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Miércoles, 11 de Febrero de 2009

Se acabó la fiesta

ARCO abre hoy su edición más sombría, con propuestas más prudentes, menos extravagantes y sin grandes inversores que rescaten un año sin ventas.

ARCO contra la crisis

ISABEL REPISO ·11/02/2009 - 16:30h

Hay buen ambiente en la trastienda de la edición más incierta de Arco: intercambio de martillos por cinta adhesiva, chistes sobre el aerosol que escurre, risas nerviosas y algo de bravuconería. "¿Miedo? Miedo tienen los que no están aquí", espeta Alberto Anaut, director de La Fábrica.

Los corrillos que se forman tienen un mensaje de fondo: apechugar. La palabra crisis es impronunciable -"ya hemos desconectado psicológicamente de ella", proclama un liberado Borja Casani, de Moriarty-, aunque recorre los pasillos como un fantasma al que nadie quiere mirar a la cara. "Comprar arte es un estado de ánimo y el estado de ánimo influye más que el dinero", sentencia Damián Casado, de Casado Santapau, y no queda claro si es un hecho constatado o una esperanza desde el talante. Más tajante es Pedro Bonilla de la galería Raquel Ponce: "Hay que seguir luchando".

"Comprar arte es un estado de ánimo y el estado de ánimo influye más que el dinero"

Pero no todo es perseverancia. También se anuncian recetas mágicas, para no desfallecer en el combate de la supervivencia. "Como galeristas hay que ser más prudentes a la hora de traer piezas y estar atento al negociar", avanza Casado. Lo que se traduce en menos   y más mercado: ya no hay espacio para el riesgo.

Este año Arco se presenta menos estridente que la pasada edición, salvo contadas excepciones en la sección dedicada al país invitado, India, y la aportación torera de Carlos Aires: un toro de Osborne, con el mal del priapismo y con bombillas verbeneras. "Los artistas siempre estamos en crisis, pero Arco es una fiesta", se anima Aires. Y es que la puesta en escena de la presente edición contradice el principio de "atrevimiento" que enunció Luis Eduardo Cortés, presidente de Ifema, en la presentación de la semana pasada.

Al fondo hay vida

Está claro que la crisis ha marcado la feria, pero no para acabar con ella. En primer lugar, los galeristas hablan de un cambio en el perfil del comprador: del pez gordo con pasta pero sin conocimiento (cuyo prototipo es el constructor), al joven coleccionista sin tanto dinero, pero con mucha más información.

"Tenía clientes constructores que han desaparecido", confirma el galerista Álvaro Alcázar. "En mi stand nunca se ha parado un gran constructor", comenta Álex Nogueras, de la barcelonesa Nogueras Blanchard, una de las galerías que sobreviven gracias a la nueva generación de coleccionistas.

"Tenía clientes constructores que han desaparecido", dice un galerista

La segunda lección de la crisis es que serán los jóvenes artistas y los muy consagrados quienes se lleven el gato al agua. "Los de carrera media no venderán nada", comenta un inversor, entre dientes. Se refiere a los artistas de 20.000 a 30.000 euros.

Sin embargo, Esther Ferrer (Premio Nacional de Artes Plásticas 2008) ha montado El libro de las cabezas. Autorretrato en el tiempo, valorada en 28.000 euros, y ya está apalabrada desde primera hora de ayer, en el stand de Àngels Barcelona. "El mercado tiende a valorar a los artistas de trayectoria coherente", explica Emilio Álvarez, portavoz de la galería.

En el apartado de los nombres propios se encuentran galerías como Toni Tapiès, con piezas de Jaume Plensa y Tapiès; Mai 36, con fotografías de Robert Mapplethorpe; y Marlborough, que expone un cuadro de Francis Bacon valorado en 13,5 millones de euros. "Nuestra expectativa es vender lo más posible, como siempre", manifiesta la directora de la galería, Nuria Misert, sin ver los colmillos a la crisis.

Margen de negociación

A valores seguros, como la propia Ferrer, se unirán artistas emergentes cuyos trabajos presentan precios accesibles para particulares y coleccionistas medios. Una ventaja, desde el punto de vista del comprador, que las tendrá casi todas consigo para presionar al galerista. Y un inconveniente para los artistas, que este año se han visto con más complicaciones que nunca para ejecutar sus obras, porque el grueso de las galerías ha cortado los adelantos que daban en concepto de producción.

