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Sábado, 7 de Febrero de 2009

Joseph Leo Mankiewicz, el centenario del director más perfecto de Hollywood

EFE ·07/02/2009 - 10:02h

EFE - Fotografía de archivo, tomada el 18/09/1992, del director de cine norteamericano Joseph Mankiewicz, en la XL edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. EFE/Archivo

Buscador infatigable de la perfección en el cine para compensar las imperfecciones de la vida, el cineasta Joseph Leo Mankiewicz, de cuyo nacimiento se celebra ahora el centenario, diseñó con minuciosidad y finísima inteligencia obras maestras como "All About Eve" o "Sleuth".

"La vida destroza el guión" fue su eslogan, tal y como recoge el biólogo y cinéfilo español Christian Aguilera en su libro "Joseph L. Mankiewicz: Un renacentista en Hollywood", que se edita en España y repasa las claves de la carrera de Mankiewicz.

Ante la imposibilidad de controlar la existencia, el director (Pensilvania, 11 de febrero de 1909- Nueva York, 5 de febrero de 1993) disfrutó ejerciendo de demiurgo del pequeño mundo en el que convertía cada película.

Un mundo de diálogos punzantes y barrocos, de sofisticación del cinismo y punición de las virtudes. Tenía, según Aguilera, "un perfil de francotirador que le ha sido vetado al albur de los ropajes con los que vestía sus producciones".

Esa ambición escondía un profundo disfrute de la manipulación, como reflejan sus legendarios personajes, desde Addison de Witt, el mezquino crítico teatral interpretado por George Sanders en "All About Eve" (1950) hasta Cecil Sheridan Fox, el hombre con cuatro ex esposas al que dio vida Rex Harrison en "Honey Pott" (1967).

"Me fascina la idea del juego y el hecho de que jugamos tanto tiempo que, al final, es el juego el que juega con nosotros", explicaba el cineasta.

Para "Sleuth" (1972), por ejemplo, hizo trampas: anunció en el reparto a la actriz imaginaria Margo Channing -nombre del personaje interpretado por Bette Davis en "All About Eve"- y metió en uno de los cuadros de la casa a la actriz Joanne Woodward.

A veces, el juego se le iba de las manos y acababa arruinando a un estudio como la Fox con "Cleopatra" (1963). Otras, su estrategia era discreta pero impecable, como en su pequeña obra maestra "Mujeres en Venecia". Su cine, sin excepción, ofrecía desafíos al intelecto.

"Mi madre tenía un talento increíble, muy bien dotada como costurera, y si mi hermano -el también cineasta Herman J. Mankiewicz- y yo somos inteligentes, nos viene de ella", reconocía Joseph, proveniente de una familia humilde de origen europeo.

Esa capacidad heredada le permitió un impresionante rendimiento intelectual: se licenció en Historia del Arte a los 15 años, ejerció de crítico teatral para el New York Times en Berlín y leyó hasta su muerte innumerables libros sobre psiquiatría. Entre sus proyectos frustrados estaba, además, adaptar cada punto de vista de "El cuarteto de Alejandría", de Durrell.

Su partida en el cine comenzó con las labores de guionista para la Paramount -etapa que Aguilera reivindica en su libro- y luego pasó a producir grandes éxitos de su tiempo, vinculados a Katharine Hepburn, quien años después le escupiría en la cara al terminar el rodaje de "Suddenly, Last Summer" (1959).

Su musa inicial fue Gene Tierney, que dio un halo de misterio al primer Mankiewicz, preñado de referencias góticas en "Dragonwick" (1945), su opera prima, y entregado a la fantasía romántica en "The Ghost and Mrs. Muir" (1946).

Empezaba a jugar bazas que pronto se tradujeron en el reconocimiento de la industria: a día de hoy, nadie ha conseguido dos años consecutivos los Oscar al mejor guión y mejor dirección como él hizo con "A Letter to Three Wives" (1949) -su primer juego perverso- y la sublime "All About Eve" (1950) que, en un trenzado mágico, hacía cine del teatro que habita dentro del teatro.

Su firma empezaba a ser única, incluso por encima de los textos exquisitos sobre los que sustentaba sus películas: Graham Greene en "The Quiet American" (1949), William Shakespeare en la soberbia "Julius Caesar" (1953), Tennessee Williams en "Suddenly, Last Summer" (1959) y Anthony Shaffner en "Sleuth".

Entre medias, ases en la manga, como "5 Fingers" (1952) y la ahora deteriorada "The Barefoot Contessa" (1954), un atípico musical -"Guys and Dolls" (1955)- y una experiencia operística -"La Bohème" en el Metropolitan de Nueva York- para desembocar, en 1963, en el órdago final: "Cleopatra".

Un presupuesto de 44 millones de dólares de la época, seis horas de duración -finalmente fueron cuatro, lo que mermó su potencia- y, desde luego, el explosivo idilio entre Liz Taylor y Richard Burton.

"Son las tres películas más complicadas que he hecho", diría con ironía Mankiewicz respecto al colosal proyecto. Después de él, bajó su ritmo aunque no su calidad y asumió su rol de miembro esencial de la historia del séptimo arte.

"Creo que se puede decir con justicia que he estado en el principio, el crecimiento, el auge, el colapso y el fin del cine sonoro", diría entre irónico y decepcionado.