Archivo de Público
Viernes, 6 de Febrero de 2009

"No es una metáfora romántica: escribo desde una trinchera"

Roberto Saviano, escritor. Al presentar su segundo libro, ‘Lo contrario de la muerte', dice que la ficción literaria sirve para acercar al lector historias de lugares en los que de otro modo no se interesaría

TONI POLO ·06/02/2009 - 08:00h

EDU BAYER - Roberto Saviano, el jueves en Barcelona, aseguró que el escrito literario acerca a la gente el problema.

Suena el móvil. Es la señal. La entrevista tendrá lugar en cierto hotel del centro de Barcelona en media hora. Los escoltas de Roberto Saviano (Nápoles, 1979) autorizan el acceso.

Él está hundido en un sillón ante una mesa del bar. Habla por teléfono con alguien que no es su amigo: "No tengo amigos. No puedo", dirá después. Cuelga, se excusa y se presenta. Su mirada profunda parece que se pierda por los rincones de la sala. Hace casi tres años publicó en Italia Gomorra (Debate, en castellano; Empúries, en catalán), un documento crudo, sobrecogedor y valiente, con nombres y apellidos, sobre la Camorra. Un auténtico tratado económico que explica el funcionamiento de la primera industria italiana.

Y hace dos años y medio dejó su casa, protegiéndose de la amenaza de muerte que la mafia colgó sobre él. Ahora presenta en Barcelona Lo contrario de la muerte (Debate y Empúries), dos relatos (el que da título al libro y El anillo) ambientados en la tierra que le vio nacer. Saviano aún no tiene 30 años pero, igual que María, la protagonista de uno de sus relatos, y viuda antes de tiempo, ha llegado demasiado pronto a una condena perpetua.

"Hoy puedo decir, con tranquilidad, que no tengo amigos, sólo colegas"

¿Si hubiera cambiado los nombres le habría pasado todo esto?

A lo mejor no. Pero no estoy seguro. Y para mí, dar los nombres eleva el estilo de la narración.

En Lo contrario... también hay denuncia. ¿Los nombres que da son verdaderos?

No. Bueno... (duda). Sí (ríe). Sí, Bidognetti, por ejemplo, es un capo, el que más me odia, creo. Esta gente me detesta ya, aunque deje de hablar de ellos: soy el símbolo de su fastidio.

¿Cómo escribe en su situación?

Escribo lo poco que puedo como si estuviera en la trinchera. Y no es una metáfora romántica. Es una manera de estar siempre atento a quién me mira, cómo lo hace y qué pueden usar contra mí. Esta situación me corta las alas también a la hora de investigar. Me muevo todo lo que puedo, saco información de los procesos.

¿Cuál ha sido su pecado?

He contado una parte de Italia, que Italia no quiere mostrar. Pero les he gritado a las generaciones anteriores a la mía: "¿Qué habéis hecho?, ¿Qué habéis contado? ¿Vuestras pequeñas historias, vuestros ombligos? ¡Había un mundo gigantesco y lo ignorabais!".

¿Lo ignoran o lo querían ignorar?

Creo que lo consideraban poco comunicable: historias que a la gente le importaban un bledo.

¿No cree que la temática y los personajes son muy literarios?

He querido desmontarlos, no mitificarlos. La fascinación que indudablemente tienen es algo que ellos crearon a posta, como un sello de su propio poder.

¿Cree que se ha convertido en un escritor tan comprometido que la gente sólo espera literatura de denuncia?

Haberme convertido en un escritor de mafia es terrible. Lo mío es el relato realista, pero me desagrada que de mí sólo se espere el comentario sobre una cuestión determinada.

"Haberme convertido en un escritor de mafia es terrible. Lo mío es el relato realista"

Ha comentado que la literatura es un instrumento de lucha.

Creo que sí, porque universaliza un problema particular, aislado. Leo una página de Shalámov sobre los gulag y estos se convierten en un problema que me afecta. La literatura consigue derribar las fronteras de unas cuestiones que están relegadas a la crónica negra local. En la prensa, las historias de esos pueblos en el culo del mundo no le dicen nada al lector. En cambio, el escrito literario que cuenta los detalles, las miradas, las percepciones Acerca a la gente el problema. Esa es la fuerza (y el peligro) de la literatura.

¿La gente de la que habla en Lo contrario... está condenada por nacer donde nace?

Es la condena de mi tierra. Es el destino y si tú actúas contra el destino eres un gilipollas, un tonto que se cree que va a cambiar algo. Siempre ha sido así y seguirá siendo así. Entonces lo único que puedes hacer es sacar la mayor ventaja de lo que te ocurra: seas de la condición que seas, ¡saca provecho, roba a quien tienes al lado!

En El anillo denuncia que la gente del pueblo no explique la realidad al forastero.

Es la vergüenza que uno tiene al explicar su tierra. Yo la pasé. Pero ahora la cuento. Contarla es una manera de resistir.

¿Se solucionará todo esto?

Tengo esperanzas en los hijos de los inmigrantes africanos o eslavos. Ellos no tienen el sentimiento de omertá. Y quieren rescatar sus vidas de la miseria. Han sido los únicos que se han manifestado contra la mafia en mi tierra.

Noticias Relacionadas