? ¿Cómo dosifica el escritor la información clave que sostiene la intriga? El método de Reyes Calderón parece tener más que ver con la técnica que con el instinto. O, por ser más precisos, con la técnica de laboratorio. "No escribo ni una sóla línea hasta que la estructura de la trama no está atada y bien atada", afirmó.

"Primero dibujo en una pizarra lo que llamo un árbol de decisiones. Luego enseño la pizarra a policías, jueces e, incluso, ingenieros de caminos, como hice en El expediente Canaima. Si un policía no se cree la trama por falta de verosimilitud, la historia no me interesa", explicó.

Así, es normal que una maniática de la verosimilitud como ella, no pueda evitar señalar que las ficciones audiovisuales modernas han dinamitado conceptos como realismo o verosimilitud. "Cuando veo CSI se me quitan las ganas de matar a alguien. Me daría miedo hacerlo. ¿Y si me dejo algún pelo en la escena del crimen?", se preguntó, irónica.

"Pero la realidad es mucho más prosaica. La primera vez que estuve en un laboratorio forense pude comprobar cómo funcionan las cosas en la vida real. Era un cuartucho con azulejos blancos y un lavabo, parecido a una consulta médica de los años cincuenta", zanjó la novelista.