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Lunes, 9 de Febrero de 2009

"El arte es inútil, no soluciona nada"

El Premio Velázquez de las Artes en 2008 desembarca en el MACBA de Barcelona este miércoles

JESÚS MIGUEL MARCOS ·09/02/2009 - 08:00h

JESÚS MIGUEL MARCOS -

Puede convertirse una botella vacía de Coca-Cola en un artilugio contracultural? Y no estamos hablando de un cóctel molotov. Es algo más perverso todavía: se trata de ponerse a los mandos del sistema. ¿Imposible? Cildo Meireles (Río de Janeiro, 1948) demostró que no. Lo hizo de forma diminuta, lo que ocupaba la frase Yankees go home, grabada en las botellas de Coca-Cola vacías que devolvía a la embotelladora para ser reutilizadas. David contra Goliat. "Me bebí unas cuantas coca-colas", bromea el Premio Velázquez de las Artes de 2008 en una larga conversación con Público. La idea del control siempre le ha obsesionado, quizás por eso no tiene ni móvil ni dirección de e-mail. También le violenta la supremacía de lo visual sobre el resto de sentidos, tendencia contra la que ha luchado en obras como la monumental Babel, una montaña de 800 transistores sintonizados en emisoras distintas. Heredero directo de los brasileños del grupo Frente (Hélio Oiticica, Lyigia Clark, Franz Eissmann), Meireles presenta esta semana en el MACBA la mayor retrospectiva que se ha realizado sobre su obra en nuestro país.

"Tuve un discurso político claro, pero sin caer en lo panfletario"

Una muestra de más de 80 obras. Un gran reto, ¿no?

Sin duda. Tenga en cuenta que la exposición incluye trabajos desde 1967, cuando empecé con los Proyectos de volumen virtual. Empecé a trabajar en ella en 2002 con el director de la Tate Modern, Vicente Todolí, que fue la primera persona que hizo una exposición grande de mi trabajo, en 1995, cuando era director del IVAM de Valencia. Pronto se unió Guy Brett, que también conocía mi trabajo y fue muy importante para el arte brasileño, ya que fue el primero en hacer una exposición de Hélio Oiticica en Londres. Es como trabajar con dos amigos, con sus puntos de encuentro y, claro, con sus discusiones.

Entre sus primeros trabajos están las famosas Inserciones en circuitos ideológicos. ¿Cómo era el proceso de creación?

"La ficción es uno de los aspectos más palpables de la realidad"

A finales de los sesenta, cuando tú comprabas una coca-cola, pagabas el líquido. Por eso, si devolvías el casco, te devolvían su valor. Yo me dediqué a comprar unas cuantas Coca-Colas, me las bebía, imprimía información y mis opiniones en las botellas y luego las devolvía. Entonces, esa botella, ya con mi mensaje impreso, se la entregaban a otro cliente.

¿Era un intento de combatir el poder?

Tenía esa intención, sobre todo en el Proyecto Coca-Cola y en los billetes Zero Dolar [falsificaba billetes y les daba valor cero], aunque no sé si volverá a ocurrir. Tienen un discurso político muy pronunciado, pero siempre intenté no caer en lo panfletario. En realidad, mis objetivos como artista apuntaban hacia otro sitio.

"Hay mecanismos de poder interesados en el control fascista de Internet"

¿Hacia dónde?

Yo quería entrar en discusión con cuestiones que afectaban al arte contemporáneo el lenguaje, la autoría, la escala, la idea de lugar, las cuestiones formales y al concepto de arte a lo largo de la Historia.

En particular, destaca en su obra el juego con la ficción.

"El público es el destino final de la práctica artística, es lo más importante"

Porque la ficción es uno de los aspectos más palpables de la realidad. Es un ejercicio de abstracción desde la realidad, que crea una referencia para la ficción. Sin realidad, no habría ficción.

¿De dónde le viene ese interés por la frontera entre la ficción y la realidad?

Creo que las obras de arte más importantes del siglo XX han transitado esa franja. Como artista plástico, hay dos o tres trabajos que me encantan, especialmente los ready mades de Marchel Duchamp y La guerra de los mundos de Orson Welles. Se trata de obras que transitan entre esos dos mundos de la ficción y de la realidad. Tal vez el de Orson Welles sea más radical, más visible, más directo, mientras que los ready mades son más sutiles.

En La guerra de los mundos la ficción invade la realidad. ¿No es la realidad suficientemente compleja como para añadir un elemento más?

