Archivo de Público
Domingo, 8 de Febrero de 2009

Ferrater cambia la cámara por los pinceles

El fotógrafo de moda debuta en la pintura con la muestra 'Los niños de Benín'

LÍDIA PENELO ·08/02/2009 - 08:00h

MANU FERNÁNDEZ - El fotográfo se confiesa discípulo de Bacon.

"Yo era un fashion victim, un niño bien, un pijito que se iba a Londres a comprar el maquillaje de las modelos y luego se lo aplicaba yo mismo. Aquí el estilismo era un asco. Eso era en 1968 y yo tenía 20 años". José Manuel Ferrater se desnuda sin tapujos y recuerda sus inicios sin pasión ni melancolía.

Años más tarde cruces, curas y aguijones de escorpión han invadido el trabajo de uno de los fotógrafos de moda más importantes del mundo. Ferrater nunca había pintado, pero hace unos ocho años sintió que la fotografía limitaba su cratividad. "La fotografía está contaminada. Lo mío no fue vocacional, para mí era una herramienta de trabajo, algo para ganar dinero. Pero me saturó el dirijismo", cuenta un hombre que se cansó de fotografiar a grandes modelos y volvió a Barcelona para perseguir su sueño. Dejó de trabajar para Vogue, Glamour, Donna y Mondo Uomo. Dejó de vivir en aviones y buscó.

Lienzos negros

Habla con semblante serio, pero cuando lo hace de Bacon se le ilumina el rostro. "Bacon es mi maestro. Leí una entrevista en la que contaba que la fotografía era un arte incompleto y entonces lo entendí", recuerda entusiasmado. Se aplicó a fondo en dibujar y en Benín, en una ceremonia de vudú, encontró el camino. El sonido del tambor marcó el ritmo del proceso creativo de Los niños de Benín, que se puede visitar hasta el 27 de febrero en la galería Imaginart.

En los cuadros de Ferrater cerebro y estómago se conectan a través de una garganta esófago. Ese centro es el cúmulo de las angustias, ilusiones, temores y obsesiones intrínsecas al ser humano. "He sido siempre un fotógrafo difícil, con imágenes muy duras. La pintura me ha pacificado; ahora ya las fotos que hago son más sosegadas, más limpias".

Alma de poeta

Se considera un gran lector y encumbra a Conrad y El corazón de las tinieblas. A sus 60 años, ha empezado a escribir poesía. En sus versos hay dolor pero no pesimismo. "La vejez es la edad del cinismo dijo Juan Benet en el prólogo de El Corazón de las Tinieblas, y yo no quiero ser un cínico. Siempre he sido una persona muy ilusionada", explica. Ferrater aconseja que lo mejor es curarse las heridas a lametones.