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Miércoles, 11 de Febrero de 2009

Benedetti o cómo echar un pulso a la vida con un verso

Hortensia Campanella recorre vida, obra y anécdotasdel poeta uruguayo en la biografía Un mito discretísimo

DANIEL VIGLIONE ·11/02/2009 - 08:00h

Reuters - Benedetti, en Montevideo, el pasado 2006.

"Más allá de los vaivenes de una obra tan amplia, tan variada, tan arriesgada, por encima de los desniveles inevitables, de los gustos y disgustos que depara, la coherencia y la honestidad son de agradecer", reconoce Hortensia Campanella, actual directora del Centro Cultural de España en Montevideo y editora de las obras completas de Juan Carlos Onetti, que recorre la vida y obra del poeta uruguayo en Mario Benedetti, un mito discretísimo (Alfaguara).

Campanella reconstruye para Público 88 años de vida y creación del autor de La tregua. Desde una lejana infancia y juventud (los primeros años del escritor quizá sean los menos conocidos de su vida, en los que no terminó sus estudios secundarios por la necesidad de trabajar), a su matrimonio con Luz López Alegre, pasando por su compromiso político y la censura, el exilio y la nostalgia, para llegar más tarde al retorno al país y a la cercanía de una desvergonzada muerte, que lo ronda amenazante pero que parece espantarse con cada nuevo verso que brinda. Campanella resalta el doble perfil del autor: "Al poeta que siempre hubo en él y al hombre comprometido y de fuertes convicciones políticas. Ambos son indivisibles".

Aplauso contemporáneo

La autora se vale de recuerdos del propio escritor, cartas, documentos y entrevistas que Benedetti mantuvo con figuras de la cultura contemporánea, realizadas en los diferentes sitios en los que él vivió exiliado primero en Argentina, luego en Perú, más tarde en Cuba y finalmente en España.

Estas charlas, que van desde el general Líber Seregni al cantautor cubano Silvio Rodríguez, la poeta Sylvia Lago y su hermano Raúl Benedetti,dan idea de qué se cocía en torno al escritor. Campanella escribe que "Silvio Rodríguez recuerda sus encuentros con jóvenes creadores y sus conversaciones acerca de que el compromiso no tenía que significar siempre aplauso, que una forma de defender, de cuidar la revolución, también podía ser la crítica". Su hermano Raúl Benedetti fue para Mario "su confidente, su apoyo". Incluso en las situaciones más difíciles, como sucedió en 1974, día en que Benedetti tuvo que escapar del país dando a su hermano por teléfono la contraseña convenida: "Me compré un traje".

Estos puntos, como otros del libro, muestran a un hombre cuyas "utopías no lo han hecho ciego. Prueba de ello es que, tras salir de su exilio, Benedetti asume la derrota y empieza a trabajar en una nueva victoria, en un nuevo futuro nada parecido al anterior. Siempre ha sido coherente y honesto consigo".

A propósito de esto, la autora señala que Benedetti acepta la muerte sin amargura, como una realidad. "Hace tiempo que en su obra y en sus conversaciones la muerte está presente. La muerte de sus amigos y la propia la supera escribiendo". La muerte de Luz fue definitoria para poner sobre él un estado de tristeza constante, explica la escritora. "Mario no cree en Dios y no piensa en un más allá, así que acepta la muerte"; mientras, se vuelca en el poema para tentarla.