El papel se antoja protagonista, al ser uno de los soportes menos caros

"Esta edición va a funcionar, seguro. Llevo 20 años y la crisis del Golfo a cuestas, y no pasó nada", recuerda Raquel Ponce. La galerista expone obras desde los 1.000 a los 50.000 euros. En Nogueras, abren el abanico de 1.200 a 20.000 euros.

Al hilo de estas previsiones nace la teoría del papel, potencial protagonista de la feria por ser uno de los soportes menos caros. En este sentido Ted Bonin, de Alexander and Bonin (Nueva York) opina que puede ser un factor decisivo. Si bien aclara que no ha elegido el material de Arco en función de los precios. Con todo, cada uno de los tres murales que ha traído de Michael Buthe cuesta 32.000 euros.

Feria de papel

"El papel y la fotografía puede ser una respuesta a la falta de dinero y también una oportunidad para los artistas desconocidos. Para mí, el secreto está en hacer arte para la gente joven, que es la que se animará en esto en los próximos años", opina Víctor Bucher, de Projektraum, de Viena. Un discurso muy propio de la zona donde se ubica, Arco 40, para jóvenes galerías. Con el papel como materia prima, las piezas de Carlos Contente (galería A Gentil Carioca) varían de los 1.000 a los 9.000 euros. Bajo el mismo horizonte pecuniario se mueve el treinteañero Stefan Thiel (Mai 36), cuyas composiciones recortadas varían entre los 3.000 y los 6.000 euros.

Si bien Luis Eduardo Cortés negó que esta fuera una "feria de metros cuadrados", lo cierto es que a mayor espacio comprado, mayor cifra de negocio se le atribuye al expositor. Y en esta línea, la gran galería del año es Helga de Alvear, que saca pecho, monta un paseo por su colección y adelanta al resto con un stand de 500 metros cuadrados. Una superficie enorme si se compara con los 40 metros cuadrados de las más prudentes, o los 150 de los que siempre apuestan por dar aire entre obras.

Cuestión de prioridades

Otra tendencia reconocida en el sector es la de concentrar esfuerzos, esto es, establecer prioridades. Esta actitud ha sido la principal causa de la capitulación de galerías presentes, que este año se ha quedado en 238 y 32 países participantes (a diferencia de las 257 y 34 países de 2008). La merma se ha notado más en galerías alejadas de Europa, como en el caso de la argentina Ruth Benzacar o la mexicana OMR, históricas participantes en la feria madrileña, que este año han preferido limitar su presencia a las citas de Basilea y Miami.

Los consagrados y los artistas jóvenes saldrán fortalecidos, según las galerías

Sin embargo, ninguna de ellas dedica una sección al media art, como la Expanded Box de Arco. "Basilea y Miami tienen espacios dedicados al sonido y al vídeo, pero Arco es único", considera el galerista Chris Byrne de Arc Projects. Un reconocimiento del que también participan el artista coreano Jongku Kim (One and J. Gallery) y el belga Lawrence Malstaf (galería Fortlaan 17).

Arco también cuenta esta edición con un espacio dedicado a performances, por segundo año consecutivo, en el que participa la galería valenciana Luis Adelantado con Un ritmo que nos sigue, del artista Diego Bianchi.

Lejos de la performance, pero siempre cerca de la actualidad, se encuentran algunas propuestas de Arco 40, como Mambrú de Jorge Pineda, un grupo escultural que representa a un ejército de niños guerreros armados y enmascarados con caretas de lucha mexicana. Algo más corporativista es lo último de Eugenio Merino, un Damien Hirst que se vuela la cabeza en una de sus urnas animales. La fiebre del finish fetish llega de Francia con las instalaciones abolladas de Pedro Peinado.

Ajeno a las hipotéticas ventas del cierre de Arco (se clausura el próximo lunes 16 de febrero) una voz se impone: "El mundo cambiará de valores en tres semanas. Los que acierten, ganan", formula divertido Borja Casani, director de Moriarty.

Tal y como lo pintan esto será una pelea, en la que vencerá quien esté dispuesto a negociar con los coleccionistas más duros.

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