Sí, existen estructuras muy complejas, pero ya hay gente que se dedica a ese análisis de una manera muy sistemática y muy densa, como los científicos, los sociólogos o los biólogos. El arte también hace eso de alguna manera, pero es inútil, no va a solucionar nada.

¿Lo dice en serio? Obras como La guerra de los mundos o su Proyecto Coca-Cola, como mínimo, despiertan a la gente.

En el caso del Proyecto Coca- Cola, era un intento de dar voz al individuo aislado. Posibilitar que una sola persona pudiera afectar al mundo real. En aquel momento, en mi país no se podía hablar de ciertas cosas, como por ejemplo la tortura. Había mucha censura en Brasil.

Esto tiene mucha relación con Internet. Las posibilidades de comunicación del individuo se han redimensionado.

Sí, hemos vivido una revolución. Pero hay dos problemas con Internet. El primero es el control: hace unos años en el Miami Herald leí una carta de una chica preguntando cosas sobre Internet. La típica sección en la que un experto en la materia ayuda a los lectores. ¿Sabe quién era el experto en esa ocasión? Un censor de Internet del Gobierno americano. Es difícil escapar a ese control, ya que muchas veces es difícil de percibir. Internet es una posibilidad inmensa, como nunca antes habíamos tenido, pero seguramente que hay mecanismos de poder interesados en controlarlo de una forma fascista.

¿Y el segundo problema?

La dependencia de una fuente energética. Esa es una de las cosas que me apartaron de hacer cine, que llega un momento en que tienes que trabajar con formatos previos, como son los fotogramas. En el caso de Internet está la electricidad: si la cortas, se para. ¿Te imaginas que hoy hubiera una crisis energética? No sé si el mundo estaría preparado para volver a operar sin Internet.

Cildo dice tres palabras en español y dos en portugués. Habla de forma muy pausada, paladeando cada sílaba. Su rostro blandiblú de muñeco de guiñol no logra esconder del todo a ese chaval inquieto que se quedó prendado de Goya a los 13 años, cuando su padre le regaló un libro de grabados del pintor aragonés.

¿Qué fue lo que le impactó tanto de aquel libro?

En él venían los horrores de la guerra, los caprichos, la tauromaquia Había un poco de todo, cerca de 200 grabados. Lo estudié, lo copié Aquello para mí fue una iluminación, al entender que tenía la posibilidad de dedicarme a eso.

En una ocasión dijo que España es una de las culturas que más le ha emocionado. ¿Por qué?

En lo que se refiere a artistas plásticos sí, más que el Renacimiento o los flamencos. Todo para mí empezó con Goya, pero después seguí descubriendo al Greco, que no nació en España, pero que es parte de la cultura española, Velázquez, Zurbarán, los modernistas No se puede hablar de Modernismo sin hablar de Picasso, de Miró. Es una cultura plástica muy fuerte.

¿Hasta qué punto su obra es producto de un tiempo y un lugar?

Como todo trabajo, está muy relacionado con las circunstancias. Yo bebo de la producción artística brasileña a partir de los años cincuenta. En aquel momento, artistas como Lygia Clark y Hélio Oiticica se empezaron a preocupar por otros sentidos, la visión no era lo único que entraba en juego. Por eso a mí me gusta más hablar de artes plásticas que de artes visuales. La verdadera creación plástica puede ser definida por un ciego.

¿Qué aprendió de Clark y Oiticica?

Este último plantea relaciones interesantes entre el sujeto y el objeto. El material es algo que sientes por la piel, no solamente por los colores. Por su parte, Lygia Clark trabajaba una especie de terapia basada en la percepción del propio cuerpo. Construía objetos en los que primaba la textura y la temperatura. Hélio también experimentaba con el olor. Crearon un campo de acción muy interesante para los que les seguimos.

¿Qué piensa del público?

Es lo principal, aquel para quién son hechas las cosas. Es el destino final de la práctica artística, no sólo de la obra. Es la razón de ser de los museos, de los teóricos, de los estudiantes, de los artistas Por tanto, es lo más importante.

¿Más incluso que la necesidad de expresarse del artista?

Sí, un artista crea también para sí mismo, pero cuando empieza a hablar solamente de sí mismo, de sus problemas, acaba siendo algo aburrido.

¿Está el público preparado para sus obras?

Yo creo que sí. Esa es una de las tareas del arte actual: demostrar que no es algo absurdo e inaccesible, que incluso los no inciados pueden disfrutarlo.