Archivo de Público
Viernes, 6 de Febrero de 2009

El Reina Sofía desentierra a Paul Thek

Es la primera exposición en España del artista norteamericano

J. R. ·06/02/2009 - 08:00h

La coraza de Miguel Ángel, de cera y acrílico (1963).

Lo decía ayer Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, a la hora de presentar la primera exposición en España del norteamericano Paul Thek (1933-1988), considerado un artista de artistas y figura de culto: "Esta muestra tiene mucho de arqueología". Es lo que tiene trabajar con materiales efímeros y obras de arte destinadas a morir una vez terminadas: que acaban desapareciendo, dejando como rastro lo que podrían ser los restos de una comilona familiar.

La propia naturaleza frágil y temporal de su obra ha hecho que sea un gran desconocido incluso en su país, donde todavía no ha tenido una retrospectiva. Ahora la muestra Paul Thek (abierta en hasta el 20 de abril) quiere resaltar, a través de cerca de 300 obras, "una sensibilidad que quizá tiene ahora más sentido que en su tiempo", según Borja-Villel.

"Y visto que la crisis puede hacer peligrar la gran retrospectiva que prepara el Whitney de Nueva York, puede que esta sea la última gran exposición del artista", dijo ayer Harald Falckenberg, coleccionista de su obra.

Artista incómodo de clasificar, se puede decir que Thek siempre buscó su sitio, no sólo en un arte que existe para ser vendido en subastas y exposiciones, también en el mundo. No se sintió beat, ni hippy ni cercano a cualquier corriente alternativa de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Él mismo era su mayor fuente de inspiración.

La muestra recorre sus diferentes etapas artísticas. Amigo de Susan Sontag (quien se inspiró en él para escribir su ensayo Contra la interpretación) huyó del minimalismo y del pop estadounidense de su época y abrazó "otras manifestaciones artísticas en contra de la pintura y la escultura clásicas" de la escuela de Nueva York a finales de los cincuenta, conceptos como happenings y enviroments. Según Falckenberg, "fue pionero de las obras in situ, típicas hoy en cualquier bienal de arte".

La carne y la cera

Su manera de entender el arte le empujó a crear The Artists Co-op (la cooperativa del artista), donde trabajaba colectivamente con otros en obras perecederas y donde "su figura se asemeja a la del director de una orquesta o incluso a Jesucristo con sus discípulos", dice Roland Groenenboom, comisario de la muestra. "Y fue una suerte que se destruyeran esas obras", aventura, porque si no hubiesen sido carne de especulación.

Aunque quizá la parte que más impresiona de su obra es la creada alrededor de su propio cuerpo, que reproducía en materiales como la cera, que usó para "humanizar" el espacio expositivo. Impresionado por los féretros de las catacumbas de Palermo, afirmó que "me encantó que los cuerpos se utilizaran para decorar una sala, como flores". De allí salieron sus meat pieces (trozos de carne) y obras como Fishman o The Tomb, que hoy son "replicadas" por superventas del arte como Damien Hirst. "La diferencia es que Hirst trabaja para un mercado y Thek nunca lo hizo", asegura Falckenberg.